Raúl Renán: “El poeta nunca muere, nunca se acaba”

Próximo a sus 90 años, el escritor yucateco mantiene su actividad poética porque asegura que leer y vivir le dan material constante para escribir poesía

México

Raúl Renán nació en Mérida, Yucatán, en 1928. Poeta, narrador y editor ha sido coordinador de talleres literarios, editor de Papeles (pliego seriado de literatura); autor de la colección Fósforos (cajas de poesía breve) y de la revista Ensayo; fundador de El Gallo Ilustrado; director fundador y editor de La Máquina Eléctrica Editorial. En su honor se creó 1998 en Mérida el Premio Nacional de Poesía Experimental Raúl Renán; es Creador Emérito desde 2011, Medalla Yucatán 1987 y Premio Antonio Mediz Bolio 1992.

¿Cómo era tu familia, tu infancia en Mérida?

Nací hace mucho tiempo en una familia irregular. Pero estoy contento de haber nacido en esa época porque representa el lujo de mi ciudad, la Plaza Mayor, la Plaza Real, sus bancas verdes, sus plantas hermosísimas y floridas. Me llevaban a la Plaza Mayor a que me vieran y a que yo viera, como se usaba entonces. Como no tenía papá sino tutor, todos decían, “Ahí va elheredero”. Mi tutor era un señor moreno, campesino, yo era hijo de un europeo blanco, el contraste tremendo no se lo explicaba nadie. Mi familia europea jamás estuvo conmigo, los vi dos meses en mi vida, nada más, y desaparecieron.

¿Quién te enseñó a escribir?

Mi tutor me contaba que él quería aprender a leer, para leer la Biblia, la tenía ahí sobre la mesa. Lo que hizo fue comprarme libros para que leyera y cuadernos para que aprendiera a escribir. Esos cuadernos con hojas de doble raya para que dentro estuvieran las letras.

¿Cuáles fueron tus primeros libros de lectura?

Fue la Biblia porque estaba cerca, y el diccionario, porque eran elementos que usaba mi tutor para leer lo que podía. Yo lo hojeaba, encontraba alguna palabra extraña; me encantaba eso de que las palabras tuvieran una explicación o revelaran su significado. Si ves un libro de manera virginal es una maravilla. ¿Cómo es posible tanta historia en libros monumentales, sin conducto más que el alfabeto? Tiempo después mi tutor llevó Lecciones de las cosas; le gustó el título. Me marcó muchísimo y he escrito varios libros sobre las cosas”. Mi primer libro se llama De las queridas cosas, era un amor a las cosas, su existencia, el material... Empecé a copiarlo, así iba aprendiendo a leer y a escribir imitando algo que existía y que tenía autorización puesto que era un libro.

¿Qué música te acompañaba?

La música de autores yucatecos que son poetas.“Peregrina” es muy significativa; es la época de Felipe Carrillo Puerto, de su amor con Alma Reed, de lo que hicieron durante todo ese tiempo. Marca una época de manera muy brillante, inolvidable incluso para sus enemigos. Felipe Carrillo se la encargó a un poeta que viajaba con él de un lugar a otro; le dijo: “Escribe un poema dedicado a la periodista Alma Reed. Tienes que decir que no es yucateca, que es extranjera, y es parte de nuestra historia”. Era el amor de su vida.

¿Por qué decides venir a la Ciudad de México?

En Mérida estudié Derecho, unos cuantos meses nada más. En ese momento estaba asociado con un grupo de amigos, jóvenes escritores, juntos hicimos una revista de literatura, Voces verdes se llamaba, causó novedad, hacía mucho tiempo que no se escribía literatura. Otros amigos estaban en la Ciudad de México, en el periodismo o haciendo libros. Viendo yo que no avanzaba, no evolucionaba, les dije a mis amigos que me iría a México. Era pobrísimo, no tenía dinero para moverme ni irme en autobús, entonces apareció una historia muy bonita con el grupo de Teatro de la Ciudad. Había un concurso aquí en México y alguien me dijo: “Tú Raúl, vente con nosotros, has tu maleta, ve quién te regala ropa, vámonos, tienes que irte del sur, es la última oportunidad”. Tenía 30 años, así como estaba me vine a México. Un amigo pintor casado con yucateca me invitó a vivir en su casa. Yo llevaba una tarjeta dirigida a Andrés Henestrosa, Director de Literatura en esa época. Mi amigo pintor llamó a otro escritor y le dijo: “Tengo aquí a un joven yucateco que quiere trabajo”. Ese mismo día entré a trabajar en Bellas Artes. De esas dimensiones es el ángel que me cuida, todo lo tuve enseguida, no pasé necesidad de ninguna índole.

Háblanos de tus primeros escritos.

Publiqué 12 cuentos en Mérida, porque empiezo como cuentista y como cuentista hay ciertos rasgos de poeta. Fundo una editorial, La Maquina Eléctrica, y en ella publico mi primer libro de poesía, Lámparas oscuras. La poesía era algo que yo traía adentro, el problema fue que la gente preguntó por qué publicaba tan grande, ya tenía treinta y tantos años. Supongo que mi relación con la gente de manera interesada nunca se me ha dado. Tengo material pero no tengo política. El escritor, el artista, tiene que tener un grado de política para que haga relación con los demás y se le reconozca.

