Reto para museos: inclusión de gente con capacidades diferentes

Aunque ha habido esfuerzos por hacer espacios más amables para esta parte de la sociedad, su experiencia en éstos no es suficientemente plena.

Monterrey

Para un débil visual, la experiencia de acudir a un museo de la localidad se reduce a caminar y caminar por pasillos sin mayor idea que la ofrecida por un guía o un acompañante. O en el caso de una persona en silla de ruedas, el principal reto es llegar al espacio sin sortear toda clase de obstáculos.

MILENIO Monterrey habló con José Delfino Ojeda Rivas, joven con debilidad visual, para conocer su experiencia al visitar un museo del centro de Monterrey.

Por su parte, Jesús Castillo López, psicólogo social y catedrático en la Universidad de Monterrey (UDEM), advierte que la ciudad tampoco es cómoda para personas con discapacidad motriz, y que no se ha dimensionado el aumento de la población de adultos mayores en los próximos años.

OSCURIDAD EN EL MUSEO

Ojeda Rivas habla claro y sin rodeos. “No me motiva ir a un museo”.

Coordinador del proyecto Aula Ágora Nuevo León, que fomenta y promueve la reinserción laboral de personas con debilidad visual, Delfino es amante de la música y ha participado en proyectos de inclusión social en el sector cultural.

Trabajó como guía de visitantes en el proyecto estatal Diálogos en la oscuridad (que recibió 111 mil visitantes de 2006 a 2008), y fue jurado en el certamen Poesía en Braille, que organizó la editorial independiente Vaso Roto.

“La recepción en los espacios es cordial”, asegura, pero a lo más que se puede aspirar es que un guía lo acompañe durante el recorrido leyendo los textos de sala y cédulas, además de explicarle las piezas que conforman la exposición.

“Nos encontramos con superficies planas donde no sientes nada, pues las piezas están dentro de urnas, y la información pues está visualmente para que los demás la lean. No hay nada que te ayude o te haga interesante en lo que se expone”, acusa.

En otra experiencia, llevó a un grupo de personas de Campeche al Museo del Noreste. Su recorrido se limitó a recorrer pasillos escuchando los pocos módulos donde se da información audiovisual.

Otra iniciativa que destaca es la del Museo de Arte Contemporáneo con su programa Crearte. La asociación a la que pertenece, Retinitis Pigmentosa, ha contado con el apoyo del Marcomóvil en diversas ocasiones.

“Hay interés por acercarse a los grupos con discapacidad, pero como que falta información sobre cómo atenderlas”, menciona.

URBE INCÓMODA

“La ciudad no es cómoda ni amable con las personas discapacitadas”. No sólo museos o espacios culturales. Sólo el hecho de llegar a ellos plantea obstáculos, refiere Castillo López. La experiencia la vive en persona, pues su esposa padece discapacidad motriz.

Como ejemplo, al querer comprar boletos en la Arena Monterrey en la zona especial para discapacitados, en la taquilla se le exigió presentar un documento que acreditara la discapacidad, pues los lugares son limitados.

“A la siguiente ocasión tuve que llevar a mi esposa para que me lo vendieran. Te tratan como si quisieras sacar ventaja de la situación”, menciona.

Cosas como ésta afectan en la autoestima. Sin embargo, el problema no es por mal intencionados, señala el catedrático, sino por falta de información.

“Luego las instituciones dicen ‘pues para qué pongo lugares especiales si luego ni vienen’, pero las personas se sienten excluidas y por eso no acuden. Se forma un círculo vicioso donde la sociedad se olvida de la responsabilidad y la atención a esta población”, afirma.