Puro músculo / I

Carlo Ponti, uno de los más conspicuos productores de la gran época del cine italiano, se da a la tarea de reunir en 1965 a tres atletas de poderoso músculo para levantar su próxima película.
Ahí está la realidad como si fuera fantasía.
Ahí está la realidad como si fuera fantasía. (Especial)

México

Jean-Claude Carrière explica que para escribir un guión de cine —no excluye ninguna disciplina— el autor necesita desarrollar un músculo que tenemos en el cerebro y que debe ejercitarse con disciplina férrea a cada segundo de nuestra vida, sobre todo si queremos que posea la consistencia propia de un atleta de alto rendimiento —se refiere a la imaginación.

Carlo Ponti, uno de los más conspicuos productores de la gran época del cine italiano, se da a la tarea de reunir en 1965 a tres atletas de poderoso músculo para levantar su próxima película. Compra los derechos de “Las babas del diablo”, de Julio Cortázar, para que Michelangelo Antonioni y Tonino Guerra escriban una adaptación libre del cuento y así obtener una historia de misterio, un policiaco lleno de pistas: Blow-up, que en términos fotográficos significa ampliación.

La película no ha envejecido ni un ápice: en ella se sienten los sesenta en todo su esplendor: en la música, en la facha de los personajes, en el destape de la drogadicción, en el comportamiento hippie y en la manera de trabajar la fotografía. La historia trasciende la época para centrarse en un crimen pasional diferente. El personaje principal, el fotógrafo, tiene un comportamiento bien dilucidado desde la construcción del guión; parece que los autores le dan el don de dictar dónde debe ponerse la cámara de cine, como si fuera capricho del personaje; por ejemplo, cuando el fotógrafo vaga por la ciudad en su automóvil, de repente se detiene como si hubiera visto algo fuera de lo normal —una tienda de antigüedades—, el personaje entra a la tienda, mira, husmea y se va. Vale mencionar en este sentido lo que señala Cortázar en su ensayo “Del cuento breve y sus alrededores”, en el que dice que el personaje de un buen cuento es el que debe dictar su comportamiento: él conduce al autor, no al revés.

En el principio, el fotógrafo se disfraza para sumergirse en los bajos fondos y atrapar las imágenes de la clase obrera, y suele pasar las noches en hoteles de paso para conseguir el material necesario para su libro; ambas situaciones están resueltas en una elipsis magistral, y no es necesario explicar nada, porque la narración tiene capturado al espectador. Si Cortázar hace hincapié en la importancia de saber mirar como una hipótesis, la adaptación de Antonioni la demuestra.

El fotógrafo busca, se toma su tiempo, sabe mirar para aprehender con su cámara lo que hay a su alrededor; ahí está la realidad como si se tratara de una fantasía.

 

“Blow-up” (Gran Bretaña, 1966), dirigida por Michelangelo Antonioni, con David Hammings y Vanessa Redgrave.