El lado perverso del amor, las relaciones destructivas de la literatura

Borges, Bukowski  y Fadanelli son solo algunos autores que han escrito historias donde los personajes han llevado sus sentimientos hasta las últimas consecuencias. 

El amor es uno de los grandes temas de la literatura, son incontables las historias con final feliz,  pero ese sentimiento tiene un lado oscuro. Muchos escritores han construido sobre el desamor muchas de sus grandes obras, otros han optado por retorcer los sentimientos de sus personajes hasta llevarlos a la locura, cuando el amor enferma todo puedo suceder.

Aquí un pequeño recuento de los amores destructivos que han llevado a sus protagonistas a explorar los sentimientos más profundos de la naturaleza humana.


Henry Chinaski y Lidia, DeeDee, Tammie, Cecilia, Iris, Debra y Sara

El amor embriaga, la máxima de Henry Chinaski; el amor destruye, el amor construye. El amor tiene todas las fases y se manifiesta de todas las maneras posibles. Con dinero en los bolsillos, Chinsaki sale por ahí a ponerse a mano con las mujeres, es decir, a saldar viejas cuentas pendientes de un largo rato sin sexo, sin estar cerca de ninguna de mujer.

El sexo es importante en una relación, pero cuando se tiene genera otros demonios “el sexo sólo es una gran cosa cuando no se tiene”, es lo que ha aprendido de acostarse con mujeres adictas y enloquecidas, lo han intentado matar, le han robado, y parece no importarle. Todas tienen un encanto especial, pero está convencido que con ninguna de ellas podrá establecerse definitivamente.

Con todas bebe y pelea mucho, pero es bueno para su fase creativa, escribe, hace recitales de poesía donde conoce a más mujeres; Henry Chinaski se deja ir con la corriente, ninguna de ellas es la mujer correcta, tal vez nadie lo sepa hasta que ya es demasiado tarde.

Mujeres: me gustaban los colores de sus ropas, su manera de andar, la crueldad de algunos rostros, de vez en cuando la belleza casi pura de una cara, total y encantadoramente femenina. Estaban por encima de nosotros, planeaban mejor y se organizaban mejor. Mientras los hombres veían el fútbol o bebían cerveza o jugaban a los bolos, ellas, las mujeres, pensaban en nosotros, concentrándose, estudiando, decidiendo, si aceptarnos, descartarnos, cambiarnos, matarnos o simplemente abandonarnos. Al final no importaba, hicieran lo que hicieran, acabábamos locos y solos.

Mujeres es la tercera novela escrita por Charles Bukowski, protagonizada por Henri Chinaski, el personaje que aparecerá casi en la totalidad de la obra del escritor norteamericano.


Juan Pablo Castel y María Iribarme

El Tunel, una de las obras más existencialista de la literatura latinoamericana, fue escrita por Ernesto Sabato, reconocido Doctor en Física, profesión que a la postre abandonaría pues argumentaba que la ciencia irremediablemente llevaría a la destrucción del mundo.

La primera novela escrita por Sabato es una obra cargada de pesimismo, de un mundo que está a punto de venirse abajo, con personajes abrumados por sí mismos, desde el primer párrafo sabemos cómo acabará la historia, Juan Pablo matará a María.

Juan Pablo es un pintor que se obsesiona con una mujer de aspecto misterioso que le recuerda a uno de sus primeros cuadros, más como un enloquecido que como un enamorado, decide seguir a María hasta conocerla.

En la historia, el amor y la ternura se van degradando hasta convertirse en una obsesión suicida: “si me dejas me mato”. Ernesto Sabato escribió una novela plagada de reflexiones acerca de lo puramente humano que finaliza con un final trágico, como él lo era, un ser de tragedia. 

Bastará decir que soy Juan Pablo Castel, el pintor que mató a María Iribarne; supongo que el proceso está en el recuerdo de todos y que no se necesitan mayores explicaciones sobre mi persona.

Aunque ni el diablo sabe qué es lo que ha de recordar la gente, ni por qué. En realidad, siempre he pensado que no hay memoria colectiva, lo que quizá sea una forma de defensa de la especie humana. La frase "todo tiempo pasado fue mejor" no indica que antes sucedieran menos cosas malas, sino que —felizmente— la gente las echa en el olvido.

