REPORTAJE | POR MOISÉS RAMOS

Revelan origen de obra judaica de la Palafoxiana

Presentan reproducciones facsimilares en la FIL

Shabot y Cohen prepararon una exposición para explicar que la estancia de los libros en Puebla se debe a la reforma religiosa y ruptura de la Iglesia en tiempo de Martín Lutero

Puebla

La biblioteca Palafoxiana de la ciudad de Puebla recibió de la Unesco en el año 2005 la denominación de Memoria del Mundo, mención que era de esperarse porque es museo y biblioteca y contiene "45 mil libros e impresos sueltos que van de la teología a la filosofía, la historia sagrada, el derecho canónico, las sagradas escrituras y la doctrina cristiana escritos en hebreo, latín, sánscrito, caldeo o griego".

Poco se sabía hasta ahora de los libros en hebrero de la Palafoxiana, cuyo edificio fue nombrado, en 1981, Monumento Histórico de México. Menos aún se conocía del porqué el repositorio contenía textos en ese idioma y qué tenían que ver con el resto de materias de los volúmenes cuyo origen no sólo son la colección de obispos como el propio Palafox y Mendoza, quien también fue virrey de la entonces Nueva España, sino de Francisco Fabián y Fuero, Manuel Fernández de Santa Cruz y Francisco Pablo Vázquez y una gran parte de los ejemplares que los jesuitas tuvieron que abandonar al ser expulsados de México, cuando no se les permitió llevarse más que lo que tenían puesto.

Los investigadores Esther Shabot y Leonardo Cohen han logrado desvelar gran parte de la historia de la presencia de los libros en hebrero y sobre materias directamente relacionadas con la cultura judía, información que dieron a conoce mediante la exposición "Texto hebraicos. Biblioteca Palafoxiana de Puebla", la cual fue presentada en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara (FIL), y que permanecerá hasta el 2 de febrero de 2014 en el Instituto Cultural Cabañas, mejor conocido como Hospicio Cabañas de la capital jalisciense.

Obras de temas judíos fueron escritas en su mayoría por eclesiásticos cristianos


La exposición de los libros de origen hebreo, en el Pabellón de la Biblioteca Palafoxiana en la FIL fue inaugurada el 1 de diciembre por el secretario de Educación Pública del estado de Puebla, Jorge Alberto Lozoya, la embajadora de Israel en México, Rodica Radian, la secretaria de Cultura de Jalisco, Myriam Vachez, Miguel Ángel Pérez Maldonado presidente de El Colegio de Puebla y la directora del propio repositorio, también museo poblano, Diana Jaramillo, entre otras personalidades.

Los estudiosos de la cultura hebrea, Shabot y Cohen, han escrito para el catálogo de la exposición: "Es notable que diversas obras de temas judaicos o relacionadas con la lengua hebrea, en su mayoría escritas por eclesiásticos cristianos, llegaran desde Europa a los anaqueles de la majestuosa biblioteca Palafoxiana de la ciudad de Puebla. La explicación más plausible es que este hecho fue un subproducto de la reforma religiosa que conmocionó los cimientos de la Iglesia de Roma a partir de la ruptura emprendida por Martín Lutero, así como de la propia Contrarreforma católica".

Por lo anterior, la Biblioteca Palafoxiana, en colaboración con la SEP y El Colegio de Puebla decidieron mostrar en la FIL "reproducciones facsimilares de los textos en hebrero, botón de muestra del tesoro bibliográfico palafoxiano que merece ser conocido.

El hebraísmo dentro de las iglesias cristianas se convirtió en disciplina académica


En una superficie de 54 metros cuadrados, estratégicamente ubicada en la zona internacional de la FIL, se expuso una composición que, con fotografías de gran formato, mostró la grandeza barroca de la biblioteca". El diseño del espacio tenía el propósito de atrapar la atención de los visitantes e invitarlos a explorarla.

Cabe destacar que Esther Shabot es especialista en estudios judaicos, en tanto que el doctor en Historia por la Universidad de Haifa y actual docente en la Universidad Ben Gurión del Neguev, Leonardo Cohen, realizaron el análisis de los textos, la búsqueda de información y de sustento histórico de las obras hebraicas de la biblioteca Palafoxiana, las cuales podrían ser exhibidas en diferentes sitios después del Hospicio Cabañas, incluidas universidades de Israel.

Lexicón en la feria

En el Pabellón de Israel de la FIL de Guadalajara que terminó hace algunos días, Esther Shabot, Jean Meyer, Pedro Ángel Palou Pérez y Diana Jaramillo disertaron sobre la exhibición de la Biblioteca Palafoxiana "para una mejor comprensión de la importancia de este tesoro bibliográfico cuya riqueza no ha sido conocida hasta ahora más que por muy pocos especialistas".

