Resumen la estética nacionalista de Gabriel Figueroa

Durante una época en la que los cinefotógrafos estaban bajo las órdenes del director, él se forjó como un autor, lo cual era atípico, explica la editora del volumen, Claudia Monterde.

Ciudad de México

En una entrevista realizada un año antes de su muerte, Gabriel Figueroa (1907-1997) explicaba que su estética personal como cinefotógrafo nació “en 1939 con La noche de los mayas y Los de abajo. Ahí empecé a buscar mi estilo”.

El estilo que dio vida a cintas como María Candelaria, La perla, Los olvidados, Simón del desierto y Bajo el volcán, entre otras, nació aquel año y no ha muerto: puede verse en sus películas, y también en el libro Bajo el cielo de Gabriel Figueroa. Arte y cine, editado por Fundación Televisa y Turner.

El libro, proyecto bilingüe que contó con la colaboración del Museo de Arte del Condado de Los Ángeles, contiene retratos realizados por Figueroa cuando trabajaba en fotoestudios, así como imágenes de publicidad, fotogramas tomados de las películas y stills de las mismas. En la obra se constatan las palabras de Mauricio Maillé en el prólogo: “Dichosamente, el horizonte que desplegó para nosotros Gabriel Figueroa —un paisaje donde aparecen pasado y presente, historia y ficción, arte y política, México y una idea de México— parece no tener fin”.

Claudia Monterde, editora del volumen, dice en entrevista con MILENIO que la investigación inició en 2005, dado que en 2007 era el centenario del cineasta. En lo que parecían archivos muertos, en Televisa aparecieron fotografías promocionales, carteles, notas de prensa y otros materiales de cine. Con esto, así como con matetriales otros procedentes de diversos archivos, se armó el volumen, una investigación dirigida por Alfonso Morales, con la colaboración de Monterde y Héctor Orozco.

¿Cuáles fueron los aportes de Figueroa?

Su carrera como cinefotógrafo es atípica porque se forjó como autor. Generalmente los cinefotógrafos están a merced de lo que les dice el director, y él tenía tanta fama que se le llamaba sabiendo lo que iba a hacer y se le daba la oportunidad de hacerlo, salvo con Luis Buñuel, con quien tuvo algunos problemas, a pesar de que eran muy amigos. Cuentan que en alguna escena de Nazarín, Figueroa había puesto la cámara frente a una escena con nubes, montañas y otros elementos por los que todo mundo lo amaba, y Buñuel llegó a voltear la cámara hacia un paisaje árido. Decía que lo otro le parecía ficticio y a él le gustaba estar cerca de la realidad.

Fue de los primeros que empezó a vender su nombre en las películas. Si veías su nombre sabías cómo iba a ser la película. De hecho, ves una imagen impresa de Figueroa y sabes que es un Figueroa. En su trabajo retomó mucho del estilo del cineasta Sergei Eisenstein, pero también de los muralistas mexicanos y del libro de Anita Bremen Ídolos detrás de los altares. Él supo llevar al cine de forma muy afortunada toda esta estética nacionalista, gracias también a que era un prodigio técnico.

¿En qué sentido?

Alguna vez contaba que a la hora de filmar no veía en pantalla lo que veía con los ojos, y que le costó mucho trabajo empezar a entender qué filtros usar. Hablaba del Tratado de la pintura, de Leonardo Da Vinci, en el que explica cómo es la atmósfera, qué colores hay. A partir de eso empezó a experimentar con filtros para quitar colores. “Por fin lograba ver en pantalla lo que mis ojos veían”, dice Figueroa.

Un estilo claroscuro

Es notable que, después de haber trabajado tantos años con el paisaje mexicano y sus símbolos nacionalistas, al volcarse sobre la ciudad Gabriel Figueroa cambió su estilo en cintas de ambiente nocturno y atmósferas opresivas de crimen y castigo. Claudia Monterde explica que Alfonso Morales propone que “en estas películas está muy encadenado con el fotoperiodismo. Mientras las cintas rurales estaban más emparentadas con la plástica, este asunto de los barrios bajos y de la noche citadina estaba mucho más ligado al fotoperiodismo”.

La investigadora cuenta que cuando trabajó con Luis Buñuel y éste hacía el scouting para Los olvidados, Figueroa “hizo un registro minucioso de toda la zona de Nonoalco que también es fotoperiodismo. Desde sus primeros trabajos en fotoestudios y en publicidad, aprendió a iluminar y todas esas técnicas de claroscuro, que son muy complicadas, las usó con maestría hasta el final de su carrera”.