Restauración: arte y oficio que da brillo al pasado

Los malos trabajos, como el ocurrido en San Nicolás contra una estatua del Benemérito de las Américas, confirman la necesidad de especialistas en la materia.

Monterrey

México tiene más de 45 años de experiencia, donde instituciones educativas como la Escuela Nacional de Conservación, Restauración y Museografía “Manuel del Castillo Negrete”-por mencionar la más antigua- cuenta con el reconocimiento de la UNESCO.

Generalmente respetados y solicitados en el centro y sur del país, en Nuevo León se empezó a hablar de los restauradores a finales de la década de los 80 del siglo pasado. Hoy en día se mantiene como un oficio por pocos conocido.

Alberto Compiani y René Rangel son algunos de los restauradores que han encontrado un nicho de trabajo en la ciudad. Si bien aseguran que “hay trabajo” éste no es tanto como para decir que existe “alta demanda” por sus servicios.

Sea por falta de sensibilización hacia el arte o por cuestiones de presupuesto, son pocos los casos en que un municipio solicita su apoyo. Un ejemplo podría ser lo sucedido en San Nicolás, donde se utilizó pintura vinílica para “restaurar” una escultura de Benito Juárez.

“Hay una falta de conciencia en el área de conservación y restauración, aunque poco a poco se va teniendo mayor conocimiento de este trabajo”, resalta Rangel, con 23 años de experiencia en este ámbito.

Existen opciones de estudio para quienes desean convertirse en restauradores. Además de la mencionada Escuela Nacional –que depende del INAH- existe la Escuela de Conservación y Restauración de Occidente, así como opciones en San Luis Potosí y Veracruz.

Las áreas de trabajo pueden incluir la cerámica, los papeles, los textiles, la pintura de caballete y mural, las esculturas o los objetos metálicos.

“Los coleccionistas privados han resuelto durante años la necesidad de contar con un restaurador, pero estamos hablando de un sector mínimo. Poco a poco las instituciones culturales también se dieron cuenta que necesitaban el apoyo del profesional”, expresó Compiani, quien llegó a la ciudad con plaza de restaurador en el INAH.

Un principio básico en la restauración, comentan los especialistas, es saber hasta dónde llegar en la obra.

“En la restauración tienes que andar con pies de plomo, todo cuidadoso y todo pensando en que el trabajo que hagas se pueda revertir. Jamás debes imprimir tu sello”, comenta Compiani.

Lo sucedido en San Nicolás, donde alguien pintó de verde las manos y rostro de una escultura de Benito Juárez, es el ejemplo de un círculo pernicioso donde la incultura es el principal problema.

“Es un círculo que empieza cuando delegan mal los trabajos las autoridades. Es responsable quien da el brochazo, pero el principal culpable es el jefe o incluso la Dirección de Cultura, que no está atento lo que sucede con sus monumentos”, critica René Rangel.