Renovándose, las salas de lectura cumplen 20 años

Son reconocidas como programa modelo de difusión en América Latina por el Centro Regional para el Fomento del Libro en América Latina y el Caribe.
“Se deben reproducir con un esquema en el que se piensen bien funciones y alcances”: Ricardo Cayuela.
“Se deben reproducir con un esquema en el que se piensen bien funciones y alcances”: Ricardo Cayuela. (Especial)

México

El Programa Nacional Salas de Lectura se considera uno de los más exitosos que se han impulsado desde la Dirección General de Publicaciones del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (DGP-Conaculta), al menos en números y en experiencias: existen más de 2 mil 500 en todo el país y se le ha reconocido como un programa modelo para la difusión de la lectura en América Latina por el Centro Regional para el Fomento del Libro en América Latina y el Caribe (Cerlalc).

Sin embargo, ¿por qué se sigue diciendo que en México no se lee? El titular de la DGP, Ricardo Cayuela Gally, responde: “Porque si bien las salas de lectura sí generan un buen impacto, no deja de ser un esfuerzo acotado: 2 mil 500 para un país de 120 millones de habitantes; se deben reproducir con un esquema donde se piensen bien sus funciones y alcances”.

Para celebrar las dos décadas de existencia del programa, se lleva a cabo una serie de acciones sobre lectura que en el pasado no se tenían, desde una consulta pública sobre fomento vía internet, para preguntarle a la sociedad civil y a los mediadores cómo trabajan, cuáles son los programas, qué sugieren, hasta un estudio cualitativo en 76 salas de lectura.

“Y tenemos un censo, que nunca se había hecho, de buenas prácticas de fomento a la lectura: qué estado, qué instituciones de la sociedad civil, de la iniciativa privada, de distintas instancias del gobierno federal hacen programas de fomento, cómo funcionan, cuáles son sus características, qué antigüedad tienen, a qué población atienden.

“Con todos estos elementos ya podemos determinar si las salas de lectura, a 20 años de creación merecen continuar: cómo deben hacerlo, qué cosas hay que corregir, si la capacitación debe durar tanto tiempo o debe ser más breve. Los resultados son muy interesantes, además nunca antes se habían hecho indicadores: se hacen programas sin criterios serios y nosotros vamos a tener varios indicadores”.

Con esos estudios ya se trabaja en la elaboración de un plan de lectura que responda a las necesidades del país, destacó Ricardo Cayuela, el cual se podría presentar en el segundo semestre de 2015, en especial después del proceso electoral.

Historias de mediadores

Una de las principales características del Programa Nacional Salas de Lectura es la participación de los mediadores: representantes de la sociedad civil que asumen la responsabilidad de compartir su pasión por los libros, para lo cual reciben un acervo y la capacitación tanto para su manejo como para el fomento del hábito de la lectura.

“Hay gente que trabaja y pone su sala de lectura en un siquiátrico, en un reclusorio para mujeres, en la línea fronteriza, en una comunidad golpeada por la violencia o por la migración. Esa es una de las gigantescas virtudes: muchos de ellos son héroes que trabajan en condiciones que ni siquiera imaginamos”.

Sin embargo, para Ricardo Cayuela resulta fundamental el análisis en el que trabajan para impulsar las mejores condiciones de trabajo de las salas, en especial un seguimiento puntual para tener indicadores como cuánta gente las consulta, con qué frecuencia o qué tipo de talleres se llevan a cabo.

“Me llamó la atención en la consulta ciudadana que el 52 por ciento de los que participaron piden que en sus centros de trabajo haya préstamos de libros, con lo que se puede desarrollar un programa nacional inmenso para poner al servicio de los trabajadores bibliotecas itinerantes o salas de lectura en los centros de trabajo”.

De ahí la importancia de mantener el contacto con los mediadores de las salas de lectura, a fin de que se sientan obligados a generar un reporte sobre sus actividades, porque son trabajadores voluntarios.

Las virtudes de un esfuerzo

Las salas de lectura tienen tres grandes virtudes: hay un pacto de igualdad entre la Federación y las entidades, porque se deciden los programas de trabajo de manera igualitaria y la aportación de recursos se da de la misma manera; la segunda es que participa la sociedad civil de manera voluntaria, gratuita, cede su tiempo y su esfuerzo y crea “estas amibas contagiosas de la lectura que son las salas”, lo cual es clave y hay que mantenerlo.

“Un programa público de lectura que no tome en cuenta a la sociedad civil organizada está destinada al fracaso”, explicó Ricardo Cayuela, quien añadió que la tercera virtud es que se debe mantener la reingeniería en todo el programa de capacitación, porque “no se puede dar un acervo a alguien que no esté capacitado para compartirlo”, para enseñarlo, para transmitirlo, para cuidarlo”.