ENTREVISTA | POR HÉCTOR GONZÁLEZ

"La contracultura fue un mito genial": Rogelio Villarreal

Rogelio Villarreal, periodista y editor de tiempo completo.
Rogelio Villarreal, periodista y editor de tiempo completo. (Omar Meneses)

Ciudad de México

Periodista y editor de tiempo completo, Rogelio Villarreal encontró en la crítica su deporte favorito, aunque asegura que va al gimnasio casi diario para hacer bicicleta elíptica. En tiempos más amables para las publicaciones culturales fundó las revistas La regla rota, LaPUS moderna y Replicante. Fue también militante de la contracultura —un movimiento del que hoy es ocioso hablar, dice—. Su libro más reciente es ¿Qué hace usted en un libro como este? (Producciones El Salario del Miedo/ Almadía).

Tras leer tu nuevo libro, pienso que saliste más a tu papá que a tu mamá.

Cada quién tiene una historia personal, y más cuando padre y madre tienen vidas intensas. A mi madre le gustaba cantar y dibujar, nos transmitió el gusto por la música. Mi padre, que era editor, todas las noches llegaba con libros y enciclopedias. Tengo cosas de los dos.

Tienes fama de crítico implacable. ¿El tiempo no te ha ablandado el corazón?

Siempre se puede aprender. Como editor uno debe tener una visión abierta y generosa. Me gusta leer y platicar con el autor, establecer una especie de taller. Por otro lado, es verdad que me he vuelto más flexible, prudente y tolerante.

¿A estas alturas hay más amigos o enemigos?

Amigos. Nos unen las afinidades y en ocasiones las diferencias. En los medios y las redes sociales coinciden diversos puntos de vista. Los intelectuales y científicos tienen el mismo que la legión de idiotas a la que se refería Umberto Eco. Siempre hay quien se retira y se ofende. Pero el saldo es positivo, definitivamente.

Nunca habrá llegado la sangre al río…

No. Vivimos en un país con muchos problemas. Después de 2006 se polarizaron mucho las cosas y mantuve discusiones rudas, fuertes. De mi parte, siempre he tratado de aportar elementos e información. Sí ha habido diferencias insalvables y amistades perdidas, pero así sucede siempre. Nadie debería sentirse ofendido por la crítica y la discusión.

¿Cómo terminó la cosa con Monsiváis?

No muy bien. Éramos amigos y varias ocasiones fui a su casa, pero no era la única persona con la que hablaba. En una ocasión publiqué un artículo y me enteré de que no le gustó demasiado. Nos dejamos de ver y me entristeció su apoyo tan acrítico a López Obrador. Nuestro distanciamiento me produjo pena.

Bueno, le dijiste ‘cronista anacrónico’.

Hacía crónicas vicarias, donde él no había estado; eso podría ser risible.

En días donde todo lo absorbe el mercado, ¿qué es la contracultura?

La contracultura es nada, fue un mito genial. La resumo como un proceso de alguien que empieza a hacer un trabajo cultural o musical en circuitos alternativos o marginales, poco a poco tiene éxito y se inserta en el mercado. Su mérito consiste en ensanchar los límites de la sociedad.

¿Así como José Agustín?

Él escribió La contracultura en México. En su momento publiqué una nota señalando algunas de sus carencias y cuestionando la glorificación de la contracultura. No me gusta la nostalgia por lo hippie.

¿Y se enojó?

Para nada, siempre fue muy accesible y amable.

¿Qué te queda de ese espíritu contracultural?

Simplemente el estar pendiente de las manifestaciones en los distintos campos del arte y la literatura, incluso de la ciencia, pero siempre con una visión crítica. La contracultura en la época del internet no tiene sentido. Surgen miles de propuestas y expresiones por todos lados. Hablar de la contracultura en estos momentos es ocioso.

¿De qué lado te late el corazón politikón?

Provengo de la izquierda, mi papá y muchos de sus amigos pertenecían al Partido Comunista. Al principio simpaticé con sus ideas pero las dejé después de ir a lugares como Cuba. Ya no hay lugar para pensar en la utopía socialista. Me he convertido en una persona que aboga por la democracia a secas. Me considero un demócrata liberal.