Revive la Orquesta Mexicana de Carlos Chávez

En 1933 el compositor mexicano formó esa agrupación para impulsar el movimiento nacionalista y recuperar las diversas músicas del país.
Las cualidades de los instrumentos autóctonos, mezclados con los de origen europeo, ofrecen diversas posibilidades sonoras.
Las cualidades de los instrumentos autóctonos, mezclados con los de origen europeo, ofrecen diversas posibilidades sonoras.

Oaxaca

Con una existencia efímera, la Orquesta Mexicana, fundada por el compositor Carlos Chávez en 1933, fue revivida ayer en un concierto celebrado en el Teatro Macedonio Alcalá, durante el homenaje que Instrumenta Oaxaca rindió a Mario Lavista en su 70 aniversario. La agrupación interpretó Cantos de México para orquesta mexicana, obra de Chávez en la que recurrió a una orquesta muy peculiar.

En entrevista con MILENIO, Rubén Luengas, director del proyecto, explica que la Orquesta Mexicana nació del interés de Chávez “por la investigación de la música mexicana. Fundó programas de investigación en el Conservatorio Nacional, con la idea de documentar las músicas y los instrumentos tradicionales indígenas y de otras culturas en México, así como vincularlos con los compositores de la época para hacer creaciones musicales. Esa acción emblemática tuvo lugar en 1928, y en 1933 armó la Orquesta Mexicana, supongo que tomando la inercia de su interés en la documentación de la música mexicana y sus instrumentos”.

Chávez era director del Departamento de Bellas Artes —antecedente del Instituto Nacional de Bellas Artes—, y desde allí impulsó el movimiento nacionalista en las artes, del que su Orquesta Mexicana es representativa. El compositor aseguraba que a través de ella se recobraría “nuestra riqueza musical y el hilo de nuestra tradición”. Para llevar las ideas a la práctica, escribió Cantos de México para orquesta mexicana, obra que dedicó a Silvestre Revueltas y que fue estrenada el 27 de octubre de 1933.

Luengas comenta que Chávez dice en sus escritos que está en busca de la identidad mexicana en la música. Empero, considera el también investigador que “cuando se habla de nacionalismo siempre tengo dudas, porque se habla de ello como esta fijación hacia lo propio. Sin embargo, por ejemplo, quienes somos de un pueblo originario, desde la vista de afuera siempre vivimos en el nacionalismo. Como el mismo Chávez lo dijo, en las sierras de México, en los montes, en los pueblos, no hay música popular: es nuestra música. Las etiquetas de popular o de nacional las ha puesto la gente que no es propiamente de los pueblos, de las comunidades, mientras que nosotros vivimos continuamente con nuestra música tradicional, nuestra cosmovisión, nuestra comida…”.

distintas Sonoridades

A la manera de la agrupación de 1933, la Orquesta Mexicana dirigida por Luengas incluye flauta de carrizo, chirimía, teponaztle, tambor indio, huéhuetl, sonajas, raspador y pezuñas de venado, instrumentos autóctonos, junto con otros que son considerados mestizos, porque aunque se usan para interpretar música mexicana, tienen fuerte influencia europea o de otras tradiciones. Estos son: clarinete, trompeta, violín, vihuela, guitarrón, arpa, marimba y gong. Las cualidades de los instrumentos autóctonos ofrecen otras posibilidades sonoras a la llamada música de concierto, como se puede escuchar en Cantos mexicanos para orquesta mexicana.

Según Luengas, la obra que Chávez estrenó en 1933, “tiende una mano entre dos mundos aparentemente disímbolos y alejados, que es de la música académica y el de la música tradicional. Yo creo que la incidencia y el valor profundo y la riqueza que tiene esta obra, aparte de la música que el propio Chávez escribió, son los timbres de los instrumentos musicales, los instrumentos como un paradigma de las culturas musicales de México y que constituye un barril sin fondo. El reto para nosotros es poder aprovechar y obtener esos colores, desde los sonidos que nos dan estos instrumentos”.

Obra ejemplar

La Orquesta Mexicana solo se presentó una vez en México, el 27 de octubre de 1933, cuando Chávez estrenó sus Cantos mexicanos. Siete años más tarde, invitado por el Museo de Arte Moderno (MOMA) de Nueva York, en el marco de la exposición Veinte siglos de arte mexicano, llevó a la orquesta a un concierto en el que se tocaron obras suyas y de otros colegas.

