Samba, el alma del "jogo" bonito

El periodista Pierre Ausseil afirma que el vínculo entre ritmo y balompié representa un pilar fundamental de la identidad cultural de Brasil.
Pensar en Brasil es imaginar un estilo de futbol que lleva la música en el alma.
Pensar en Brasil es imaginar un estilo de futbol que lleva la música en el alma. (Eduardo Salgado)

México

En un foro de internet, un ingeniero de Guadalajara cuenta que conoció a la cantante brasileña Elis Regina gracias el Mundial de futbol en México en 1970, cuando la selección de Brasil jugó en esa sede. Con el equipo, dice, “vinieron artistas y músicos brasileños a mi ciudad, quienes nos enseñaron muchas canciones tradicionales. Incluso Pelé y sus amigos salían a la terraza del hotel y, con guitarra en mano, tocaban y cantaban al público”.

Pensar en Brasil es imaginar un estilo de futbol que lleva la música en el alma. Olvídense del tema oficial, prefabricado, que reúne artistas insulsos por simple mercadotecnia. Es algo más profundo, vital, como lo que llevó a Eduardo Galeano a escribir que Garrincha fue “el hombre que dio más alegrías en toda la historia del futbol”. Lo recuerda como “loco por el aguardiente y por todo lo ardiente, el que huía de las concentraciones, escapándose por la ventana, porque desde los lejanos andurriales lo llamaba alguna pelota que pedía ser jugada, alguna música que exigía ser bailada, alguna mujer que quería ser besada”.

El periodista Pierre Ausseil asegura que “el vínculo entre samba y futbol representa un pilar fundamental de la identidad cultural de Brasil”. Cita al historiador Bernardo Borges Buarque de Hollanda, quien asegura que “el prestigio de la música popular y las victorias de Brasil en las Copas del Mundo actuaron como una especie de contrapeso en el profundo descrédito en que habían caído las instituciones políticas”.

Música, baile y futbol, un trinomio que se explica en una frase de Domingos da Guia, estrella brasileña del futbol de los años treinta y cuarenta del siglo pasado. Temía ser golpeado en la cancha, pero, decía, “era un bailarín muy bueno y eso me ayudó en el campo. Inventé una pequeña gambeta imitando el miudinho, una forma de samba”. Por eso, cuando Brasil ganó el Mundial de Suecia, los titulares de los periódicos decían que había bailado samba con el balón.

El futbol ha sido como una tabla de salvación ante las crisis políticas y económicas. Carlinhos Brown, quien participa en el disco oficial de 2014, ratifica en su canción lo que podrá ser el canto masivo de la temporada, a pesar de las protestas por las condiciones sociales del país: “Soy un jugador llanero, soy futbolero, mi grito de guerra es un grito de gol”. Afirma que ha tratado de “traducir la música en alegría, que hace mucha falta”.

El compositor y cantante Caetano Veloso ha declarado que “los brasileños aman el futbol, aunque protesten contra la construcción de grandes estadios. Brasil sigue amando el futbol. En medio de las más grandes manifestaciones en las calles de las ciudades brasileñas, tuvimos la final de la Copa de las Confederaciones. Hubo protestas, pero el estadio Maracaná estaba lleno”.

Chico Buarque, compañero de generación de Veloso en el movimiento conocido como tropicalismo, apasionado del futbol y jugador juvenil, ahora es dueño de un equipo. Se dice que por no brillar en el deporte se dedicó a la música, pero su pasión no le impide ser crítico sobre el fenómeno social del futbol, como en su canción Queridoamigo, donde canta: “Aquí en la tierra están jugando y gritan gol/ hay mucho samba, mucho choro y rock’n’roll/ a veces llueve y otros días brilla el sol/ mas yo quiero decirte que la cosa aquí está negra”.

En los juegos de Brasil su carnaval se traslada al estadio y se juega a ritmo de batucada. Una de las piezas más populares relacionadas con la magia futbolística es “Na Cadência do Samba”. También famosa es “A Taça do Mundo é Nossa”, escrita cuando Brasil ganó su primera copa en 1958 y reescrita en 1962 cuando obtuvo la segunda, pues, como dice la letra: “Mostró el futbol como debe ser/ ganó el bicampeonato/ bailando la samba con el balón en los pies”.

El valor de la improvisación

La música y el futbol no siempre estuvieron en buenos términos en Brasil, e incluso se les veía como opuestos, asegura Bernardo Borges Buarque de Hollanda en su ensayo “Alabanza de la improvisación en el soccer brasileño: modernismo, música popular y la brasilización de los deportes”. La música y el futbol se revitalizaron, propone el investigador, “gracias a la idea de improvisación”.

El sociólogo Gilberto Freyre y el novelista José Lins do Rego fueron de los primeros intelectuales que advirtieron, indica el investigador, “dos fenómenos que se originaban en el corazón del soccer brasileño: la fuerza de la herencia racial negra y la incorporación de la música en el estilo de jugar”. Más adelante afirma que “la legitimidad del soccer en la cultura de Brasil se sostenía a sí misma en dos elementos ya establecidos en la identidad nacional: la sagacidad y la improvisación. La música le dio al soccer lo que los modernistas intelectuales habían detectado en los años veinte del siglo pasado: es decir, el criterio y las fuentes de lo brasileño”.