Restaurar un Niño Dios es rehacer un lazo emocional

Teodoro Sánchez lleva 30 años dedicado a esa tradicional tarea; en ese periodo el oficio apenas cambió: el aerógrafo sustituyó a los pinceles.
Los dedos, brazos y pies de las figuras son las zonas más frágiles.
Los dedos, brazos y pies de las figuras son las zonas más frágiles. (Jorge Carballo)

México

Teodoro Chávez sostiene en sus manos el torso de un Niño Dios de aproximadamente 30 centímetros; no tiene cabeza ni brazos ni pies, y el pecho es un rompecabezas unido con cinta adhesiva.

—¿No es más sencillo comprar un nuevo muñeco que restaurarlo? —se le pregunta.

—Pues sí —dice don Teodoro Sánchez, restaurador de estas figuras—. Pero la gente prefiere rehacer estos rompecabezas que comprar uno nuevo por el valor estimativo de cada pieza: “era de la abuelita”, “me lo regaló un ser querido” o “ya tiene muchos años conmigo”. Es lo que me dicen. Entonces mi tarea va más allá de ponerle yeso o pintura: restauramos un lazo emocional”.

Quizá por eso es uno de los más solicitados entre los aproximadamente 100 restauradores de la Romería Internacional del Niño Dios, que empieza en la esquina de Venustiano Carranza y Jesús María en el Centro Histórico de la Ciudad de México.

Sin importar la crisis, el negocio ha crecido desde hace algunos años, por lo que Sánchez y su familia viven durante un mes en un hotel cerca de su puesto. Del 2 de enero al 2 de febrero laboran de 8 de la mañana a la una de la madrugada, y ya no les da tiempo de volver a su casa, cerca de Texcoco.

Dice Sánchez a MILENIO: “Antes sí nos íbamos a la casa pero ahora es imposible. Nos queda trabajo pendiente, y exactamente a las 8 de la mañana tenemos que estar aquí. No me lo crea, pero tenemos clientes que son muy puntuales, hasta quisquillosos, que pase lo que pase están aquí a esa hora y no les puedo fallar”.

Don Teodoro lleva 31 años dedicándose al oficio de fabricar, restaurar y vender imágenes religiosas. Puede trabajar con piezas hechas con el tradicional yeso o con resina y fibra de vidrio, que son las más modernas, pero también restaura madera, vidrio y pasta; porcelana y barro no, porque no hay material compatible y siempre vuelve a romperse en el mismo sitio.

“Le echamos pasión. Nos gusta nuestro trabajo, es artesanal y a la gente le encanta cómo quedan sus niños”, dice a propósito de su labor: dejar listas las tradicionales figuras para la celebración cristiana del 2 de febrero, Día de la Candelaria.

El oficio se estudia en planteles como la Escuela Nacional de Restauración, Conservación y Museografía, donde se adquiere un conocimiento altamente especializado para la restauración de bienes culturales. Pero los restauradores que dan sentido a la romería han aprendido sobre la marcha.

“Yo entré a este negocio por accidente, pero me gusta mucho. Con el paso del tiempo me di cuenta y hasta me nació la inquietud de estudiar en Bellas Artes o algo así, donde yo pudiera conocer más sobre historia del arte, aprender otras técnicas, pero simplemente no pude y continué con este trabajo. Pero aquí me llegan piezas muy buenas para restaurar, así como si yo tuviera estudios; pero he aprendido a hacerlo y nunca decimos que no”, dice Sánchez.

Recuerda que la pieza más antigua que ha restaurado fue un Niño Dios con 150 años de antigüedad: “Era una reliquia española muy bonita, hecha de madera. Otro fue un Niño Dios de vinil que, honestamente, me dio miedo. Su piel parecía de verdad, y además la pareja que lo trajo también lucía muy rara, y todo se conjugó para que me causara una sensación extraña. Lo restauré; tenía unos hoyos en su torso y los rellenamos de hule espuma y quedó bien, pero lo entregué lo más pronto que se pudo”.

Aprendizaje constante

Los trabajos se realizan en un máximo de 72 horas, pero pueden hacerse hasta en una hora. El oficio consiste en pegar, rehacer, moldear, pulir y pintar. Los dedos, brazos y pies de las figuras son las zonas más frágiles, porque son las que se dañan cuando los están vistiendo o cuando los arrullan.

En 30 años don Teodoro no ha visto grandes cambios: la clientela ha aumentado y el único avance tecnológico fue haber pasado de pintar a mano con pinceles de pelo de camello a usar el aerógrafo, una pistola que rocía la pintura.

“Quizá habría que decir que es un oficio que se tiene que hacer con cariño, fe y respeto. Muchos compañeros ni siquiera se dedican a esto, solo en estas fechas, y después trabajan en otra cosa. Ven este trabajo solamente como un negocio y los resultados no son los mismos”, dice.

Cifras del oficio

100: número de Niños Dios restaurados por día.

10 pesos: costo más bajo por una restauración.

1.80 metros: altura máxima de una pieza restaurada.

5 centímetros: tamaño mínimo de Niño Dios restaurado.