Rufino Tamayo no cantaba mal las rancheras

Se cuenta que Carlos Chávez le dijo al artista plástico oaxaqueño: “Hubieras sido mejor cantante que pintor”
Exposición revelará una de sus facetas desconocidas
Exposición revelará una de sus facetas desconocidas (Eduardo Salgado)

México

La gran sorpresa del 2014 la dará el museo Rufino Tamayo. El recinto prepara una exposición en la que mostrará la faceta desconocida de Rufino Tamayo (Oaxaca, 1899-Ciudad de México, 1991): nada menos que la de cantante, según adelanta a MILENIO Juan Carlos Pereda, uno de los máximos especialistas en la obra del artista oaxaqueño.

El investigador, cuya pasión y obsesión en la vida es investigar y encontrar todo lo relacionado con la vida y la obra del artista oaxaqueño, relata que “a Rufino Tamayo le gustaba cantar corridos, boleros y la canción ranchera. Cuando llegó a la Ciudad de México vivió en una vecindad cercana a la estación de ferrocarril, en la colonia Guerrero, donde conoció a una cantidad enorme de soldados, sobre todo zapatistas, y a quienes su tía proveía de comida. Por ellos conoció algunos corridos que no se perdieron gracias a que él se los aprendió, y posteriormente se pudieron escribir”.

Tamayo tenía muy buena voz; el compositor Carlos Chávez Nacional le llegó a decir: “Hubieras sido mejor cantante que pintor”.

La intención de este trabajo de investigación es mostrar y explorar la pasión que el artista tenía por el canto, de ahí que se esté preparando una exposición donde se muestre que Rufino Tamayo era un hombre verdaderamente versátil, un humanista en toda la extensión de la palabra, un hombre interesado en todas las manifestaciones
culturales, especialmente en aquellas que surgieran del pueblo.

“El proyecto, que apenas está en la etapa de elaboración, será muy bonito, nos enfocaremos a darle un poco más de variedad y amplitud al concepto, porque bueno, hay muchas cosas todavía qué decir de Tamayo”.

ILUSTRADOR DE BUENA VOZ

El investigador Juan Carlos Pereda detalla que la exposición también se está diseñando a partir de que localizó el cancionero mexicano ilustrado por Rufino Tamayo.

El cancionero salió en 1932 y fue la única edición que hubo, y por supuesto que se agotó inmediatamente, “y, bueno, yo tuve la suerte de conseguir con un amigo anticuario ese cancionero; incluso me lo regaló, por lo que ahora podemos estar trabajando con mucho entusiasmo en eso”.

El cancionero tiene una decena de
hermosas ilustraciones. Se trata de pequeñas xilografías que son homónimas de las canciones, por ejemplo, precisa Pereda.

“Es un proyecto muy lindo, pero perfectamente redondo, centrado en una faceta desconocida de Rufino Tamayo. La intención es recrear las canciones que vienen en este cancionero que recopiló, entre otros, con Francisco Miguel Tamayo”, afirma el especialista.

Si todo va como hasta ahora, la muestra estará lista para mayo próximo. Añade Pereda: “Queremos que sea algo muy cerrado en sí mismo, algo que no es muy conocido, y por eso se ha diseñado una propuesta más amplia”.

Ejemplifica: “El conejo es una canción que encontramos en la versión cantada por Chabela Villaseñor, de voz viva, y que realmente es una maravilla. Por supuesto que estamos pensando que dentro de la exposición se pueda escuchar la voz de esta artista, pero ahí no acaba la propuesta, ya que además se mostrará la ilustración que hizo Tamayo de esa canción, también queremos que esa misma pieza sea cantada por alguien más joven”.

Por lo pronto, el especialista se encuentra recopilando las versiones tradicionales de ese cancionero, ya que la intención es invitar a un cantante muy joven, contemporáneo y alternativo para que grabe esas piezas. Por lo que se tiene la idea de hacer una edición facsimilar del cancionero.

LAS GRABACIONES PERDIDAS

-Rufino Tamayo grabó tres discos para la Universidad de Yale, pero están desaparecidos. Ni en ese centro educativo estadunidense saben de su paradero, y no las encuentran por ningún lado.

Por boca del mismo Tamayo se supo que él mismo hizo las portadas de los discos, pero se desconoce el lugar donde quedaron.

Juan Carlos Pereda dice que a pesar de su insistencia y su firme intención de encontrar esos discos, no ha dado con ellos: “Incluso los he buscado por internet, y con el equipo del museo hemos rastreado días y
semanas enteras para ver si encontramos esta producción discográfica, sin tener suerte”.

Su obsesión por localizar este material, reconoce Pereda, es porque Tamayo tenía muy buena voz. Es decir, no solo fue un artista de extensa significación para la cultura contemporánea de México, reconocido por sus aportaciones en el campo del color y por su iconografía novedosa inspirada en el arte del México prehispánico, sino que también cantaba muy bien.