El Santo Oficio: Elena

Elena Poniatowska apoyó a los primeros grupos feministas en México.
Elena Poniatowska apoyó a los primeros grupos feministas en México.

Ciudad de México

El cartujo lee y escucha los argumentos de los detractores de Elena Poniatowska, a quien no le conceden méritos para haber ganado el Premio Cervantes 2013. Quizá tienen razón y el jurado ha cometido una imperdonable torpeza al reconocer con ese galardón a una escritora como Elena, tan comprometida con causas sociales, simpatizante del movimiento magisterial, de Andrés Manuel López Obrador y del subcomandante Marcos.

Al monje no le agradan AMLO ni el Sup ni los maestros de la CNTE, pero ha sido lector constante de Poniatowska, desde La noche de Tlatelolco hasta El universo o nada. Biografía del estrellero Guillermo Haro. Algunos libros le han gustado mucho, otros menos, pero siente por ella un profundo cariño y respeto. Aunque no comparta sus ideas políticas, disfruta sus crónicas y su enorme colección de entrevistas, impresionante mosaico de la vida social y cultural de México en el siglo XX.

Sí, tal vez el jurado se equivocó al darle el Cervantes, como seguramente se han equivocado en su entusiasmo por esa decisión José Emilio Pacheco, Sergio Pitol, Juan Villoro, Enrique Krauze y tantos otros escritores de un país tan extraño como el nuestro, en ocasiones tan mezquino cuando alguien logra éxito.

Alguna vez, Carlos Fuentes le dijo al fraile: “Todo escritor aspira a escribir, por lo menos, un clásico en su vida”. Y Elena Poniatowska tiene dos indiscutibles. De ellos dice Pacheco: “La noche de Tlatelolco es una tragedia coral y el libro clásico sobre la matanza del 2 de octubre de 1968. Hasta no verte Jesús mío inaugura para México la novela sin ficción y es el gran testimonio de vida, una existencia que resume la del país entero”.

Pacheco es su amigo de toda la vida, como lo es Pitol, quien al referirse al trabajo literario de Poniatowska, en un breve texto publicado en La Jornada, afirma: “Sin sus espléndidas crónicas, novelas, cuentos, biografías, nuestra comprensión de los sucesos que sacudieron al país durante el siglo XX sería infinitamente más pobre”.

En internet circulan comentarios envenenados, pero también los de partidarios de una escritora infatigable, de una periodista orgullosa de su oficio. Por eso escribe Villoro en El País: “Con el nombre de Elena Poniatowska, el Premio Cervantes honra a los miles de chismosos, indignados, desesperados y denunciantes que le han dicho algo. Ninguna bibliografía contiene en forma tan extensa la sinceridad ajena”.

Y ahí mismo, Krauze machaca el clavo cuando señala: “El Premio Cervantes a Elena Poniatowska no es solo un reconocimiento a México sino a la entraña de México”.

En su libro Elenísima: ingenio y figura de Elena Poniatowska, Michael K. Schuessler recoge una gran cantidad de testimonios sobre la autora de El tren pasa primero, entre ellos los de Carlos Monsiváis, Fuentes y Octavio Paz, quienes, quizá, como el jurado del Cervantes, también estaban equivocados en su admiración por ella. En fin, estamos en México.

Queridos cinco lectores, El Santo Oficio los colma de bendiciones. El Señor esté con ustedes. Amén.