En un telegrama del MOMA se lee que el programa incluiría “música azteca, yaqui, indígena, canción tradicional y música moderna”. En una carta de noviembre de 1933, es decir el año en que escribió la obra, Chávez le comentaba a Aaron Copland: “Entre otras cosas, formamos una orquesta de instrumentos indígenas. No está mal, claro que comienza apenas. Escribí una obra para ella que salió bastante bien. No te la mando porque no reconocerías los instrumentos”.

Gracias al trabajo de investigación de la maestra Gloria Carmona, especialista en la obra de Chávez, se ha podido establecer que en 1940, cuando se le pidió el programa de música mexicana del MOMA, el compositor solicitó la colaboración de músicos cercanos a él: Luis Sandi, Daniel Ayala, Gerónimo Baqueiro Foster y Blas Galindo.

Las obras no fueron escritas para el formato de la orquesta, advierte Luengas, pero sí “para ensambles musicales que retoman instrumentos tradicionales. Por ejemplo, Sandi escribió El venado, que evoca la danza del venado yaqui; Ayala hizo la Suite indígena, para flauta, tambor y sonaja; Blas Galindo compuso los Sones de mariachi, obra fuertemente influida por Chávez, y Baqueiro Foster contribuyó con Huapangos. Hay obras derivadas de la propuesta de Chávez, aunque no son muchas. La idea es seguir trabajando la Orquesta Mexicana con el montaje de esas obras”.

Luengas también busca fomentar la creación de nuevas obras, no solo para este formato, sino para algunas variantes. “Podríamos proponer variantes regionales o culturales. Por ejemplo, podríamos hacer la Orquesta Mixteca, incluyendo instrumentos de la cultura mixteca, como el bajo quinto o el banjo. Igualmente, podría pensarse en una versión más orientada hacia la Huasteca. Tenemos pensado realizar un concurso, con el propósito de ir conformando un repertorio más grande para esta orquesta con propuestas contemporáneas”.

Romper barreras

Los músicos son integrantes de Pasatono Orquesta, agrupación fundada por Luengas. Su director explica que “el perfil de músicos investigadores que integran gran parte de Pasatono, han permitido tender los puentes necesarios entre la conceptualización de la Orquesta Mexicana propuesta por Carlos Chávez, y los instrumentos y tradiciones que él mismo plasmó en la orquesta y en la obra”.

Luengas indica que “a partir de una propuesta de análisis etnomusicológico, organológico e interpretativo, Pasatono detecta núcleos, ritmos, estilos y formas de tradiciones e instrumentaciones musicales indígenas y mestizas en la obra, como los conjuntos de chirimía zapotecos del Valle de Oaxaca, el mariachi tradicional, la banda, la tercera raíz con la marimba, la percusión ritual de los pueblos del noroeste mexicano y la abstracción de la percusión prehispánica. La interpretación de Pasatono es una propuesta que parte de la experiencia musical de la tradición de distintas culturas musicales acrisoladas en la obra de Carlos Chávez”.

Reconformar una agrupación como la Orquesta Mexicana, que cuenta con el apoyo del programa educativo Instrumenta Oaxaca, tiene que ver con la idea de diluir las fronteras entre la música académica y la popular, concede su director. “Es mucho el espíritu de Instrumenta, en cuya programación se incluyó Cantos de México, 80 años después de que fue estrenada. Es como romper estas barreras un poco absurdas y prejuiciosas entre unas músicas y otras, y que nos han distanciado.

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Integrantes

-Elías Sanginés Cruz, flauta.

René González Santillán, chirimía y clarinete.

Jorge Martínez Jiménez, clarinete requinto.

Onésimo García Castañeda, trompeta.

Verónica Acevedo Escamilla, violín primero.

Patricia García, violín segundo.

Edgar Serralde Mayer, guitarra de golpe.

Sergio Martínez Rodríguez, guitarrón y concha de tortuga.

Edmundo Ricardo Camacho Jurado, arpa grande.

Omar Durán, marimba y teponaztle.

Pablo Márquez, tambor indio y tambor tenor.

Eloy Pérez Velázquez, huéhuetl y sonaja.

Ricardo Chávez Santiago, raspador.

Ignacio J. Carrillo García, pezuña de venado, gong y tambor de agua.

Rubén Luengas, conductor, vihuela.

Itzel Enríquez, logística.