Un siglo desde Lawrence de Arabia

SEMÁFORO
Lawrence habría quedado como un doble traidor y nada más.
Lawrence habría quedado como un doble traidor y nada más. (Especial)

Ciudad de México

El conflicto de T.E. Lawrence: traicionar a sus "hermanos", las tribus árabes que lo incluyeron entre los suyos, o traicionar a su patria, el Reino Unido. Ambos confiaban en él y él era responsable ante las dos greyes. "Era evidente desde el comienzo —dice— que, de ganar la guerra, estas promesas —las que él mismo hizo, a nombre del Imperio Británico, de reconocer la autonomía de los árabes— se convertirían en letra muerta, y si yo hubiera sido un honrado asesor de los árabes, les habría recomendado volver a sus casas y no arriesgar sus vidas por una fruslería. Pero me justificaba a mí mismo con la esperanza de que, al conducir a estos árabes furiosamente hasta la victoria final, los colocaría, con las armas en la mano, en una posición tan segura (si no dominante), que la conveniencia aconsejaría a las grandes potencias un arreglo de sus reclamaciones. En otros términos, presumí (no viendo a ningún otro caudillo con voluntad de poder) que sobreviviría a las campañas y que podría, no sólo derrotar a los turcos en el campo de batalla, sino a mi propio país y a sus aliados en las reuniones del Consejo. Era una pretensión atrevida. No está todavía claro si lo logré, pero es evidente que no tenía la menor licencia para empeñar a los árabes, sin que lo supieran, en aquel albur. Arriesgué el fraude, convencido de que la ayuda árabe era necesaria para nuestra fácil y rápida victoria en Oriente, y de que era mejor ganar, y dejar incumplida la palabra dada, que perder".

Gran planteamiento. No se trata de una elección entre dos opciones; ha maquinado muchas: puede dejar todo y regresar a casa (para salvar su conciencia y entregar sus dos lealtades a la derrota); puede ser fiel a los intereses británicos y traicionar su hermandad árabe; también puede elegir la unidad tribal y volverse contra los intereses británicos, o llevar a cabo una estratagema ambigua, compleja y nuevamente arriesgada: primero apoya al Imperio, luego a los árabes. Desde luego, si no fuera por su recuento escrito, Los siete pilares de la sabiduría, Lawrence habría quedado como un doble traidor y nada más. Y lo fue, de hecho. Lo más notable: supo que ambos objetivos eran superiores a su ética personal. Aceptó, sobre sí mismo, dos veces, el juicio adverso y la repulsa de aquellos por quienes peleó. Más notable: no pretende ser mártir, ni víctima ni inocente. Le habría gustado ser el héroe. También lo fue. Y de película.

Los conflictos morales jamás se presentan como elección entre el bien y el mal. Ese es un planteamiento idiota y no un dilema. Además, solo los locos y los integristas pueden describir una decisión moral como si fuera un apagador eléctrico. La unidad de los pueblos de lengua árabe —sean arábigos, africanos, de Oriente Medio o Asia Menor— y su identidad o integridad, bajo el Islam no responde a nuestros criterios occidentales. El poderoso Imperio Otomano fue derrotado por los guerrilleros árabes; el imperialismo yanqui, por Vietnam, y el ejército soviético, por los afganos. Al Qaeda o Isis no serán derrotados con recursos que ya fallaron antes. ¿Cómo se le llama al que, haciendo siempre lo mismo, espera resultados distintos?