Santiago a mil

La Fundación Teatro a Mil nació en 1994, “con el espíritu de devolver a los ciudadanos un espacio de vida en común”, introduce su directora, Carmen Romero.
El festival pone a dialogar las diferencias.
El festival pone a dialogar las diferencias. (Especial)

México

Ha sido un gusto asistir al homenaje que se ha rendido al director de escena y dramaturgo chileno Gustavo Meza, en el marco del Festival Santiago a Mil, que se realiza en la capital chilena. Este amigo querido fue uno de los no pocos creadores que, al estallar el golpe militar en 1973, se rehusaron a salir del país y convirtieron su arte en acto de resistencia y crítica, a través de la compañía Teatro Imagen, que cumplió 40 años de trabajo ininterrumpido. Y fue justo a través de la incorporación de otro dramaturgo y actor, el joven Marco Antonio de la Parra, que se volvieron emblemáticos en la vida cultural chilena y latinoamericana con el estreno del texto de este último titulado Lo crudo, lo cocido y lo podrido. Así inició el Festival Santiago a Mil (su etapa de Platea para programadores internacionales) su edición de 2015, con un homenaje y un muestreo tanto del teatro chileno en su amplia diversidad í como de producciones latinoamericanas que incluyen a poco más de una docena de países.

La Fundación Teatro a Mil nació en 1994, “con el espíritu de devolver a los ciudadanos un espacio de vida en común”, introduce su directora, Carmen Romero, quien dice que en la edición 2015 está dedicada a “nuestra identidad multicultural […] queremos poner en diálogo a la diferencia. […] Vemos en la creación artística el fuerte sello de la interculturalidad, de lenguas mestizas y códigos compartidos. Las corrientes migratorias y las tecnologías de la información han abierto nuevas áreas grises”.

De México viene Baños Roma, de la compañía Teatro Línea de Sombra, que encaja perfectamente con tal discurso y pone en relieve el contexto de una urbe por años asolada por la violencia como es Ciudad Juárez.

En el mismo sentido de códigos compartidos, el trabajo que emprende la directora chilena Ángela Venegas al adaptar el cuento Paso del norte, de Juan Rulfo, resulta profundamente desconcertante en su afán por aprehender un acento y un contexto que quizá podría haber sido traducido. La sencillez del dispositivo escénico es increíblemente eficaz, si bien las actuaciones están atravesadas por tal afán que resulta raro de ser visto para los ojos mexicanos. La aproximación es interesante, sin duda.

De Banfield Teatro Ensamble de Argentina llegó El loco y la camisa, escrita y dirigida por Nelson Valente. Es una especie de tragicomedia familiar en códigos que son muy reconocibles de una de las tendencias del teatro argentino contemporáneo. Divertida, actuada espléndidamente, es una de las piezas favoritas de los espectadores hasta el momento en este Santiago a Mil 2015.