Rubén Rada: vendedor de ilusiones

La presentación del músico uruguayo en la Alhóndiga de Granaditas inauguró las actividades del Festival Internacional Cervantino

Guanajuato

Y la herencia negra en la cultura latinoamericana se explayó en la Explanada de Alhóndiga de Granaditas durante la presentación de Rubén Rada y su grupo con una interpretación personal del candombe, género de herencia africana. Así, a todo ritmo iniciaron las actividades de la 41 edición del Festival Internacional Cervantino.

Con sus tres congas al frente –y tres al fondo–, Rada demostró que en su voz el candombe mantiene sus cualidades de materia dúctil para la fusión. Desde la primera pieza, una canción de claro contenido social, se escucharon ecos de rock y jazz electrónico en su propuesta. El tema, dijo el cantante y compositor uruguayo, trata sobre Biafra, y lo escribió en 1970, cuando la situación era muy álgida en ese país africano, hoy desaparecido.

En un breve interludio interpretó “Un mundo raro” de José Alfredo Jiménez acompañado exclusivamente con congas y tambores. Tras declarar que es un hombre “muy complicado para la música”, anunció una canción llamada “Robin Hood” que, como lo había predicho, pasó por distintos géneros, del jazz al rap en un ambiente festivo, mientras cantaba que este peculiar bandido “luchó contra todos los tiranos que pedían su cabeza”.

“¿Estoy bonito o mal?, porque me están filmando por todos lados. Ojalá me vea mi mamá”, decía en broma, para luego gritar: “¡Oye, Guanajuato, con este ritmo te mato! ¡Mírame como yo bailo!”. De carácter ligero, Rada afirmó que aunque tiene 70 años, “nunca tuve novia, siempre me casé”, como preámbulo a una canción titulada “Ayer te vi”. Recordó los años que vivió en México y su estancia en el grupo de Tania Libertad, donde tocaba las percusiones, por lo que se consideraba nuqueño, pues siempre le veía la nuca a la cantante y nunca la frente. Además, por ser tan alto y de ascendencia africana, aseguró que le llamaban Jorge Negrote.

Rada se fue ganando a la gente a costa de palabras amables, chistes ligeros y una entrega que lo llevó a viajar desde un tango de Gardel, hasta una sabrosa plena, un acercamiento al danzón y varias versiones del candombe que parecían impulsar los fuegos artificiales que saludaron la primera actividad del 41 Festival Internacional Cervantino. Y sobre todo mostró, como se titula una de sus canciones, que un es auténtico vendedor de ilusiones.