REPORTAJE | POR MOISÉS RAMOS

Rescate de música barroca será publicado en discos

El estado tiene una de las ocho catedrales con acervo amplio de partituras coloniales

Gracias al proyecto "Tesoros musicales de la Catedral de Puebla" se pudieron escuchar algunas de las composiciones cuyos papeles se resguardan en los archivos del templo

Puebla

En Europa aún no reconocen un "Barroco americano" en música, gran parte del cual está resguardado en algunas catedrales mexicanas, como la de Puebla, "porque siguen viéndose el ombligo" y "los papeles" de esos acervos están en peligro de perderse y urge atenderlos y rescatarlos, es lo que opina el músico, compositor, director coral e investigador Aurelio Tello, quien dirige el proyecto "Tesoros musicales de la Catedral de Puebla", cuyo festival, con conciertos, una conferencia y una mesa redonda se realizó del 2 al 8 de diciembre, coordinado por Dalila Franco Gutiérrez y Abel Mani, quienes han trabajado con Tello en esta labor apoyada por el Consejo Estatal para la Cultura y las Artes (CECA )y la Coordinación Nacional de Música y Ópera del Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA).

Tello recuerda que la de Puebla es una de las ocho catedrales mexicanas con un acervo importantísimo de música colonial, y Franco Gutiérrez detalló en entrevista que el festival se logró por el apoyo del CECA y el INBA para realizar la "recatalogación, transcripción, digitalización, investigación y difusión del acervo histórico musical de la Catedral de Puebla" de la cual, por ahora "se ha atendido solamente la parte musical, en lo que respecta a papeles sueltos, organizados en legajos, del archivo del venerable Cabildo Catedralicio angelopolitano".

Por "mirarse el ombligo" todavía niega Europa el Barroco Americano, como el de Puebla: Aurelio Tello


Gracias al "Tesoros musicales de la Catedral de Puebla" se pudieron escuchar algunas de las composiciones cuyos papeles se resguardan en Catedral, varios de ellos cantados por negros castrados, los cuales eran muy apreciados por su voz de tiples, aguda pero con fuerza, de tal forma que ganaban salarios y prebendas en la principal iglesia de la Angelópolis.

El festival dirigido por Aurelio Tello fue dedicado a Juan Gutiérrez de Padilla, de quien se cumplieron 350 años de su muerte, pero en la Catedral angelopolitana hay, recordó Dalila Franco, "120 libros de canto llano y 22 libros de polifonía con música de los siglos XVI, XVII y XVIII de autores tales como Francisco Guerrero, Hernando Franco, Francisco Atieza y Pineda, Ignacio de Jerusalém y Stella, Manuel Arenzana, Nicolás Ximénez de Cisneros y el insigne maestro De Padilla, quien fuera maestro de capilla en tiempos de Juan de Palafox".

Tello y Franco Gutiérrez adelantaron que a mediados del próximo mes de enero de 2014 podrían presentar el disco con la música grabada durante el festival Tesoros de la Catedral, sólo que, aclaró Aurelio Tello, "será una selección de las más de seis horas de música que grabamos, alguna de la cual no se había tocado en siglos; no tenemos suficientes recursos para grabar seis discos o tres discos dobles, ni siquiera uno doble, pero esperamos poder grabar toda esta música".

SIN RECONOCIMIENTO EN EUROPA
Pese a su importancia "nuestro Barroco musical, esta aportación mexicana, peruana, americana ha sido muy poco reconocida. Los europeos siguen creyendo que nosotros hacemos todavía una música 'primitiva'; de hecho cuando yo he tenido oportunidad de dar conciertos en Europa y hablábamos de Barroco Americano, no les parecía a muchos de los auditores que hubiera música barroca en Puebla, en Oaxaca, en México, en las iglesias, en las catedrales, en los conventos, en los colegios", aseguró en entrevista Aurelio Tello.

El entrevistado, quien ha trabajado en el Centro Nacional de Investigación, Documentación e Información Musical Carlos Chávez, afirmó que "en Europa se miran el ombligo; siguen creyendo que la razón de ser de la cultura Occidental es sólo la cultura europea y nunca la proyección que esa cultura tuvo en mundos distintos, como el de América. Nuestra tarea y nuestro trabajo consiste en eso: en escribir las páginas en blanco de la historia de la música donde nosotros somos actores".

Por lo menos desde que se instauró la cultura Occidental en México, en el siglo XVI, este país estuvo en el corazón de la cultura. Vivíamos al tanto de lo que estaba pasando. Por citar un caso: "Cristóbal de Morales se murió en 1553; en ese año ya se cantaban sus obras en México, en Oaxaca, en el Cuzco, en Charcas. Todos los fenómenos y procesos de cambio que vivieron la liturgia y la Iglesia Católica fueron reflejados en el mundo virreinal, desde la llamada entonces Nueva España o desde el Perú, desde las audiencias de Charcas, de Chile, de Quito".

