[El Santo Oficio] Un hombre rebelde

No es correcto, por supuesto, pero de repente el cartujo alumbra la idea de recomendarle a la huesuda un paseo por otros gremios. Existen, por ejemplo, algunos políticos honrados y valiosos contra ...
Santo Oficio
(Cortesía)

Ciudad de México

No es correcto, por supuesto, pero de repente el cartujo alumbra la idea de recomendarle a la huesuda un paseo por otros gremios. Existen, por ejemplo, algunos políticos honrados y valiosos contra una enorme cantidad de zánganos. A éstos, a los vividores del presupuesto público, a los incondicionales del dinero y el poder, a los corruptos, bien podría visitarlos sin causar bajas tan sensibles como las ocurridas este año en el ámbito cultural.

La más reciente es la del pintor Francisco Icaza, quien renunció a su destino en la diplomacia para apostarle todas sus canicas al arte. Miembro de la familia más antigua en el servicio exterior mexicano, había sido designado para continuar la dinastía fundada por su bisabuelo Ignacio, quien fue embajador en Viena. Pero no quiso y contra la voluntad de su padre se dedicó a la pintura.

Viajero infatigable y lector voraz, para Paco la vida siempre fue una aventura —parece bolero de Los Panchos, pero así fue—. Una vez le contó al amanuense cómo conoció a Albert Camus en Lovaina. Cada semana —le dijo— llegaban celebridades a la ciudad para dar conferencias; los boletos eran caros y escasos. Cuando se anunció la presencia del escritor y filósofo, él y sus amigos se entusiasmaron, pese al inconveniente de no tener dinero para las entradas. Aun así, se formaron en la fila de la taquilla y cuando estaban a punto de llegar, Paco fingió un infarto. “Creímos que se iba armar un escándalo y podríamos entrar gratis”, recordaba. Pero nadie le creyó y él y sus cómplices quedaron detenidos en la entrada del foro. Cuando el autor de El extranjero salió y los vio ahí parados, cabizbajos, se interesó por ellos. Le contaron lo sucedido y Camus se atacó de risa. “Después nos invitó a una cervecería y ahí estuvimos charlando hasta muy noche. Nos hicimos amigos y cuando yo iba a París lo visitaba”, recordaba Paco.

Camus fue una gran influencia para Icaza. El hombre rebelde inspiró su idea de la libertad y determinó su actitud ante el poder. “¿Qué es un hombre rebelde? Un hombre que dice no”, escribe Camus y Paco le dijo no a muchas cosas, sobre todo a una existencia sin sobresaltos. En el 68 salió huyendo de México con su mujer y sus hijos, solo así pudo librarse de la cárcel. La policía allanó su casa y al no encontrarlo arrasó con todo, especialmente con su biblioteca.

Se fue a Los Ángeles, en esa ciudad había conocido a Ray Bradbury y Aldous Huxley, y se dedicó a pintar. “A partir de entonces —decía— mi pintura comienza a cobrar una forma fuerte e intensiva sin ninguna mezcla literaria o política, y yo empiezo a tomar una distancia enorme con el poder, con la burocracia cultural mexicana”.

Paco Icaza fue un hombre rebelde, nunca aceptó imposiciones ni rutinas y aunque en la actualidad es mal vista, creía en la inspiración. “El mundo de las musas está muy desacreditado por el pragmatismo del mercado, pero a mí gusta creer en él”, comentaba con una sonrisa.

Queridos cinco lectores, El Santo Oficio los colma de bendiciones. El Señor esté con ustedes. Amén.