Esther Shabot y Leonardo Cohen han escrito para el catálogo de la exposición, impreso en español e inglés, con fotografías de Rolando White Ibáñez y Rolando White Naude: "En el México virreinal la Iglesia Católica tuvo un papel protagónico. Tanto en la vida política y social como en la economía y la cultura, la influencia de las instituciones eclesiásticas fue enorme. Tal como ocurría en la Península Ibérica, la presencia judía estuvo prohibida desde el momento en que en 1492 se ejecutó el decreto de expulsión de los hebreos de los territorios bajo dominio de la Corona española. A pesar de que el Tribunal del Santo Oficio no se estableció en la Nueva España hasta 1571, la actividad de la Inquisición contra los judíos se inició a dos años de haberse consumado la conquista: en enero de 1523 se publicó el primer edicto contra herejes y cristianos nuevos y en 1528 fueron penitenciados los primeros cuatro judíos novohispanos".

"No obstante, está plenamente documentado que en la Nueva España se asentó una comunidad importante de criptojudíos, quienes lograron pasar desapercibidos y proseguir de manera clandestina con su culto religioso, mientras que muchos otros cayeron como víctimas de la persecución del Santo Oficio. Centenares de ellos fueron juzgados y penitenciados, muertos en la hoguera, acusados de herejía y de 'judaizar'. A pesar de ello, los autos de fe y la estigmatización de los judíos prosiguieron con altibajos hasta el 10 de junio de 1820, cuando se procedió a la clausura oficial del Tribunal de la Inquisición en México. En este sentido, es notable que diversas obras de temas judaicos o relacionadas con la lengua hebrea, en su mayoría escritas por eclesiásticos cristianos, llegaran desde Europa a los anaqueles de la majestuosa Biblioteca Palafoxiana de la ciudad de Puebla. La explicación más plausible es que este hecho fue un subproducto de la Reforma religiosa que conmocionó los cimientos de la Iglesia de Roma a partir de la ruptura emprendida por Martín Lutero, así como de la propia Contrarreforma católica".

Los estudiosos ubican exactamente el momento en el que fueron impresos la mayoría de los "textos hebraicos" de la Biblioteca Palafoxiana: "Una vez que los estudios judaicos adquirieron un lugar más significativo en los programas de estudio europeos, menos necesario se fue haciendo el auxilio directo de profesores judíos. El hebraísmo dentro de las iglesias cristianas se convirtió en disciplina académica, incorporada a las nuevas ciencias. De esta forma pudo llevarse a cabo la separación entre la aproximación al judaísmo y la relación con los judíos. En la segunda mitad del siglo XVI y principios del XVII, diversos personajes hicieron grandes aportes en tal sentido".

Útiles en la preservación de las lenguas muertas

Sólo tres ejemplos sirven para detallar porqué son ejemplares los libros hebraicos de la biblioteca Palafoxiana: el “Thesaurus linguae sanctae” fue escrito por Santes Pagnino, quien nació en 1470 y murió en 1541; perteneció a la Orden de Santo Domingo y fue uno de los más destacados filólogos y biblistas de su generación. Nació en Lucca, Toscana y estudió bajo la dirección de Savonarola y otros eminentes profesores, convirtiéndose en gran erudito del griego y el hebreo.

Una de sus obras fundamentales es el “Veteris et Novi Testamenti nova translatio”, publicado en Lyon en 1527, cuyo mérito principal radica en su adhesión literal al hebreo, lo que le valió la preferencia de los rabinos contemporáneos.

Su obra monumental “Thesaurus linguae sanctae”, aparecida también en Lyon, pero en 1529, se encuentra en la Biblioteca Palafoxiana. Se hicieron numerosas ediciones de este lexicón, ampliamente utilizado tanto por católicos como protestantes. En el texto hebreo-latín la traducción de términos está sustentada en citas bíblicas, con objeto de contextualizar y apreciar los matices interpretativos. En los márgenes aparecen anotaciones indicativas de tiempos y modos verbales, así como de giros gramaticales del hebreo. En el prólogo del libro se citan los nombres de los rabinos consultados”.

De la “Biblia hebraica. Eourundem latina interpretatio” cabe destacar que después de Girolamo, Santes Pagnino, fue el primer estudioso en completar una traducción latina de la “Biblia” basada en el hebreo y griego originales. Comenzó a trabajar en esta obra desde 1493, mas ésta no fue terminada y publicada sino hasta 1527-28. La traducción, que se distingue por su fidelidad literal al texto original, alcanzó una gran popularidad y fue reeditada en numerosas biblias políglotas, habiendo sido consultada incluso por el propio Martín Lutero. Además del Antiguo Testamento en hebreo, con traducción e interpretaciones en latín intercaladas en el texto, en el mismo volumen está contenido el Nuevo Testamento en griego, con el mismo modo de proceder para su traducción y comentarios en latín. La edición de este libro que alberga la Biblioteca Palafoxiana se hizo bajo el sello de Benito Arias Montano, quien nació en 1527 y murió en 1598, un renombrado orientalista español y editor de la “Biblia Políglota” de Amberes. En la carátula del Nuevo Testamento aparece escrita a mano con tinta la leyenda: “expurgado conforme al nuevo índice de 1632”.

