Reivindican relevancia histórica del art déco

A principios del siglo XX el estilo fue relegado de los museos para situarlo en las disciplinas decorativas, afirma el curador británico Tim Benton.
Raymond Delamarre, "Mowgly. El libro de la selva", 1927, laca, lámina de metal y yeso, colección particular.
Raymond Delamarre, "Mowgly. El libro de la selva", 1927, laca, lámina de metal y yeso, colección particular. (Cortesía Fundación Juan March)

Madrid

Los museos de arte moderno del mundo deben reconsiderar su postura sobre el art déco, sobre el diseño funcional y una serie de creaciones que se ha dejado fuera de sus salas, ya que la museografía del siglo XX los apartó de ellos por un prejuicio conceptual que los ha mantenido alejados de la consideración de la gran historia del arte mundial, afirma el historiador del arte Tim Benton.

Profesor emérito de la Open University de Reino Unido, Benton es curador asesor de la muestra El gusto moderno. Art déco en París, 1910-1935, que se exhibe desde este fin de semana en las salas de la Fundación Juan March de Madrid.

“La manera de llevar a cabo esta reconsideración —sostiene el experto en entrevista con MILENIO—, es teniendo en cuenta algunos planteamientos del posmodernismo, donde el art déco tiene una relevancia histórica muy importante, pues se trata de una cuestión que tiene que ver con la relación entre el diseño funcional y el arte. En muchos museos, en especial en Estados Unidos, todo lo que tenga que ver con esta relación desde finales del siglo XIX hasta hoy se expone teniendo en cuenta tanto objetos de mobiliario y diseño como pintura y bellas artes, y se trata de recrear incluso ambientes con muebles, pinturas, cubertería, objetos de vidrio y cerámica. Algunas grandes colecciones de arte moderno se basan en el principio de que junto a las grandes piezas maestras de artistas como Cézanne, Van Gogh o Picasso, debe haber objetos de uso práctico de todas las culturas, cosas de carácter cotidiano. Así que hay una tradición en ese sentido, pero ha sido con la llegada del modernismo cuando esa idea se rompió, y es ahí donde los museos de arte moderno tienen un problema y es donde creo que debe haber un cambio”, explica Benton.

Otro ejemplo de esta ruptura museística se da incluso en algunos recintos mexicanos, donde, sugiere, “debería hacerse un cambio parecido, situando a artistas de la escuela mexicana de pintura junto con otras tradiciones del modernismo”.

El mayor ejemplo de esta necesidad de cambio se puede apreciar en el Museo D’Orsay de París, el cual, detalla Benton, posee una colección que comprende de 1840 a 1914. “En su origen era un museo de civilización, y contemplaba objetos funcionales o artes decorativas con pintura y bellas artes, y querían mostrar todo de una forma unitaria, pero hubo un cambio y se decidió separar el arte del diseño, aunque en origen incluso la pieza central del hall del espacio era una máquina de vapor, y en la entrada habría una locomotora. Así que esos objetos de producción industrial iban a dominar el espacio”, relata.

En cuanto a los principales factores que eclipsaron la inclusión del art déco en la historia del gran arte mundial, Benton menciona las vanguardias de comienzos del siglo XX, que hacían hincapié en romper con el arte burgués y proponían un nuevo concepto de belleza o una “antibelleza”.

“Por ello”, sostiene, “el art déco se vio desplazado y despreciado, a pesar de que recuperaba un concepto de belleza que podía agradar a todo tipo de personas, pero al incluir objetos ornamentales, de moda y utilitarios, fue enmarcado fuera del gran arte y situado en las artes decorativas. Lo que llamamos hoy art déco se ha contrapuesto siempre al movimiento moderno, aunque ambos son reacciones a la modernidad, y debemos comprender que el art déco tiene un gran valor en sí mismo por la calidad de sus productos, por su poética y por su respuesta simbólica a la modernidad y como complemento necesario al movimiento moderno en arte, arquitectura y diseño, en el que participaron la mayoría de los pioneros del estilo moderno”.

La muestra de la Fundación March de Madrid se concentra en el momento de eclosión del déco, entre 1910 y 1935 en París, e incluye 350 piezas de 128 artistas —de Picasso, Fernand Léger, May Ray o Juan Gris, a Jacques-Emile Ruhlmann, Jean Dunand, Pierre Legrain, Cartier y Gabrielle Chanel, entre otros— con piezas de pintura, escultura, fotografía, gráfica, dibujo, joyería, orfebrería, muebles y moda.

“Se trata de mostrar un momento de la historia del arte sincrético y seductor, que se alimentó en gran parte de otros estilos como el neoclasicismo, el cubismo, el arte egipcio, africano, japonés y chino, de la Sezession vienesa y el art nouveau, que manipuló en una dirección determinada: la de la simplificación enfática y la propaganda, convirtiéndose de alguna forma en el estilo de la mercadotecnia y del consumismo de mediados del siglo XX.

Manifestaciones de esta tendencia en México

Como parte de las diez lecciones del curso sobre art déco que dio en el Museo Alberta de Canadá, Tim Benton incluyó en una de ellas todo lo referente a ese movimiento artístico en Latinoamérica, y una buena parte de esa lección, dice, tenía relación con México.

“Ahí –señala– hay sobre todo gran cantidad de edificios inspirados en el art déco, y ya no hablemos del Palacio de Bellas Artes, que es una auténtica joya en sí mismo; pero también muchas casas del barrio de la Condesa construidas en los años 30 del siglo XX, y también muchos ejemplos de decoración de interiores que por supuesto venían dados por la gran influencia que ejercía la capital francesa, sus modistos, sus revistas de moda y algunas celebridades que fueron conocidas ahí por una clase media muy bien educada que con seguridad había viajado a París, donde conoció ese movimiento y se dejó influir por él”.