Rulfo y el mito de los coautores

Según el mito "Pedro Páramo", Arreola y Chumacero fueron los redactores de la novela y Rulfo solo aquel que perfiló, brumosamente, los sucedidos de la historia.
"Pedro Páramo en 1954". Juan Rulfo. UNAM/Fundación Juan Rulfo/RM. México, 2014.
"Pedro Páramo en 1954". Juan Rulfo. UNAM/Fundación Juan Rulfo/RM. México, 2014. (Especial)

México

El mito de los coautores de Pedro Páramo, la novela que Juan Rulfo publicó en 1955, aunque ya ha sido desacreditado logró cruzar la frontera de los siglos. Ello se debe en parte a que dos personajes cercanos al autor o la obra, Juan José Arreola y Alí Chumacero, uno como amigo y el otro como corrector del Fondo de Cultura Económica, aseguraron reiteradamente (en corto o en largo) haber participado en alguna fase del proceso creativo: el primero al dar un orden definitivo al manuscrito y el segundo corrigiendo en pruebas tipográficas los abundantes yerros gramaticales del original mecanográfico. Como si con esas intervenciones le hubieran salvado la plana a un hombre no del todo consciente de lo que tenía entre manos.

Recuerda Vargas Llosa haber llegado, de joven, a la redacción de un periódico en el que había dateros y redactores: unos llevaban la información en bruto y los otros la traducían a un buen español. Según el mito Pedro Páramo, Arreola y Chumacero fueron los redactores de la novela y Rulfo solo aquel que perfiló, brumosamente, los sucedidos de la historia.

Nada de esto es cierto. El volumen Pedro Páramo en 1954 muestra lo que era ese trabajo novelístico un año antes de su publicación definitiva, y sobre todo antes de que Arreola y Chumacero pudieran intervenir. Anticipos de ese work in progress aparecieron en las revistas Las Letras Patrias (enero-marzo), Universidad de México (junio) y Dintel (septiembre), y en esos fragmentos se percibe una clara idea estructural y alguna evolución. En Las Letras Patrias, por ejemplo, el sitio de la novela se llama Tuxcacuexco, y no aún Comala; en Dintel el personaje que confronta al cacique es Bonifacio Páramo, cuando al fin será nombrado como Abundio Martínez…

También se ofrecen algunas páginas del original entregado al Fondo de Cultura Económica con algunas tachaduras de la mano de Rulfo, aunque ya con la forma fragmentaria de la que éste nunca duda… pues acaso tenía en mente, como modelo literario, a La amortajada (1938), de la autora chilena María Luisa Bombal, título no mencionado, por cierto, en los ensayos de Jorge Zepeda, Alberto Vital y Víctor Jiménez que acompañan a los facsímiles.

El acceso a los documentos crea la certeza de que sólo Rulfo definió Pedro Páramo, y que el persistente rumor fue concebido al calor de la charla, como fantasías urdidas por los supuestos coautores, que también de modo reiterado (más en corto que en largo, es verdad) se desdijeron de sus milagrosas intervenciones.