¿Cómo recibió la crítica tus cuentos: “Una mujer fatal y otra”, “Oasis”, “Los libros del faquir”, “Los niños de San Sebastián”, entre otros?

Todo mundo creía que era un cuentista y lo reconocían; incluso el propio José Emilio Pacheco me decía: “Cuando leí tus cuentos dije, éste es el gran cuentista que viene”; bueno, me jaló la poesía; me dediqué a escribir y a resolver mi problema interior como poeta.

¿Qué significó resolver tu problema interior como poeta?

Está cargado de cosas primarias, fundamentales, de algo que forma parte del yo y que lo he convertido en libros, llevo más de 30 libros. Es material para escribir, eso no se deja, no se hace a un lado. De pronto aparece una imagen, una palabra y digo, este es un libro que puedo escribir, me doy cuenta enseguida. Por ejemplo, crecí en un barrio, el más pobre de mi ciudad, donde era muy famoso el grupo de golpeadores que defendía la zona como propiedad suya. Sabía que escribiría el libro sobre ellos, como homenaje. Hasta 1999 sale una novela biográfica, El río de los años. Los pateadores de San Sebastián.

¿Cómo es vivir siendo poeta?

Todo está representado por eso, esa esencia muy significativa que me define como ser vivo actual y presente en lo que vive, hace y piensa. Por ejemplo: tengo tres libros en imprenta, y escribo otro. Tiene que ver con el twitter @RaulRaulrenan2, estoy regresando al Haiku.

A veces la voz del poeta se seca. ¿Tú lo has vivido?

No, no se seca, es que no leen ni viven, porque la lectura y la vida están dando material constante para escribir poesía. En secundaria, un maestro de literatura nos decía, “Hay que leer la poesía clásica, ahí está la biblioteca en la escuela, consúltenla”. A nadie se le ocurrió ir, a mí sí. Me encontré con los poetas españoles clásicos, me sorprendieron, “¡No puede ser que exista gente escribiendo esto, qué belleza!”. Todavía me conmueve pensar en Quevedo, Góngora, esos fueron mis grandes maestros. Empecé a escribir sonetos, era la fórmula que representaba al que verdaderamente era poeta, muchos se quedaban en el camino, yo escribí hasta que terminé un libro de sonetos y lo que uso para mis clases, les digo: “Lean un soneto y hablamos de la poesía que pueden hacer”.

Raúl, no has dejado de ser maestro y dar talleres para jóvenes, ¿por qué te importan tanto los poetas jóvenes?

Es la parte de resolverme a mí mismo. Es darle a mi joven interior material para hacerse, nunca termina uno, jamás, no importan los años, estoy en esa hechura todavía. El poeta nunca muere, nunca se acaba.

Cuéntanos de 'Emérita', esta bella publicación sobre tu ciudad.

Ahora voy casi todos los años a mi tierra, pero antes tardaba hasta tres años en volver allá. Un día llego y me dan un libro dedicado a Mérida, me empecé a buscar. Pero no estaba yo ahí, me llené de coraje y dije voy a escribir un libro sobre mi ciudad. Escribí Emérita que es el nombre original, lo emérito es lo grandioso, lo más clásico. Nadie ha escrito un libro de poesía sobre Mérida.

'Rostros de ese reino' fue ilustrado con imágenes inéditas del Fondo Cristológico de estampas grabadas y litografías “Los Venados”. En él te acercas a Dios.

Es esa deuda que yo tenía, me llevaban a la iglesia una o dos veces a la semana, y veía las figuras espléndidas, arte puro; y de pronto empiezan a aparecer las imágenes sobre Cristo, y hay que escribir un libro completo, hay que escribirlo, son poemas breves. Muchos por pudor no lo comentan, no reconocen sus orígenes, y muchos lo exaltan. Por ejemplo, mi libro El silencio de Homero es un atrevimiento de escribir los poemas que Homero no pensó o que hizo a un lado porque la materia es riquísima, profunda. Yo me metí en los resquicios llenándolos. Hay un poema, “Contra la guerra”, es de una utilidad extraordinaria en este momento. Otro libro es Herida dos yoes, una autobiografía sobre mi infancia, un poema de 70 páginas mecanografiadas. Es mi yo y mi otro yo que se discuten, se apoyan por algo indebido o propio. Siempre tenemos un doble.

¿Qué les dirías a los poetas actuales?

Que no desperdicien su vida, toda su vida es poesía, váyanla cerrando poco a poco a ver si pueden darse vida para terminar.

¿Qué sueña Raúl Renán?

Vienen a mi mente personas con las que he vivido y que he conocido; me llena de gusto verlos, pero son ya del pasado, vuelven al presente cuando está uno durmiendo. Sueño en México, mi país, mi vida...