Rito religioso, fuente de poder antes de 1810

La también músico explica que, entre 1790 y 1810, los rituales realizados en la Catedral tenían que ver con la legitimidad del régimen, las estrategias a la Iglesia y los cambios en la vida política.
A las celebraciones privadas en Catedral asistían el virrey y los miembros de la Audiencia y de las corporaciones, pero no el pueblo.
A las celebraciones privadas en Catedral asistían el virrey y los miembros de la Audiencia y de las corporaciones, pero no el pueblo. (Especial)

México

Aunque hoy forman parte de los sonidos cotidianos de la urbe, las campanadas de la  Catedral Metropolitana eran símbolo del poder de la Iglesia a fines del siglo XVIII y principios del XIX. Muchos las escuchaban, pero parecían repicar sólo para los selectos miembros de la clase en el poder, pues eran quienes tenían acceso a los ritos que se celebraban tras sus puertas.

De acuerdo con Lourdes Turrent, autora del libro Rito, música y poderen la Catedral Metropolitana. México, 1790-1810 (Fondo de Cultura Económica/El Colegio de México, 2013), “el poder hablaba a través de la Catedral. Los rituales, que han sido estudiados simplemente como música devocional, en verdad tenían un contenido de legitimidad del régimen, de estrategias políticas, clientelas novohispanas, estrategias de la Iglesia y cambios de política. Uno puede celebrar el mismo rito, aparentemente a Dios, pero darle distintas intenciones y eso es lo que pasaba”.

En su profusa investigación Turrent analiza, entre otros temas, “el ritual en el cual se festeja la excomunión de los independentistas, de Hidalgo y todo su equipo, pues es claro que la Iglesia tuvo una postura clarísima. Me he propuesto estudiar el ritual sonoro, la música, en las circunstancias que la hacían posible”.

Investigadora que cursó las carreras de fagot y sociología, sostiene que la música se puede estudiar no sólo desde el punto de vista técnico, sino también desde otras disciplinas. Por ello, en Rito, música y poder en la Catedral Metropolitana habla de la música “desde un planteamiento de la legislación, la jurisdicción, las instituciones y de ámbito de poder, lo que da a la práctica musical otra dimensión”.

Turrent asegura que la Catedral contaba con muchos recursos económicos, buena parte de ellos dedicados “al ritual sonoro, al que le daban gran importancia. Cuando los gobiernos modernos se apropian de ese derecho, no tienen dinero para mantener el ritual y poco a poco, en el siglo XIX, contratan grupos de fuera para las grandes fiestas, lo que también sucede ahora”.

La investigadora recuerda que hace tiempo alguien comentó que acercarse a la música de Catedral era complicado porque había que quitar muchas cosas. Entonces, afirma, “decidí estudiar  todo aquello que siempre se quita. Utilicé las Actas de Cabildo y empecé a hacer una serie de cuadros para volcar la información en categorías por cada año: la orquesta de música, las campanas, los órganos, el coro y otros. Por ejemplo, descubrí que había tres coros: el coro infantil, el de ministros y el de músicos, aunque siempre se pensaba que había solo uno”.

Turrent indica que las Actas de Cabildo son como una bitácora de la vida catedralicia. “Ahí se discutían temas como el cobro de bienes y los problemas legales, así como temas relacionados con la música. De hecho, ellos funcionaban como un área administrativa de una orquesta, en la que resolvían desde contratar a un músico o prestar a otro para que cantara en una celebración en Querétaro. Ahí podemos ver cómo funcionaba este mundo”.

Rigor absoluto

En el terreno musical se trabajaba con un rigor absoluto, agrega la autora de La conquista musical de México, editado también por el FCE hace dos décadas. “Todo lo que se cantaba del altar al coro, del coro al altar y la crujía era la música sagrada, que se trabajaba con mucho rigor. Se manejaban las fiestas y se decidía qué música se iba a cantar. Y conforme las fiestas se iban alejando de esta vía sacra y llegaba a las capillas laterales, ahí se cantaba música semiprofana. Si las procesiones llegaban a la calle, se cantaba de todo, música totalmente profana. En realidad la  Catedral tenía unas fronteras muy porosas”.

A la Catedral no podía acceder cualquiera, indica Turrent, pues “las celebraciones eran por invitación y a puerta cerrada. En realidad, sólo cuando la Catedral se desbordaba a la calle, el pueblo tenía participación en las celebraciones. En general eran elitistas y asistían el virrey, los miembros de la Audiencia y de las corporaciones, pero no el pueblo”.

La Catedral era un gran escenario, muy efectivo, asegura la fagotista. “Era el escenario más importante del país, sin duda. Estos personajes del Cabildo eran notables, estaban a un nivel muy alto: tenían la investidura de lo sagrado y, además, la del poder real. Ahora estoy trabajando el ritual catedralicio, pero durante el periodo de la Independencia”.

 

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