Rehabilitar piezas de caña es una misión delicada: experto

El reparar estas imágenes religiosas es algo enriquecedor, tanto por la devoción popular como por su fragilidad, dijo René Rodríguez.
El rostro tiene algunos daños.
El rostro tiene algunos daños. (Gustavo Mendoza Lemus)

Guadalupe

Trabajar en la restauración de un Cristo de caña de maíz no es cualquier cosa, incluso su trato debe ser tan delicado como si se tratara de la recuperación de una persona viva.

En el noreste de México hay tres figuras de Cristo fabricados bajo la técnica de la caña de maíz: el Señor de la Expiración, en Guadalupe; el Señor de Tlaxcala, en Bustamente; y el Señor de la Capilla, en Saltillo, Coahuila.

El restaurador regiomontano René Rangel trabajó con la imagen de Saltillo en el 2003, un proceso que muy enriquecedor para su experiencia pero también una misión delicada, tanto por la fragilidad de la pieza como por la devoción popular que genera.

“El miedo de trabajar en una pieza así era por la gente, nos decían: ‘ahí se la encargo’ o ‘tenga mucho cuidado’ casi como se tratara de una persona”, refiere René Rangel.

La pieza que se encuentra en el  Santuario de la Expiración, en Guadalupe, Nuevo León, presenta daños debido al tiempo e incluso tiene una pequeña fractura en el dedo índice de la mano derecha.

LA TÉCNICA

A los cristos de Bustamente, Guadalupe y Saltillo se les llama cariñosamente los tres hermanitos, pues llegaron simultáneamente a la región, en un periodo comprendido entre finales del siglo XVII y comienzos del XVIII.

La técnica de modelado utilizado en estas piezas resulta de una pasta obtenida de la caña del maíz la desarrollaban principalmente los purépechas, quienes hacían a sus ídolos religiosos bajo este proceso lo que volvía a las piezas resistentes y muy ligeras.

A la llegada a Michoacán los franciscanos quemaron los ídolos pero se quedaron la técnica de los pobladores locales, logrando establecer una escuela de escultura utilizando la caña de maíz.

“Son piezas muy delicadas que difícilmente hoy encuentras expuestas al público.

“Se les llaman de caña de maíz porque la pasta se obtiene del bagazo (corteza) de la planta que van amalgamando con baba de nopal, sábila y algo de cal, algo que ellos llamaban un molote. El resultado es un volumen que semeja el corcho, muy ligero”, explica el restaurador.

El trabajo de Rangel con el Señor de la Capilla, en la capital coahuilense, le permitió conocer a fondo la fabricación de estas piezas, gracias a que se realizaron diversos estudios como radiografías y análisis estatigráficos, pues ante todo se trata de una pieza de material orgánico.

Una de las peculiaridades del material es que al exponerlo al calor éste cobra movimiento, es decir, se puede mover la espalda o las manos si aumenta su temperatura.

En el caso del Señor de la Capilla se atendió una fractura en el brazo izquierdo

“Este trabajo nos llenó de orgullo por la pieza, pero principalmente por el fervor de la gente”, detalló Rangel.

HAY MÁS EN COLECCIONES

A decir del restaurador en las colecciones privadas de Nuevo León existen algunos Cristos de caña de maíz, algunos antiguos aunque también hay otros más contemporáneos.

En su labor, menciona René Rangel, le ha tocado intervenir en al menos 15 figuras del mismo tipo.

“Sí hay (en las colecciones privadas), algunos nuevos pero otros contemporáneos que hicieron a comienzos del siglo pasado”, comenta.

Incluso mencionó que en una pequeña capilla cercana al centro histórico de García existe otra pequeña figura, también trabajada en esta técnica prehispánica.