Una creatividad inmarcesible /I

'Regreso a casa' es una obra muy personal, con la que Oliveira exorciza, a los 92 años, sus demonios: el miedo a la muerte, a la soledad y al desamor.
Lección rica en emociones.
Lección rica en emociones. (Especial)

Manoel de Oliveira era un anciano cuando realizó Regreso a casa, una película que muestra una profunda concepción sobre la vida, la vejez y la constante presencia de la muerte.

La primera secuencia es la representación de una obra de teatro en la que trabaja Gilbert, el personaje principal —un actor con prestigio querido por el público—, y funciona como metáfora sobre las contradicciones que nos depara la existencia.

En la obra se plantea la vida de un rey que en su juventud tuvo más de mil batallas, que estuvo cerca de la muerte pero siempre salió victorioso. Ahora, en su decrepitud, discute con la reina una situación por la que sufre: su edad, pues apenas puede sostener su cetro y se ha vuelto como un niño recién nacido para terminar recriminando: "¿Para qué nací, si no iba a vivir para siempre?".

Regreso a casa es una obra muy personal, con la que Oliveira exorciza, a los 92 años, sus demonios: el miedo a la muerte, a la soledad y al desamor, para obtener una historia plagada de hábitos que resultan una lección rica en emociones ligadas a la humildad pero, sobre todo, a la inteligencia.

En medio de la representación, Oliveira corta a dos hombres trajeados que entran a la sala del teatro, se asoman, salen y esperan tras bambalinas a que termine la obra; por su comportamiento, pensamos que son policías. La situación está resuelta con un suspenso que nos recuerda a Hitchcock, pues la llegada de la policía significa malas noticias.

Al terminar la obra, Manoel de Oliveira sitúa la cámara en bambalinas, con los hombres de traje en segundo plano, mientras vemos la salida y entrada de los actores que reciben los aplausos. Nosotros, espectadores del filme, estamos atrapados porque queremos saber la noticia de los heraldos. Por fin, uno de ellos se lleva a Gilbert al camerino mientras el otro informa a los compañeros que traen malas noticias, pues la esposa, la hija y yerno de Gilbert acaban de morir en un accidente automovilístico.

El arranque de la historia no podía ser más emotivo, pues nos enteramos de lo sucedido sin ver a Gilbert; eso quiere decir que Oliveira escoge con fineza cómo va a presentar los acontecimientos y, porque tiene muy clara su intención, evita el melodrama ramplón.

Existir conlleva una paradoja, y el principio de Regreso a casa es un ejemplo contundente, pues Gilbert, actor de gran trayectoria, a punto de ser octogenario y que se sabe cerca de la muerte, recibe una pésima noticia que suponemos cambiará lo que le queda de vida.

Regreso a casa (Portugal y Francia, 2001), dirigida por Manoel de Oliveira, con Michel Piccoli y John Malkovich.