Rulfo y el universo esférico

A sesenta años de su publicación puede decirse que, en efecto, muchas fueron las manos que intervinieron en su creación, en tanto que "Pedro Páramo" concentra múltiples caminos.
"Pedro Páramo: 60 años". Víctor Jiménez, coordinador. Fundación Juan Rulfo/RM. México, 2015.
"Pedro Páramo: 60 años". Víctor Jiménez, coordinador. Fundación Juan Rulfo/RM. México, 2015. (Especial)

México

Aquellos que han sucumbido a las diversas leyendas sobre la escritura de Pedro Páramo (según las cuales Juan Rulfo precisó de una pequeña ayuda de sus amigos, o concluyó ese trabajo casi perfecto a pesar de sí mismo), y aunque cada una de esas historias cae por su propio peso, en el fondo aciertan al considerarlo como un libro plural.

A sesenta años de su publicación puede decirse que, en efecto, muchas fueron las manos que intervinieron en su creación, en tanto que Pedro Páramo concentra múltiples caminos. Es decir, las lecturas de su autor (Rilke, Ramuz, Bombal, Faulkner, la novela de la Revolución…), así como aquello que vivió, sobre todo en la infancia (la pérdida de los padres, una orfandad que hereda al protagonista), esos fantasmas tanto literarios como familiares colaboran en la conclusión de un universo esférico.

Este libro conmemorativo recoge 18 ensayos académicos, en su mayoría inéditos, escritos para celebrar las seis décadas de vida de la novela. Dispuestos en riguroso orden alfabético, se va de la “a” de Jorge Aguilar Mora a la “z” de Jorge Zepeda. Dice, por ejemplo, el primero (luego de revisar la presencia del humor y la ironía como sustento de esa obra) que Pedro Páramo “es uno de mis libros para no olvidarme de la risa después de muerto”, y el segundo cuestiona el que se le haya ubicado en territorios como la novela de la Revolución o el realismo mágico, cuando se trata, más bien, de una historia de fantasmas.

En ello coincide José Carlos González Boixo, el editor de las obras de Rulfo en España, aunque acaso yerra al considerar como equivalentes los términos “realismo mágico” (que suele definirse para la narrativa latinoamericana a partir de García Márquez) y “lo real maravilloso” (que viene de Alejo Carpentier), dos apuestas literarias enteramente distintas, y diferentes también, es verdad, a lo propuesto en Pedro Páramo.

La procedencia universitaria de los autores no los obliga a escribir ensayos rígidos. Como se lee, pudieron frecuentar esos parajes inhóspitos de la novela con libertad. Apunta, así, el irlandés Dylan Brenan: “Si tan solo cada nuevo lector pudiera entrar caminando a Comala tan ingenuamente como Preciado”; y exagera José Luis Bobadilla al intentar borrar a Octavio Paz del mapa para imponer a Rulfo como el gran poeta mexicano del siglo XX: son dos orbes extraordinarios de la literatura mexicana que pueden convivir, sin problema, cuando se miran las cosas de un modo amplio. Pero es cierto: lo que hizo Rulfo en Pedro Páramo es, fundamentalmente, poesía en prosa.