Recuerdan al poeta Efraín Huerta en Bellas Artes

En el acto realizado en la sala Manuel M. Ponce participaron Jorge F. Hernández, Mónica Mansour, Francisco Hernández y Rafael Aviña.
“Siempre luchó por la libertad de todo: la palabra, la igualdad...”
“Siempre luchó por la libertad de todo: la palabra, la igualdad...” (Claudia Guadarrama)

México

Ayer a medio día, el Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA) rindió un homenaje al poeta mexicano Efraín Huerta por el centenario de su nacimiento.

En el acto, realizado en la Sala Manuel M. Ponce, del Palacio de Bellas Artes, participaron los escritores Mónica Mansour, Jorge F. Hernández y Francisco Hernández, así como el guionista cinematográfico Rafael Aviña.

Al término de la mesa de diálogo, en la que los ponentes destacaron distintas facetas de Huerta, la soprano Lourdes Ambriz y la pianista Yolanda Martínez deleitaron al público asistente con un concierto llamado Siete poemínimos, compuestos por Enrique González Medina, a partir del autor de la obra Los hombres del alba. 

Al cuestionar a Jorge F. Hernández sobre el quehacer poético de Efraín Huerta, éste dijo previo a que iniciara el homenaje que esencialmente su obra es profundamente honesta: “Cuando una persona escribe con honestidad ante la página en blanco, o se para delante de un foro sindical y reconoce que hay una injusticia, y que hay que pelear por mejores sueldos, esa persona transmite un mensaje que se llama la verdad”.

Para el autor de novelas como La Emperatriz de Lavapiés, Huerta fue un militante de la palabra: “Mucho más allá de que haya pertenecido al Partido Comunista, lo que él hacía era pelear en la trinchera de los párrafos o en los llanos de los versos, y saber cuajar, muy bien medidos, fuera en decasílabos o en la libertad a rienda suelta, los sentimientos, los verdaderos sentimientos de la nación”.

El poeta Francisco Hernández definió los versos de del autor de Poemas de guerra y esperanza y La rosa primitiva de la siguiente manera: “Hay una frescura muy irónica, inagotable de Efraín Huerta que a mí me atrae mucho. Además que su sensualidad —si pudiéramos llamarle así—, o su sexualidad es parte de esa ironía. Los poemínimos son como el resumen de una larga actividad literaria que desembarca en esas pequeñas joyas”.

Según Hernández, el también autor de Estampida de poemínimos, Transa poética, Estampida de Poemínimos y Dispersión total, entre otros, la vigencia de la obra de Efraín Huerta esta muy presente, “tan vivo como los grandes poetas mexicanos; donde lo abras te vas a encontrar un texto o algo que bulle; o un libro como Los hombres del alba, que sigue ahí”.

La autora Mónica Mansour comentó que Efraín era un hombre muy sabio y culto, lleno de amor y de humor, y mostraba ampliamente sus conocimientos y sus sentimientos de la misma manera que se interesaba por las ocupaciones de los otros.

Mansour dijo que lo que más llamó la atención a su generación de la obra de Huerta, “lo que más entendimos porque era nuestra inquietud y objetivo y que Efraín lo tradujo en palabras precisas fue el amor a la libertad y justicia. Ese amor que guió si vida hasta el último instante. Siempre luchó por la libertad de todo: la palabra, la igualdad, la justicia, la humanidad, la conciencia, el mundo y muy especialmente la temerosa y vibrante llanura de las sombras que es nuestra patria, como la describió en Amor, Patria mía”.         

El guionista de cine Rafael Aviña recordó el papel de Farsa trágica del presidente que quería una isla y La raíz amarga como crítico cinematográfico: “Cuando uno lee las críticas de cine de Efraín Huerta, muchas de ellas parecían un compendio. Debe haber escrito miles y miles de críticas de cine, no todas estaban firmadas con su nombre, y por dos elementos que son esenciales y que sin ellos un crítico de cine está muerto: el oficio de escritor, del periodista, y por otro lado la cinefilia, o sea, la cinefilia de Efraín era algo sorprendente, era algo brutal”.