[El Santo Oficio] Los niños de Mamá Rosa

La Gran Familia se creó hace 66 años. Desde entonces, han pasado por ella miles de hombres y mujeres, ¿dónde están sus testimonios de maltrato, sus quejas, sus denuncias? 

Ciudad de México

El vuelo de una mosca interrumpe el silencio en el monasterio. Los monjes voltean a verla como se mira a un intruso, con recelo y fastidio. La mosca insiste en volar alrededor de ellos, pero su acoso es ignorado. Están estupefactos, alelados sería la palabra exacta, por el cinematográfico despliegue de efectivos armados para capturar a una anciana en Zamora, Michoacán. ¿De veras eran necesarios tantos soldados, policías estatales y federales para allanar el albergue fundado por Rosa del Carmen Verduzco en 1948?

Los datos son escalofriantes: alrededor de 500 menores vivían en condiciones deplorables en ese lugar, llamado La Gran Familia. Comían alimentos podridos, eran maltratados, abusados sexualmente, dormían en el suelo, entre ratas y otras alimañas. Eso afirman las autoridades y —como en los viejos tiempos— numerosos medios les compran todo, sin cuestionamientos, sin una bendita duda.

La Gran Familia se creó hace 66 años. Desde entonces, han pasado por ella miles de hombres y mujeres, ¿dónde están sus testimonios de maltrato, sus quejas, sus denuncias? ¿Dónde está el reportaje sobre la vida cotidiana en ese sitio?

Cuando los espectáculos montados por Genaro García Luna y sus achichincles parecían cosa del pasado, con el operativo en el albergue zamorano recobran vigencia. Ahí están los soldados y policías embozados con armas de grueso calibre, como en una escena de Rambo, dispuestos a rescatar las víctimas de una mujer de 85 años y sus ochos empleados desalmados, mientras los fotógrafos y camarógrafos capturan imágenes impactantes.

En mayo de 2011, Jorge Zimmermann Mireles publicó en El Sol de Zamora una larga entrevista con Rosa del Carmen Verduzco. Hacia el final, después de hablar de los logros de la institución, entre otros la sólida formación musical de los menores, el reportero escribe: “Entrar a las instalaciones de La Gran Familia de Mamá Rosa es entrar a otro mundo, a otra dimensión. Donde se vive una realidad diferente a la que estamos acostumbrados, donde se encierran historias de vida, de dolor, de sufrimiento que son transformadas en historias de éxito.

“Una inusitada gritería, correr de niños y niñas por doquier, risas y múltiples manifestaciones de habilidades musicales, notas que llenan el entorno y trascienden los muros de una casa llena de historias de valor, de crecimiento y de una firme trasformación… eso es La Gran Familia de Mamá Rosa”.

En su visita a La Gran Familia, Zimmermann Mireles no advierte la mugre, los olores fétidos, los rostros famélicos descritos por la prensa con base a los boletines de la PGR. Tal vez en tres años la situación cambió y Mamá Rosa dejó de ser una samaritana para convertirse en una mujer malvada, en cualquier caso resulta imposible no suscribir las palabras de Enrique Krauze: “Hago un respetuoso llamado a las autoridades. Si hay culpables, que se sancionen con apego a la ley. Sin atropello, sin linchamiento”.

Queridos cinco lectores, con lluvia en el corazón, El Santo Oficio los colma de bendiciones. Amén.