Réquiem por Fidel

Fiel servidor de la "nomenklatura" caribeña, es un recorrido por el mundo de la intelectualidad hispanoamericana, tan cercana como alejada del sistema, “siempre en peligro”.
J. J. Armas Marcelo, "Réquiem habanero por Fidel", Alfaguara, España, 2014, 342 pp.
J. J. Armas Marcelo, "Réquiem habanero por Fidel", Alfaguara, España, 2014, 342 pp. (Especial)

Ciudad de México

1989 fue un año de gran importancia para la izquierda planetaria. Tres acontecimientos lo marcaron: la caída del Muro, las protestas libertarias en la Plaza de Tiananmen y las rupturas al interior de la dirigencia del régimen de la Revolución Cubana. Los dos primeros, difundidos mundialmente, en tanto que el tercero apenas ventilado en el exterior de la Isla, siempre a partir de las versiones oficiales. Incluso en la televisión cubana, los juicios y las sentencias infamadas a los dirigentes históricos Arnaldo Ochoa y Tony de la Guardia, recientes héroes de la presencia cubana en el continente africano, proyectó mucho de farsa y de laudo sacerdotal.

Veinticinco años después lo recuerda el canario J. J. Armas Marcelo (1946) en Réquiem habanero por Fidel, la que podríamos signar como la novela que cierra su “ciclo habanero”, tras la publicación de Así en La Habana como en el cielo (1998) y El Niño de Luto y el cocinero del Papa (2001). La nueva entrega, manojo de verosimilitudes expresadas por el agónico coronel en retiro Walter Cepeda, fiel servidor de la nomenklatura caribeña, es además un recorrido por el mundo de la intelectualidad hispanoamericana, tan cercana como alejada del sistema, “siempre en peligro”, surgido en la Cuba de finales de los 50.

Al presagiar el fin del líder, hecho intentado de manera violenta a lo largo de la historia (“un hombre que ha escapado a más de quinientos atentados de todos sus enemigos, un verdadero hijo de Changó, un luchador, un guerrero de los antiguos”), la narración personalizada en Walter Cepeda recorre una vida, la suya, al servicio de la Revolución. Siempre a partir de la mediación de Raúl (“Tú vas y eres mis ojos y mis oídos. Y me lo cuentas todo”), otro histórico y ahora al timón de la vieja embarcación. Tras los años, el no menos vetusto coronel (Gualtel, Papi, Mulatón) recibe la noticia de su hija desde Barcelona: “ya se secó el arbolito donde dormía el pavorreal”.

Sabio (“conozco La Habana como la palma de mi mano”), martiano (“he vivido en el vientre de la bestia y la conozco”), convencido (“si hay que hundir la isla antes de que aquí vuelva el capitalismo imperialista, se hace y más nada”), Walter Cepeda revivirá los sucesos entre el régimen y Guillermo Cabrera Infante, Virgilio Piñeira, Heberto Padilla, Norberto Fuentes, Lisandro Otero, Eusebio Leal, Manuel Vázquez Montalbán, Jorge Edwards, los viejos y nuevos trovadores y hasta “el mexicano” Carlos Fuentes, quien sería el autor del título “el bongosero de la Historia”.

La hora de las exequias ha llegado, anuncia novelísticamente Armas Marcelo.