De realismo y deformación

Rafael Aguirre al abordar la figura humana y el retrato donde con mayor claridad se hacen evidentes las carencias dibujísticas y pictóricas de este autor.
Obras de Rafael Aguirre.
Obras de Rafael Aguirre. (Especial)

Torreón, Coahuila

Quien haya visitado en días pasados la sala de exposiciones temporales del Museo Regional de La Laguna, el que se encuentra en el Bosque Venustiano Carranza, pudo ver en sus paredes una muestra temporal conformada por numerosos cuadros realizados por Rafael Aguirre, uno de los autores consentidos de las clases pudientes de la región.

Fue una especie de retrospectiva para celebrar sus primeros cuarenta años de carrera artística, pues ahí se reunieron lienzos –todos a la pintura de aceite- de distintos momentos de su carrera.

Las comparaciones son molestas, no tanto para quienes son comparados, sino para quien resulta menos favorecido en ellas. Pero algo hay de positivo si se realizan como motivo de estudio.

El tema principal de sus cuadros es el paisaje, aunque también hubo algunas obras suyas donde incorpora arquitectura, retrato y figura humana.

De supuesto gran realismo, casi-casi una fotografía según se admiraban los espectadores de la exposición, en realidad por concepción y factura sus paisajes no se diferencian gran cosa de las ilustraciones para almanaques que todavía regalan algunas carnicerías y comercios similares.

Aun así, en la expo había uno o dos paisajes más o menos bien logrados.

Es al abordar la figura humana y el retrato donde con mayor claridad se hacen evidentes las carencias dibujísticas y pictóricas de este autor. El rostro de la niña de la ilustración es un detalle de uno de los cuadros ahí expuestos y excelente ejemplo de tales carencias.

En otro tipo de pared, una barda situada frente a la Plaza de Armas de Torreón, hay un mural callejero pintado con aerosoles cuyo motivo principal es la cabeza de un anciano indígena tocado por un penacho de plumas, en apariencia un kikapú.

El mural graffitero lleva dos firmas, aunque es difícil saber si la cabeza en sí misma es trabajo individual o colectivo.

Pero lo que llama la atención es que, sin tratarse de ninguna obra maestra ni mucho menos, quienes lo realizaron poseen nociones más claras del dibujo y la plástica y una mayor intuición o conocimiento de cómo resolver los problemas técnicos de pintar un retrato que Rafael Aguirre.

La cabeza del anciano presenta las proporciones correctas y los planos que la conforman han sido modelados mediante el color con gran economía y efectividad.

La imagen comparativa que acompaña a la columna evita tener que hacer una larga descripción técnica y muestra con claridad las diferencias

El rostro de la niña de la ilustración es un detalle de uno de los cuadros ahí expuestos y excelente ejemplo de tales carencias.


entre los resultados.

En artes plásticas no deja de sorprender cómo el mercado puede desdeñar o entronizar obras y autores a capricho, por razones que la mayoría de las veces no tienen nada que ver con los valores del oficio ni con la calidad del trabajo realizado.

Las comparaciones son molestas, no tanto para quienes son comparados, sino para quien resulta menos favorecido en ellas. Pero algo hay de positivo si estas se realizan como motivo de estudio.

Y podemos ver que Orozco tenía razón cuando escribió que el buen gusto y la capacidad creativa no es innato ni patrimonio exclusivo de determinada raza o clase social y que sólo la educación puede crearlo, orientarlo o depurarlo.