“Rigoletto” después de 50 años llegó a La Laguna

En su temporada de otoño la Camerata de Coahuila trajo a la corte real. El fantasma de Verdi se sintió justo antes de cumpleaños 200.

Torreón

¡Vaya fiesta! Todos sabían que iba a ser una noche inolvidable. Ramón Shade, director artístico de la Camerata de Coahuila, iba a ver en Torreón, luego de 50 años, la gran ópera de Giuseppe Verdi.

El público supo que venía la Compañía Nacional de Ópera y los seguidores del canto se enteraron de que podrían escuchar estupendas voces.

La maravillosa escenografía impresionó desde el principio, el director de escena, Óscar Carapia, estuvo feliz, el pianista de la ópera, el joven León Tapia, sonrió durante 10 días seguidos al ver la disponibilidad de la gente de La Laguna.

El reparto, encabezado por Armando Gama y Anabel de la Mora, no dejó de admirar la calidad de la orquesta, la disponibilidad de los coros del colegio América y la Escuela de Música “Silvestre Revueltas” y dijeron que era un honor trabajar con Ramón Shade.

En medio de este banquete de ópera, un lagunero, un joven cantante llamado Armando Martínez, como Bersa, egresado de la Universidad Autónoma de Coahuila, Unidad Saltillo y radicado en la capital del estado. Un artista que fue elogiado por sus compañeros, quienes también llegaron de varias partes de México para ser parte de este festín.

“Rigoletto”, el bufón, el jorobado burlado, la obra controvertida en su tiempo, como sucedió con otras de Giuseppe Verdi, quien justo el jueves 10 cumpliría 200 años de nacido, la primera gran ópera del autor que vivió intensamente su época, un tiempo lleno de incertidumbres, de luchas internas, de la construcción de una patria a sangre y fuego.

“Rigoletto”, la ópera entretenida, popular, que criticó a un rey, a una sociedad fastuosa, donde el crimen, la traición, la venganza, los mercenarios, el amor y la incertidumbre, fueron cosa de todos los días.

El drama que pareciera de telenovela, la historia de la humanidad donde la vanidad, la hipocresía, la prostitución en todas sus manifestaciones, y la mentira, son cosas comunes.

El público estuvo atento, fascinado, feliz, de principio a fin. Teatro lleno que emocionó a los artistas en escena, y en el foso de la orquesta, donde los músicos estaban fascinados ante el espectáculo, fastuoso, excepcional que es la ópera. Aquí y en cualquier parte del mundo.

La Compañía Nacional de Ópera estuvo a la cabeza de este espectáculo en un proyecto que les ha redituado más de lo esperado: sacar la ópera del Palacio de Bellas Artes en la ciudad de México y llevarla a provincia, a aquellas ciudades, como León, Guanajuato y Torreón, Coahuila, donde no solo hay buenos teatros, hay un entusiasmo sin límites que llena todas las butacas, que pide más funciones y que aplaude con la emoción de las personas que han visto al arte como la manifestación humana que es capaz de dignificar a una sociedad. Alejandro Gidi, vicepresidente del patronato de la Camerata de Coahuila, Ramón Shade y muchos más en La Laguna, han manifestado un sueño: tener dos óperas al año en la región, y con varias funciones cada una.

La escenografía espectacular llamó la atención en cada cuadro, la historia mantuvo el vilo a muchos seguidores de los grandes dramas con tintes de tragedia y la orquesta, provocaron muchos aplausos del lunetario que se vio feliz y en los entre actos se felicitaba por estar ahí, y no en otro espectáculo, para ser testigos de una puesta en escena ejemplar.

México tiene grandes voces y ninguna ciudad es poseedora de todo el repertorio, lo demuestra esta versión, a partir de la puesta del maestro Singer, los cantantes llegaron de todos lados a la fiesta.

Y además: “Mezquite”, la compañía de danza contemporánea, con varios momentos llenos de lirismo y plasticidad que cautivaron a los espectadores. Todos sabían que iba a ser una noche inolvidable.