Finalmente es de destacarse el texto bilingüe griego-latín de las obras del célebre historiador judío Flavio Josefo y una semblanza biográfica de él. Los tres libros comprendidos en el volumen resguardado en la Palafoxiana constituyen la obra completa de este polémico autor, una de las fuentes primarias más importantes para el conocimiento de la vida en Judea en la época de Jesucristo, que coincidió con el aplastamiento romano de la rebelión judía contra el Imperio. Este volumen greco-latino comprende: “Las guerras de los judíos”, relato exhaustivo de la lucha de los hebreos contra los romanos en la época del Segundo Templo (siglo i d.C.). Se presume que este libro fue escrito a petición del Emperador Vespaciano con objeto de que sirviera de advertencia a otros enemigos del Imperio. “Las antigüedades judías”, historia de los hebreos desde la creación del mundo hasta la guerra contra Roma, escrita con la esperanza de desmitificar a los judíos ante los gentiles y lograr así neutralizar el odio que hacia ellos existía. “Contra Apión”, libro polémico que constituye la primera exposición y defensa detallada del judaísmo como religión.

Representación del hebraísmo cristiano

Las obras que se presentan en la exposición “Textos hebraicos” están vinculadas con lo que se denomina hebraísmo cristiano. El hecho de encontrar estos libros en la Nueva España y más específicamente en la biblioteca Palafoxiana de Puebla es muestra evidente del impacto que estas perspectivas y estudios tuvieron en el México virreinal, aseguran Shabot y Cohen, quienes explican que las obras pueden clasificarse en tres grandes rubros: diccionarios, lexicones y gramáticas; traducciones y análisis comentados de textos bíblicos y posbíblicos; y libros sobre los judíos.

Los libros hebraicos que resguarda la Biblioteca Palafoxiana de Puebla y cuyos facsimilares son exhibidos en el Hospicio Cabañas de Guadalajara, siguiendo la clasificación anterior son: la “Biblia hebraica” de 1609; el “Evangelium Matthaei”, reedición de 1555; el “Hoseas prophetas, ebraicae y chaldaice” de 1621; el “Liber Hasmoraerum qui vulgo prior Machabeorum Graece” de 1600; el “Catena in Exodum” de 1550; el “Novum domini nostri Jesu Christi Testamentum” de 1664; el “Lexicon hebraicum et chaldaicum” de 1735; el “Lexicon linguae hebraicae” de 1743; el “Arca Noe” de 1593; el “Lexicon hebraicum” de 1732; el “Sphinx mystagoga” de 1676; “La monarchia hebrea” de 1761; el “Rituel des prieres journalieres” del siglo XVIII; el “Thesaurus linguae sanctae” de 1529; la “Grammatica Hebraica et Chaldaica” de 1724; de “Poesis hebraica” 1774.

El resto de los libros de temas hebraicos resguardados en la biblioteca Palafoxiana son las “Cartas de unos judíos alemanes y polacos a M. de Voltaire” de 1827; “Le Talmud de Babylone” de 1831; el “Phlabiou Iooseepou ierosolymitou iereoos ta euriskomena” de 1611; y el “Lexicon chaldaicum talmudicum et rabbinicum” de 1640.

Cabe destacar que de los “Diccionarios, lexicones y gramáticas”, Esther Shabot y Leonardo Cohen han escrito: “a partir del siglo XVI la Biblia rabínica se convirtió en herramienta de uso común, referencia casi obligada para los hebraístas. Prueba de ello es que los diccionarios y lexicones que se presentan explican no sólo la terminología hebrea sino también hacen referencia al “Targum”, que es la paráfrasis oral así como las sentencias, explicaciones y expansiones del texto bíblico que los rabinos brindaban en lengua vernácula a sus escuchas, siendo la dominante entre ellas el arameo”.

“El “Targum” está constituido por comentarios escritos hasta el año 1500. Para tener acceso a estas fuentes, el hebraísta cristiano requería no sólo dominar la lengua bíblica original, sino también el arameo y el hebreo medieval, muy diferente del hebreo bíblico y mishnáico. La lengua caldeica o caldeo, como aparece en los lexicones de los siglos XVI, XVII y XVIII, no es otra cosa sino la manera que entre círculos cristianos se designaba al arameo propio de Babilonia, idioma en el cual fueron puestos por escrito todos estos comentarios”.

Así, no es raro que en las bibliotecas poblanas, no sólo de los obispos o de los estudiosos jesuitas hubiera libros en hebrero y de materias hebraicas. Shabot y Cohen agregan: “Los lexicones venían a satisfacer la necesidad del hombre culto que se interesaba por la Biblia rabínica y que veía en ella una fuente de información y de percepciones concernientes a las características lingüísticas, exegéticas e históricas de pasajes bíblicos específicos. En muchas ocasiones este tipo de comentarios proveía de claridad a versículos bíblicos que eran de difícil interpretación; en otras entraba en conflicto con la interpretación cristiana. Incluso entre los católicos se permitió a profesores jesuitas de sagradas escrituras citar a comentaristas judíos, siempre y cuando se hiciese de manera moderada y juiciosa”.