Recuerdan a Garibay a 15 años de su muerte

Cada vez hay más coincidencia entre los críticos de que se trata de un autor fundamental de la literatura mexicana del siglo XX.
Rafael Pérez Gay, Josefina Estrada y Francisco Hernández, durante la presentación.
Rafael Pérez Gay, Josefina Estrada y Francisco Hernández, durante la presentación. (Claudia Guadarrama)

Ciudad de México

Y a casi transcurrieron 15 años de la muerte de Ricardo Garibay (1923-1999) y aún hay quienes recuerdan, y por supuesto lo reprochan, que no formó parte de El Colegio Nacional ni de la Academia Mexicana de la Lengua, y tampoco se le entregó el Premio Nacional de Ciencias y Artes.

Ya pasaron tres lustros, sin embargo, el reconocimiento de algunos parece crecer, como cuando Rafael Pérez Gay, Francisco Hernández, Guillermo Vega Zaragoza o Josefina Estrada coinciden en que se trata de uno de los autores fundamentales en la literatura mexicana del siglo XX, o que cualquiera que desee dedicarse al periodismo o a la ficción literaria debería tenerlo como uno de sus autores de cabecera.

“Un rasgo inconfundible de su carácter fue crear otro lenguaje: uniendo, cortando, separando, borrando acentos o consonantes devoradoras de vocales, obligándonos a fijar nuestra atención, a leer con todos los racimos de nuestras pupilas, porque corríamos el riesgo de no entender nada y quedar como verdaderos idiotas”, en palabras del poeta Francisco Hernández, uno de sus más cercanos hasta el último momento de vida de Garibay.

Con la presentación del volumen Ricardo Garibay. Antología (Cal y Arena, 2013) —una selección de  cuentos, memorias, crónicas y semblanzas a cargo de Josefina Estrada— se recordó en la sala Manuel M. Ponce del Palacio de Bellas Artes la vida y la obra del escritor hidalguense a 15 años de su partida.

Ante la presencia de los hijos de Ricardo Garibay, Ricardo y María, Rafael Pérez Gay definió al cronista como uno de los escritores fundamentales del siglo XX mexicano, si bien su obra cruzó el tiempo de las letras mexicanas dominada por una paradoja: “la rara contradicción que se enquistó en la vida de Garibay cuando decidió ser parte del selecto círculo de escritores que también eran un personaje.

“A ese personaje se le debe lo más notable de su obra; tiene también la maldición de los autores prolíficos y las agitaciones de una vida larga, extravagante, feliz. Su aliento declarativo alardeaba, hablaba muy bien, conocía el español como muy pocos escritores”, destacó el también editor.

SISMOS Y ESPINAS

En la sesión, que también contó con una adaptación escénica del cuento “María Antonieta”, dirigida por Xavier Villanova, quien actuó al lado de Leonora Cohen, Francisco Hernández leyó un texto, en forma de una carta, pero también de una serie de preguntas sobre por qué nunca perteneció a la Academia Mexicana de la Lengua, o por qué no lo distinguieron con el Premio Nacional de Ciencias y Artes.

“¿Creyeron que así lo iban a arrinconar? Nada lograron, tal vez porque desde niño lo suyo era la riña y no hacerle caso a algunos despistados que pretendían alejarlo de la creación. Usted lo expresó claramente ‘es necesario pelear, incluso en contra nuestra o de la mujer amada o de los amigos entrecomillados o de los presuntos vejetes acomodaticios’.

“Si la vanidad está tan ligada como defecto a su persona, por qué pasan por alto la de Octavio Paz, Carlos Fuentes o José Luis Cuevas: esto en nada disminuye su capacidad de artistas óptimos, dueños de una incansable lucidez”.

Guillermo Vega Zaragoza recordó que  Ricardo Garibay nunca llegó a ser lo que quería y debió por derecho propio ser un escritor reconocido arrolladoramente, premiado y aplaudido por un público unánime, “en punta de los que conforman su generación y de los que vinieron después y no alcanzaron a forjar un estilo tan propio, una prosa de cadencias bravas, ‘un amor tan perfecto al oleaje feliz de las palabras’, como lo definió Leñero”.

Más allá de evocar la personalidad del escritor, su carácter, su fama de hosco, la idea del acto en Bellas Artes fue recordar que detrás del personaje había una obra que conmovía, como lo hizo Francisco Hernández cuando leyó por vez primer Beber un cáliz, cuando “el páncreas de mi padre aún no estaba listo para entregarse con los brazos abiertos a un cáncer veraniego”, una obra que “me estremece, me agrieta más que Algo sobre la muerte del mayor Sabines”.

OBRA PARA APROXIMARSE AL ESCRITOR

Muchas de las obras de Ricardo Garibay ya resultan muy difíciles de conseguir —fue autor de casi 50—, de ahí la importancia del volumen Ricardo Garibay. Antología, que se compone de más de 600 páginas, en las que Josefina Estrada presenta cuentos, memorias, crónicas, semblanzas, diálogos y paraderos literarios que marcan etapas significativas en la vida de Garibay, así como reflejan su capacidad para retratar personajes populares y compartir con los lectores el lenguaje de los mexicanos, tanto de la clase alta como la de los estratos sociales más bajos.

“Hay libros que nos acompañan, crecemos con ellos y respetamos al autor; como escritora que soy, como egresada de periodismo, como egresada de los géneros de la crónica, el reportaje, la entrevista… sin duda es mi maestro y debe serlo de todos los que ejercen este oficio. Si no, simplemente para los lectores, que él fue un gran lector, y por eso es un gran escritor. Como bien le escuché alguna vez a Francisco Hernández, ‘leer y escribir son las alas de un mismo pájaro’”, a decir de Josefina Estrada, convencida de que cuando muramos todos los que no gozamos su carácter o mal carácter, ahí va a quedar la obra.

“No me queda duda que será un clásico. No puede entenderse la literatura mexicana si no está Garibay. Tendría que haber un hueco y habría que llenarlo”, aseveró.