 

Benito Torrentera y Flor Eduarda

¿Qué será capaza de hacer un hombre solitario por una mujer joven con la que se ha enajenado? Máxime si supone una forma de redención de sí mismo, si ella representa la última oportunidad, el último tren para abandonar la ciudad de la soledad, sin importar que aquella sea hipócrita, ruin, perversa. Renunciará a todo, dejará de creer en sus convicciones. El amor puede con todo, y la obsesión un poco más.

Lodo de Guillermo Fadanelli es la historia de dos seres a la deriva, que perseguidos por la policía deciden huir a Michoacán, donde su suerte será fatal. La versión más retorcida del amor, él es un medio, ella es una vía de escape.

El amor disfrazado de sexo, a un paso de la perversión, es peligroso, un alma débil y sin voluntad no debería permitirse amar locamente, el amor requiere seres comprometidos con la fatalidad sin lamentos. Él terminará en la cárcel y ella en las sabanas de otro, el colmo será que él querrá la salvación de Eduarda, dirá que él ha sido culpable, es ese amor que embrutece, envilece y ni siquiera te lo agradece.

 

Eduardo y Cristián y Juliana Burgos

Los hermanos Nilsen, entregados a la farra y a los amores de burdel, tuvieron la desgracia de enamorarse de la misma mujer. A simple vista no parece ser algo tan fuera de lo común, salvo porque Juliana era la mujer de Cristián y la compartía con Eduardo, bajo el mismo techo y puede que hasta en el mismo lecho.

El amor combinado con el poco aprecio a la vida humana es un amor brutal, digno donde se habla mucho de dios y poco del hombre. Los hombres del campo no aman, poseen, como lo hacen con una carreta a o un caballo, el amor envilece, degrada.

Borges cuenta la historia de La Intrusa que sucede allá a finales de mil ochocientos, cuando el amor todavía no era amor. Dos hermanos, que lo único que tienen es el uno al otro, no pelean por Juliana, la comparten, seguros de que ninguno discutirá por ello.

Con el tiempo vienen las riñas, en el fondo se celan, ella ha caído como una maldición en la vieja finca desvencijada, la solución sólo es una: desterrar a Juliana, deciden venderla a un burdel.

Los dos simulan viajes a tierras ajenas, mentira tras mentira, los dos se ocultan para visitarla en el prostíbulo, tienen que parar esa locura antes de que algo malo les pase. Cristián va por Juliana, ha decidido que será de nadie, habrá de matarla y tirarla en el campo.

Orillaron un pajonal; Cristián tiró el cigarro que había encendido y dijo sin apuro:

-A trabajar, hermano. Después nos ayudarán los caranchos. Hoy la maté. Que se quede aquí con suspilchas, ya no hará más perjuicios.

Se abrazaron, casi llorando. Ahora los ataba otro círculo: la mujer tristemente sacrificada y la obligación de olvidarla. 

 

Arturo Bandini y Camila López

Charles Bukowski supo que había encontrado algo único cuando descubrió Pregúntale al polvo de John Fante.  El mundo de Arturo Bandini es el mundo de  la Gran Depresión, de mantenerse a salvo y aprovechar cada oportunidad. Bandini es el más inmaduro de los escritores jóvenes, apenas ha escrito un solo cuento pero ya sueña con pasar a la historia como uno de los mejores escritores que la humanidad haya visto, lo cual significa una cosa: ha vivido muy poco.

Arturo es un joven ítalo-americano que vive en Los Ángeles, sueña con ser escritor, pero vive atrapado en la mediocridad de su vida. Sin un empleo fijo decide probar suerte en otra parte de la ciudad, es ahí donde conoce a una camarera mexicana llamada Camila López, de la cual Bandini queda prendado al instante. Camila tiene dos facetas, por un lado es tierna y dulce, y por el otro es destructiva, la cara que le presenta Arturo.

El amor de Arturo y Camila es el de dos almas desoladas, perdidas en sueños de lo que sería la felicidad. Ella desaparece en la inclemente profundidad del desierto, Arturo, que ya ha publicado su primera novela, escribe una dedicatoria en un ejemplar y lo va abandonar al desierto, en el camino por el que ha desaparecido la mujer que amaba.

—Buenas noches —dije—. Hace una noche espléndida. No me importa caminar.

—Espero que no llegues muy lejos —replicó Camila—. Espero que por la mañana te encuentrenmuerto en cualquier callejón.

—Se hará lo que se pueda —dije.

Nada más arrancar oí que se le escapaba un sollozo, un grito de dolor. Una cosa estabaclara: Arturo Bandini no estaba hecho para Camila López.