De "El Quijote" a "Farabeuf", las celebraciones literarias de 2015

El calendario del año que está por iniciar luce repleto de conmemoraciones de autores y grandes obras de las literaturas universal y mexicana.
El 2015 estará repleto de conmemoraciones.
El 2015 estará repleto de conmemoraciones. (Moisés Butze)

México

Para la literatura, 2015 podría ser también un año rico en celebraciones. Entre lo más significativo está el cuarto centenario de la publicación de la segunda parte de Don Quijote (1605-1615), de Miguel de Cervantes Saavedra, en cuyo prólogo el autor alude a esa falsa continuación, aparecida en España un año antes bajo la firma de Alonso Fernández de Avellaneda, de quien solo dice: “Castíguele su pecado, con su pan se lo coma y allá se lo haya”. Y con el peso de su pluma, en el relato de las aventuras de Don Quijote y Sancho Panza, hace a un lado a esa segunda parte apócrifa y recomienza: “Cuenta Cide Hamete Benengeli en la segunda parte de esta historia y tercera salida de Don Quijote que el Cura y el Barbero se estuvieron casi un mes sin verle, por no renovarle y traerle a la memoria las cosas pasadas…”.

Centenarios

En cuanto a los centenarios, van los locales: Edmundo Valadés, fundador de la revista El Cuento y buen cuentista él mismo (léase “La muerte tiene permiso”), nació el 22 de febrero de 1915, y Rafael Bernal, de quien se recuerda la novela El complot mongol (1969), clásico del género, es del 28 de junio de ese mismo año.

De los escritores extranjeros, habrá que recordar al narrador Saul Bellow (10 de junio), Premio Nobel de Literatura en 1976; al dramaturgo Arthur Miller (17 de octubre), cuya pieza más célebre es, acaso, Muerte de un viajante (1969), y al semiólogo Roland Barthes (19 de noviembre), quien reveló El grado cero de la escritura (1953).

Además, en 1915, entre octubre y diciembre, el diario El Paso del Norte, de El Paso, Texas, publicó la novela Los de abajo, de Mariano Azuela (uno de los tomos inaugurales de la narrativa de la Revolución Mexicana), que sería editada como libro, por el mismo periódico, en 1916. “Es la novela de un momento de confusión, de heroísmo ciego, de pasión desenfrenada”, dice Antonio Castro Leal. “Inaugura en la literatura narrativa moderna una nueva técnica de cuadros rápidos e impresionantes, que el lector liga en su mente como las imágenes sucesivas de una cinta cinematográfica”.

No cien sino 80 años cumplirá el 1 de abril Fernando del Paso, cuya labor está concentrada en tres grandes ejercicios novelísticos: José Trigo (1966), Palinuro de México (1977) y Noticias del Imperio (1987), cifrados así por José de la Colina: “Pero qué digo, Fernando, si en realidad lo tuyo, aparte de que hayas escrito otros poemas, es hacerle a la poesía a través de la novela, poéticamente violar el género novela, y allí están, por ejemplo, en Noticias del Imperio para no ir más atrás, esos poemas en prosa que son los monólogos de Carlota, momentos de lírico delirio en los que la emperatriz de la íntima, la oscura y desvariada voz, se desangra y se mea y humea y fluye como un alborotado río de palabras, como una sucesión de arias de la locura en perpetuo fluir oscuro y relampagueante entre trozos y trozos de una documentadísima crónica que viola la Historia y la asesina para revivirla en el tiempo/espacio de la superrealidad”.

Año clave

Un año relevante para la literatura mexicana fue 1965: Alí Chumacero reunió para el Fondo de Cultura Económica las Obras de Efrén Hernández, que incluyeron poesía y narrativa; Inés Arredondo publicó en la editorial Era su primer libro de cuentos, La señal, y aparecieron, en Joaquín Mortiz, las novelas Beber un cáliz, de Ricardo Garibay (que, según José Emilio Pacheco, “significa para la prosa mexicana lo mismo que Algo sobre la muerte del mayor Sabines para nuestra poesía”); Estudio Q, de Vicente Leñero (en donde, como se lee en la solapa de la edición original, “todo lo que supone un estudio de televisión comercial, durante el proceso de elaboración de una inverosímil historia seriada, sirve de marco a esta novela”); Gazapo, de Gustavo Sainz (en el camino de lo que Margo Glantz bautizó como la “narrativa de la Onda”), y ese gran libro anómalo que es Farabeuf o la crónica de un instante, de Salvador Elizondo (en la literatura de Elizondo, escribió Octavio Paz, “los cuerpos son signos y esos signos nos interrogan”).

Medio siglo sin T. S. Eliot

El 4 de enero de 1965 murió T. S. Eliot, Premio Nobel de Literatura en 1948. Sobre el autor de La tierra baldía (1922) escribió José Emilio Pacheco: “Muerto el poeta, Cats, la comedia musical basada en Old Possums Book of Practical Cats, le da el triunfo en el teatro popular que buscó siempre. En las cadenas que expenden libros en los centros comerciales del mundo anglosajón apenas hay lugar para la poesía. Sin embargo se encontrarán en todas ellas The Waste Land y Four Quartets. No pasa un año sin que sus versos se empleen como títulos de libros. Todos los días son citados en editoriales y comentarios de televisión. Algunos llevan tiempo en la lengua diaria: ‘Abril es el mes más cruel’, ‘El género humano no puede soportar un exceso de realidad’”.

Los Cuatro cuartetos de Eliot obsesionaron a Pacheco, quien hizo varios intentos por traducirlos. De una de esas tentativas son estos versos: “No tiene fin, no acaba aquel mudo gemido./ Tampoco el marchitarse encuentra su final./ El dolor indoloro queda resuelto en nada./ Flotan a la deriva los restos naufragados./ Y a su deidad, la muerte, implora la irrezable/ plegaria de los huesos, única Anunciación”.