[El Santo Oficio] Marco Aurelio, el memorioso

Marco Aurelio amó intensamente la literatura, le entregó muchos de sus mejores años, pero sus cuentos y novelas pasaron inadvertidos para el público y la crítica.
El periodista y escritor fallecido el 1 de agosto.
El periodista y escritor fallecido el 1 de agosto. (Cuartoscuro)

Ciudad de México

El cartujo escucha el triste tañido de las campanas del monasterio... Otra vez la muerte. En todas partes, incluido el batallón de los periodistas, tan vapuleado en este país por la violencia, como en el caso de Rubén Espinosa Becerril, pero también por la enfermedad, como sucedió el 1 de agosto con Marco Aurelio Carballo, discípulo de Julio Scherer García y José Pagés Llergo y uno de los fundadores de unomásuno, aventura periodística impulsada por Manuel Becerra Acosta hijo.

Marco Aurelio amó intensamente la literatura, le entregó muchos de sus mejores años, pero sus cuentos y novelas pasaron inadvertidos para el público y la crítica. Alguna vez se lo comentó al monje; se sentía frustrado, y tenía razón. Con su obra literaria ganó premios, pero no lectores, como sí los tuvo con sus entrevistas, crónicas, reportajes, llenos de imaginación, de color, de vida. Era otra manera de hacer literatura, más cercana a su temperamento. Pero amaba la ficción.

Entre los libros de Marco Aurelio, los favoritos del trapense son Morir de periodismo (Axial-Tinta Nueva, 2006) y De Quijotes y Dulcineas (Conaculta, 2011).

El primero refiere el arranque del unomásuno. Ajuste de cuentas pero asimismo testimonio de amistad, es un capítulo fulgurante del periodismo mexicano, no exento de rencillas, chismes, traiciones. Carballo lo observa todo y lo cuenta, en ocasiones con nombres apenas disimulados; no se anda con rodeos y el resultado es apasionante y divertido.

El segundo es una reunión de 28 entrevistas con personajes de la farándula, la literatura, la pintura, la música, el toreo, el periodismo. La nómina es impresionante: María Félix, Silverio Pérez, Julio Cortázar, Gabriel García Márquez, Juan Rulfo, Jorge Ibargüengoitia, Rufino Tamayo, Rodolfo Halffter, entre otros. Cada diálogo es un ejemplo para los comunicadores de las nuevas generaciones, dispuestos a todo menos a dejar hablar a sus interlocutores. Marco Aurelio hace preguntas breves, describe el ambiente y las actitudes de sus entrevistados, y obtiene respuestas interesantes y hasta sorprendentes. Le pregunta a Cortázar: "¿Recomendaría a los escritores quemar sus primeros libros?", y éste responde: "Sería peligroso tomarlo como norma general. Imagínese si Rimbaud, que escribió su obra entre los 15 y los 19 años, hubiera quemado sus primeros libros. La humanidad hubiera perdido su obra grandiosa". Y a García Márquez: "Ha leído Love story?" No —admite el colombiano—. Pero sé que me va a gustar. Mi esposa la lee ahora y la he visto llorar. Me gustan las novelas que hacen llorar". Y a Rulfo: "¿Recomendaría a los demás escritores que publicaran poco?". "Al contrario —contesta el autor de Pedro Páramo—, recomendaría que publicaran lo más que pudieran". "¿Qué elementos debe reunir una buena novela?", interroga a Ibargüengoitia y éste suelta un puñetazo a los devotos del rococó literario: "Claridad. Punto".

Queridos cinco lectores, con luto en el alma, El Santo Oficio los colma de bendiciones. El Señor esté con ustedes. Amén.