Renace la Sociedad Astronómica de México

Para levantar esta organización, la segunda más antigua de su tipo en el mundo, se han unido niños, adultos, alumnos y científicos; por ella pasaron personajes como Porfirio Díaz y 'Cri Cri'.
Alejandro Farah, el actual presidente de esta organización.
Alejandro Farah, el actual presidente de esta organización. (Ángela Chávez)

México

De ser una de las instituciones más importantes del mundo a estar al borde de la extinción: esa ha sido la trayectoria de la Sociedad Astronómica de México (SAM) durante sus 113 años de existencia. Pero ahora ha comenzado un nuevo episodio en el que niños, adultos, ancianos, estudiantes y científicos se han unido para reconstruirla.

El techo desplomado, las habitaciones inundadas y el penoso estado en que son guardados valiosos libros que datan incluso de 1800 hacían difícil imaginar que ese lugar hubiera sido uno de los más populares e importantes en sus épocas de esplendor: muchos años atrás había reunido a destacadas y diversas personalidades.

Se trata de la primera sede de la SAM, en la cual desde 2011 la sociedad civil y el gremio científico han trabajado para sacarla adelante, fortalecerla y devolverle la relevancia que alguna vez tuvo.

Fundada en 1902 por Luis Enrique Erro, es la segunda sociedad astronómica más antigua del mundo —la primera es la de Francia. "En sus inicios estuvo situada en el barrio bravo de Tepito, que entonces era la zona adinerada de la Ciudad de México; en la casa del fundador se hacían sesiones y en la Plaza del Estudiante sacaban telescopios para hacer reuniones públicas.

"La ciudad creció, hubo más luz y se decidió construir un edificio, la primera sede, en la colonia Álamos, que alberga el primer planetario de Latinoamérica, un taller de óptica y uno de mecánica, una biblioteca, un salón de arte y dos observatorios", relató en entrevista para MILENIO Alejandro Farah, académico que ha impulsado el rescate de la SAM y quien es su presidente actual.

"Por este edificio han pasado personajes como Amado Nervo, Luis Enrique Erro, Porfirio Díaz, Francisco I. Madero y Francisco Gabilondo Soler Cri-Cri, entre otros. En aquella época hubo un momento en el que la SAM llegó a tener más de mil miembros, con cuya cuota anual —de lo que hoy serían 800 pesos— subsistía. La SAM también hizo la primera revista de divulgación astronómica en América", destacó el también doctor en Diseño Mecánico por la Facultad de Ingeniería de la UNAM.

Posteriormente la SAM inauguró el planetario que se encuentra en el Parque de los Venados, en la Ciudad de México, y el observatorio que está en Chapa de Mota, Estado de México.

Rencillas y renacimiento

Sin embargo, en los años 90 empezó a haber rencillas entre los miembros de la Sociedad, que provocaron que solo permanecieran en ella cuatro socios, lo que condujo a que sus instalaciones quedarán prácticamente abandonadas durante 20 años.

Fue hasta 2009, cuando se celebró el Año Internacional de la Astronomía, "que me invitaron a dar una charla. Al ver que el estado del edificio era deplorable, me fui interesando en él poco a poco, junto con mis estudiantes; uno de ellos se hizo miembro, y dijo que yo podría entrar. Entonces los socios decidieron pasarme la estafeta en 2011 y empezamos la remodelación de todo", recordó Farah.

"Cuando llegamos, la biblioteca estaba inundada, el techo estaba en el piso y los libros estaban llenos de polillas y mojados. Lo primero que hicimos fue secar libros, limpiar, pintar, ensamblar paredes y colocar el techo. Al final ver los resultados es bonito.

"Posteriormente arreglamos el planetario, que estaba mojado, y lo bajamos para hacer un museo; mientras tanto la UNAM nos prestó el suyo, que es el que está instalado actualmente. Después decidimos resanar todo el edificio", comentó Farah.

Tras cuatro años de trabajo, que varios voluntarios han realizado los domingos de 11 de la mañana a dos de la tarde, el resultado es satisfactorio: además de la rehabilitación del edificio, ya se desarrollan varias actividades, como cursos, talleres, sesiones de telescopios y la enseñanza de la astronomía básica.

"Para el futuro queremos que este lugar tenga los recursos y la fuerza suficiente para que sea un museo vivo de la astronomía; 'vivo' porque seguiremos haciendo talleres y cursos, le daremos sentido a la educación desde la perspectiva de la ciencia, en particular de la astronomía. Eso es lo que queremos y lo que estamos empujando", comentó.

Farah añadió: "Nos mantenemos gracias a la ayuda de los socios, quienes estamos aquí, los que vienen y aportan con trabajo, tiempo y dinero —cuando pueden. Empujamos por ser una asociación civil en la cual el gobierno colabore, pero que no dependamos de él, porque luego los proyectos se llegan a caer sin esos recursos. Estamos tratando de ser autosuficientes y que la sociedad se mantenga en pie por sí misma (...) porque la SAM le hace honor a su nombre: es la Sociedad Astronómica de México", expresó.

Para terminar, invitó al público en general a que acuda a la SAM para que participe y sea parte del proyecto que le hace honor a su nombre "ya que es la Sociedad Astronómica de México".