"Además aportó un elemento que es muy difícil de evaluar: la interpretación de los mestizos, de los naturales porque muchas de la fuerza que se requería para hacer este tipo de cosas era con gente local", agregó Tello.

Consciente de su trabajo, a siglos de distancia de haber sido escrita la música que, por ejemplo se resguarda en la Catedral poblana, aceptó: "quizá no podamos recuperar esa tipología sonora, quizá no podamos recuperar los sonidos de la época, pero ahí están las huellas en los papeles, ahí están los nombres, los instrumentos que se usaban".

"Es muy importante entender que México, lo que entonces se llamaba la Nueva España pertenecía al mundo de la cultura Occidental, no estuvo nunca marginado. El desfase se produjo después, en la Independencia, por las dificultades de organización, políticas, sociales y otras, pero en tanto fuimos colonia, compartíamos lo que pasaba en Europa".

En cuanto al material musical que hay en la Catedral poblana, Aurelio Tello opinó que él, Dalila Franco y Abel Mani "hemos tenido oportunidad de ver los materiales y muchos de ellos están en franco estado de deterioro y hace falta un proyecto de recuperación de los papeles de música, que es una cosa muy distinta a la de recuperar la música; la música que está contenida en esos papeles se puede recuperar, pero también hay que cuidar el documento, porque se trata de un documento histórico. Hay papeles de los siglos XVI, del XVII, del XVIII; hay libros escritos a mano por dibujantes, copistas poblanos, y ahí está escrita parte de la historia de Puebla.

Entonces, día que se deje pasar sin atender esa colección, día que la desidia, la incuria dejen que esos papeles se pierdan, vamos a estar entrando en problemas muy graves para la preservación del patrimonio cultural".

El investigador fue enfático: "este no es sólo un patrimonio de la iglesia; este es un patrimonio de la nación y es un patrimonio de la humanidad y alguien tendría que entender eso; entonces, conservar los papeles, restaurarlos, sacar la música, sonarla es una tarea, un deber, es un compromiso con la historia de nuestro país".

En cuanto a la música de las catedrales mexicanas que, como la hecha por él con Franco Gutiérrez y Mani, presentada en el festival citado, Aurelio Tello afirmó: "está en proceso de recuperación y en un buen momento, porque se ha abordado ya el estudio de varias Catedrales, de las cuales México tiene históricas, en siete de las cuales hay música; mayoritariamente en las de México, Puebla, Durango, Guadalajara tiene un buen lote de música; Oaxaca tiene un lote más pequeño; falta estudiar Morelia, donde hay un problema de acceso a la música; y Chiapas, que tiene música más tardía, solamente un libro de misas de José de Nebra, de 1763, pero creo que los pasos que se han dado en los últimos 30 años, más o menos de los años ochenta para acá, han arrojado frutos muy prometedores para continuar los trabajos de recuperación de la música".

En este momento creo que el conjunto de piezas que hemos puesto en este festival enriquecen, engrosan el repertorio poblano del que se disponían para que los conjuntos, los grupos, los coros, los directores pudieran echar mano para hacer interpretaciones. Yo quiero ser positivo y quiero creer que esto no se va a acabar. Este festival es la mejor muestra de que podemos trabajar, de que tenemos vocación de trabajo, y de que podemos seguir haciendo lo que nos toca, la partecita que nos toca en la recuperación de este acervo".

EL FESTIVAL
En entrevista, Dalila Franco Gutiérrez explicó que por el proyecto de catalogación, transcripción digitalización y difusión de la música de la principal iglesia angelopolitana "se ha atendido solamente la parte musical, en lo que respecta a papeles sueltos, organizados en legajos, del archivo del venerable Cabildo Catedralicio de Puebla.

El proyecto inició a finales de 2012, cuando el CECA nos invitó a Aurelio y a mí a presentarlo en la convocatoria lanzada por la Coordinación Nacional de Música y Ópera del INBA, y resultamos beneficiados con un apoyo económico para la recatalogación, transcripción, digitalización, investigación y difusión del acervo histórico musical de la Catedral de Puebla".

El resultado final del proyecto es un catálogo razonado, con fichas que contienen nueve entradas consideradas adecuadas e indispensables para este acervo, acorde a los criterios que marca el RISM (Repertoire International des Sources Musicales).

El Catálogo será una herramienta que permitirá realizar concordancias del contenido de este con otros catálogos inscritos a la base de datos internacional antes mencionada, a fin de, si es el caso, recuperar partes faltantes, investigar datos biográficos y lo más importante, incluir a Puebla en el circuito internacional de investigación musicológica, adelantó la investigadora y cantante.

Franco Gutiérrez detalló: "estamos terminando de insertar los 'íncipits' musicales en el catálogo una vez terminada esta fase, el material estará listo para entrar a revisión ortotipográfica y edición para, posteriormente comenzar la producción; esperamos tenerlo listo en enero del próximo año".

