Santiago Roncagliolo, un escritor a la caza de sus fantasmas

Una historia en la que la política, el futbol, la lucha por sobrevivir y la muerte se entrelazan.
“Creo que escribo sobre los miedos, sobre lo que nos aterra”.
“Creo que escribo sobre los miedos, sobre lo que nos aterra”. (Mónica González)

México

Para el escritor peruano Santiago Roncagliolo, la literatura, por lo menos la suya, debe estar vinculada con su vida personal, mantener alguna relación con sus emociones o experiencia, a fin de “darle vida a la historia”.

Las historias que construyen su más reciente novela, La pena máxima (Alfaguara, 2014), provienen de experiencias con las que creció: incluso antes de regresar a Perú escuchaba esas historias y las escuchaba aquí, en México.

“Mis padres eran activistas de izquierda, por eso crecí en México, hasta los 10 años de edad. Crecí rodeado de chilenitos, argentinitos, como yo… señores con barba y anteojos, y de historias de gente que desaparecía, que era torturada en Chile, en Argentina, en Uruguay o en Paraguay.”

La pena máxima es una historia en la que la política, el futbol, la lucha por sobrevivir y la muerte se entrelazan, a partir de las investigaciones realizadas por un policía sui géneris, el detective Chacaltana, ya presente en su novela anterior, Abril rojo, quien no alcanza a comprender por qué algunas personas están dispuestas a perder la vida para defender sus ideales.

“Creo que escribo en general sobre los miedos, sobre las cosas que nos aterran y los únicos miedos que tengo son los míos, no hay más que pueda buscar. Diría que escribo historias de monstruos y de fantasmas, solo que los fantasmas y los monstruos no son espectros de ectoplasma, no están dentro de nuestra cabeza: en la historia política de los países, las cosas que dan miedo de verdad son psicológicas y son políticas”, explica en entrevista Roncagliolo.

Historias de sangre

Y para saber si dan miedo de verdad, lo primero que buscaba saber Santiago Roncagliolo era si le habían dado miedo a él, siendo uno de los aspectos más difíciles de entender, cuando aborda esos pasajes de la historia sudamericana, en especial de Perú, es por qué ocurre el horror en las sociedades.

“En Perú los militares no eran unos criminales como los chilenos o los argentinos, aunque en los 80 se barbarizaron. Era impensable la tortura masiva, pero los peruanos dieron autorización a los militares argentinos para entrar al territorio y es verdad que los militares peruanos no eran como los argentinos, pero si tu vecino es un asesino y no haces nada, terminas por convertirte en cómplice.”

El gran problema, cuando se hace la revisión histórica, plantea el escritor peruano, ganador en 2006 del Premio Internacional Alfaguara de Novela, es que todos los países, todas las sociedades, vienen de una masacre: “la historia se riega son sangre, si no, no avanza”.

“La tendencia es a tratar de que los cambios sociales se den sin sangre, pero recién en el último siglo hay un sistema más o menos estable, democrático, o se propagó la idea de cómo hacerlo sin tener que matarnos; sin embargo, todos los países han sido bautizados con sangre.”

En la historia de La pena máxima, el protagonista es un policía muy difícil de escribir dentro de la literatura policial, porque es el único detective que no quiere investigar nada, no quiere enterarse de nada, no quiere saber nada: “sólo quiere acabar sus expedientes, cerrar sus casos y archivarlo”.

“Es el héroe que cualquiera de nosotros podría ser. Quizá por eso es tan popular: no es un héroe con la iniciativa de ir y cambiar al mundo, sino un pequeño tipo enfrentado al horror, tratando de sobrevivir y de hacer las cosas lo mejor que puede, y eso es más real que un héroe”, en palabras de Santiago Roncagliolo.