Magris y el arte de contar historias

El Santo Oficio.
Claudio Magris
Claudio Magris (Especial)

Ciudad de México

El cartujo cruza el umbral de la FIL de Guadalajara con un morral repleto de dudas y recuerdos. Tiene la esperanza de escuchar a Claudio Magris, el incomparable escritor triestino. Estuvo en su encuentro con Mario Vargas Llosa y Denise Dresser en 2005, cuando ella los apabulló en la primera mesa de los diálogos literarios sobre realidad y literatura. Ellos hablaron, brevemente, de libros, de procesos creativos, de esas cosas producto de la imaginación. Dresser, con largueza, de la política nacional; criticó al gobierno mexicano y se incrustó en el ventrículo izquierdo de sus admiradores, quienes le prodigaron una prolongada ovación. Ahora Magris hablará otra vez de literatura, quizá de la utopía y el desencanto, como en aquel libro donde se refiere a la necesidad de mejorar el mundo aunque sea a través de la fantasía. La más grande función de la literatura —ha dicho Magris— es únicamente contar una historia. No busca predicar ni hacer conciencia de nada, solo "narrar una historia, es decir el mundo". En La literatura es mi venganza (Anagrama, 2014) anota: "Cuando Joseph Conrad escribe Lord Jim, no quiere sostener la causa de la fundación de una sociedad para la salvación de quien está a punto de ahogarse; quiere simplemente contar una historia que hace sentir, profundamente y para siempre, qué significa en la vida ser valientes o viles, capaces o incapaces de ayudar a los demás".

Las palabras de Magris son una lección, sobre todo en una época donde esto se pierde con frecuencia de vista. En La doble vida de Jesús (Alfaguara, 2014) Enrique Serna parte de la realidad para transformarla en una sátira despiadada, en una metáfora de la fragilidad del hombre. Hace literatura. No puede decirse lo mismo de muchos otros cuyos nombres el monje escuchó en el confesionario y guardará hasta la muerte, como ordena el derecho canónico y la importancia de los premios internacionales ganados con sus novelas.

Magris es la gran estrella de la FIL, no hay otra de su calibre. Es un gran contador de historias, pero también un humanista, un pensador preocupado por el presente y el futuro del mundo. En un hermoso texto titulado "El búfalo de Rosa Luxemburgo", habla del sufrimiento de los animales, no lo hace como ecologista radical —y menos aún como quienes con esa bandera lucran política y económicamente en nuestro país— sino como un hombre consciente de un hecho fatal para el balance de la vida. En El esclavo de Isaac Bashevis Singer —dice Magris—, "Jacob, al mirar las vacas que están destinadas al matadero, piensa que también para ellas debería haber salvación y recita el Kaddish, la oración fúnebre (de los judíos), para la pequeña mariposa blanca que solo vivió un día y sin pecado". Magris conmueve, nos hacer ver el estúpido y gratuito sufrimiento ocasionado por el hombre a tantos seres vivos por el solo hecho de creerse superior. Ése —señala—, es nuestro pecado mortal.

Queridos cinco lectores, El Santo Oficio los colma de bendiciones. El Señor esté con ustedes. Amén.