El Autorcito

Sí, todo parece perfecto; sin embargo, ya sabemos que esto no hace una buena película ni tampoco es válido escudarse en que se está mostrando la realidad de un país porque ésta no tiene nada que ...
La cinta presenta tres historias mal acabadas que no enganchan.
La cinta presenta tres historias mal acabadas que no enganchan. (Especial)

México

Al principio la película sorprende porque vemos un portento de manufactura en la producción: buena fotografía, encuadres estéticos, locaciones ad hoc, un trabajo actoral bien logrado —aunque raya intermitentemente en la sobreactuación— y el mundo narrativo logra transmitir horror, como si los personajes no estuvieran en México sino en el infierno.

Sí, todo parece perfecto; sin embargo, ya sabemos que esto no hace una buena película ni tampoco es válido escudarse en que se está mostrando la realidad de un país porque ésta no tiene nada que ver con lineamientos que se siguen en una historia de ficción.

En Potosí no hay una piedrita en el zapato sino una roca: el guion. Aquí se nota que el autorcito desconoce las reglas, y aunque éstas son para romperse, se debe tener una propuesta que acojone, que justifique por qué se rompen; pero si se trata de un capricho, entonces implica que no se conocen los principios básicos de la dramaturgia. El autorcito se embelesa con una producción que se logra con dinero, pero así no se llega lejos, sobre todo cuando se tiene una historia que avanza a traspiés porque está mal urdida y por eso se descompone potencialmente desde el punto medio. De aquí se infiere que el muchacho no supo entrelazar los acontecimientos y darles verosimilitud para armar un guion con la fuerza que pretenden las actuaciones.

Así, 120 minutos de puro drama es mucho tiempo para una película que pierde la noción de lo que quiere contar. Si la historia de Luis no tiene trascendencia porque atropella a un niño de la manera más absurda, la del viejo es inútil porque podría eliminarse completamente sin que lo notáramos. La única historia más o menos bien planteada es la de Estela, por escabrosa, aunque peca de melodramática y se desdibuja porque su conflicto no se desarrolla.

Hay otros ejemplos de acontecimientos mal ideados que impulsan a que suceda lo mismo que cuando se suelta un globo inflado: la manera en que Luis escapa de la turba que lo quiere linchar es muy fácil, entonces se vuelve inverosímil, y cuando se mete al auto de Estela, salido de la nada, es de risa loca.

El autorcito intenta abarcar mucho pero jamás aprieta, y el resultado son tres historias mal acabadas que no enganchan. Por eso, antes de seguir haciendo películas, le sugiero que lea sobre la construcción dramática —hay muchos libros en el mercado— y después se inscriba a un taller de guionismo —los del Sindicato de Trabajadores de la Producción Cinematográfica son excelentes.

Potosí (México, 2013), dirigida por Alfredo Castruita, con Arcelia Ramírez y Aldo Verástegui.