ESCLAVO, NEGRO Y CANTOR EN CATEDRAL
Una de las partes de la historia de la ciudad de Puebla, aún no estudiada del todo, es la de la población negra y, por supuesto, de sus más destacados protagonistas.

Uno de los más influyentes personajes de la antigua Ciudad de los Ángeles, fue el obispo Antonio de Vera, nacido en 1575 y muerto en 1610, quien apoyó hasta después de su muerte, la música en la Catedral angelopolitana y tenía a su servicio tenía esclavos en la casa donde vivía ( tenía muchas otras que rentaba). En su testamento, Antonio de Vera dejó establecido: "declaro que tengo otro esclavo llamado Juan de Vera, músico en la santa iglesia de esta Catedral, al cual le da de salario, como tal músico, cada un año trescientos pesos de oro común. Mando que viva en los aposentos en que hoy vive y acuda como tal músico a cantar a la dicha iglesia. Y ruego al dicho Juan Velásquez, mi sobrino, le haga todo buen tratamiento, atento al buen servicio que me ha hecho, y su bondad y fidelidad, al cual, estando enfermo o impedido de poder acudir a la iglesia a cantar, se le dé sustento y cura a costa del dicho patronazgo. Y, como tengo dicho, no se le quiten los aposentos en que vive y está, ni se venda en tiempo alguno".

La historia la cuenta el investigador e historiador Omar Morales Abril en su ensayo "El esclavo negro Juan de Vera. Cantor, arpista y compositor de la Catedral de Puebla", incluido en el libro "Historia de la música en Puebla" coordinado por el maestro Helio Huesca y editado por la Dirección de Música de la poblana extinta Secretaría de Cultura.

El esclavo negro había llegado el 25 de noviembre de 1575 al Hospital de San Pedro, donde había sido nombrado capellán el sacerdote Francisco de Céspedes; Juan de Vera fue contratado y se habla de él como "su negrillo" de De Céspedes y se le contrató "por cantor de esta santa iglesia, con salario de otros sesenta pesos de oro de minas en cada un año".

Como comenta el historiador Omar Morales, Juan de Céspedes debió haber sido muy buen cantante, pues el entonces obispo Antonio Ruíz de Morales aumento a su amo y a él a cien pesos de oro de minas su salario; lo anterior, afirma el historiador, debió haber hecho valorar en mucho la voz del negro, a quien iba a retirar de la Catedral, donde canta en 1576.

El propio Morales Abril destaca lo que podríamos calificar como "descomunal" del precio del esclavo negro al citar que, en 1568, un buen esclavo de entre 16 y 35 años costaba "sólo" alrededor de 300 pesos. Antes, afirma el investigador, la Catedral había comprado ya dos esclavos: a principios de 1594 pagó 400 pesos por el esclavo Andrés y compró a Lucas por 450 pesos por ser "ayudante del escritor de libros de canto llano". Y cita que sólo en 1595 en la Catedral de la ciudad de México, se había comprado otro esclavo negro, éste por mil 500 pesos, pero el esclavo había "pagado" antes para alcanzar ese precio por su voz: había sido castrado. Si Juan de Vera era tan apreciado para el canto, como el mismo historiador sugiere, seguramente era o iba a ser castrado en el momento en que fue comprado.

El negro cantor llegó a ganar 80 pesos de oro de minas como cantor de capilla y 20 pesos corista; entonces el cabildo Catedralicio acordó "se le den al negrillo veinte pesos de minas de salario, porque 'punte' y aderécelos libros y misales de la iglesia".

Es muy probable que Juan de Vera cantara obras de Cristóbal de Morales, pero es más seguro que haya alcanzado a cantar composiciones de Gaspar Fernández, organista, maestro de capilla y compositor portugués que trabajó en la Catedral de Guatemala y, posteriormente en la de Puebla, a donde llegó en 1610, es decir, diez años antes de la historia del testamento que benefició al "negrillo cantor" Juan de Vera.

El historiador Omar Morales nos habla de las "negrillas", "chanzonetas que imitan la supuesta fonética del habla de los bozales, en un español imperfecto. La temática de estas chanzonetas presenta a los africanos —y por extensión a todos los negros, incluidos los criollos— con una serie de características estereotípicas: personajes alegres, inocentes, de risa fácil, simples, cariñosos, devotos, hábiles músicos y bailarines. Estos rasgos cómicos e infantiles solían remarcarse con la participación de los mozos, como lo evidencian los abundantes pagos en aguinaldo a niños cantores". Los tiples, que en el reciente "Festival de los tesoros de la Catedral" fueron cantados por mujeres, eran "la voz más aguda de la polifonía encargada a niños o capones", negros capados.

Compositor, cantante y arpista, el negro capado Juan de Vera pudo haber cantado también sus propias composiciones, las cuales no se han conservado, al menos con su nombre en Catedral poblana, así como las de otros maestros, europeos éstos: Frutos del Castillo y Pedro Bermúdez, además de Fernández.