[La puerta estrecha] Sobre el daño que causa el tabaco

La compañía teatral Chiles Secos ha trazado una propuesta en la que combina la dramaturgia mexicana contemporánea con el montaje de textos clásicos.
La compañía teatral mexicana Chiles Secos cumplió su primer año de trabajo.
La compañía teatral mexicana Chiles Secos cumplió su primer año de trabajo. (Cortesía)

Ciudad de México

Esta semana, la compañía teatral mexicana Chiles Secos cumplió su primer año de trabajo. Los grupos jóvenes refrescan las carteleras y su ímpetu les evita contagiarse de esas perversiones que tienen la vida cultural y los ambientes artísticos en los que, en muchas ocasiones, el teatro se hace por y para los creadores, nunca para el público.

En su primer año de vida, Chiles Secos ha trazado una propuesta en la que combina la dramaturgia mexicana contemporánea con el montaje de textos clásicos.

Ha escenificado, entre otras, Eso es todo, de Flavio González Mello, donde se presenta la historia de una escritora que en aprietos económicos es visitada por un misterioso cliente que le pide escribir su epitafio.

Uno de los montajes con los que está celebrando su aniversario en la Sala Julián Carrillo de Radio UNAM es Sobre el daño que causa el tabaco, de Antón Chéjov, dirigida por Enrique Saavedra y estelarizada por Héctor Sandoval Rodríguez.

Iván Ivanovich Niujin, el protagonista, por órdenes de su mujer—propietaria de una escuela de música y de un pensionado de señoritas­­—, dará una conferencia con fines benéficos: intentará que un par de hombres dejen de fumar. Sin ser profesor y estando muy lejos de poseer alguna cualidad de científico, lo tenemos, más a su pesar que por gusto, frente a un pequeño auditorio.

Este hombre de largas patillas y sin bigote, vestido de un frac viejo y deslucido, tras hacer una entrada majestuosa y estirarse el chaleco, olvida el tabaco, la ponencia, el público.

Niujin, que arranca su plática con humor, termina siendo un hombre desdichado.

La conferencia provoca que Niujin tenga una crisis de identidad con su esposa, sus siete hijas, el número 13 y su vicio de fumador.

“—Tengo que decirles que la primera copa suele ya embriagarme, y que, en ese momento, siento en el alma tanta paz y, al mismo tiempo, tanta tristeza, que no tengo palabras para expresarlas... No sé por qué acuden a mi memoria los años de mi juventud y experimento unos tremendos deseos de correr... ¡Ay!...¡Si supieran ustedes lo fuertes que son estos deseos!... ¡Correr!... ¡Dejarlo todo!... ¡Correr sin volver atrás la cabeza!... ¡Adónde?... ¡Qué importa adónde!... ¡Lo que importa es escapar a esta vida fea, vulgar, barata, que me ha convertido en un viejo y lamentable tonto..., en un viejo y lamentable idiota!”

En este monólogo de apenas cinco páginas, Chéjov nos presenta a un viejo que desea experimentar de nueva cuenta la euforia y sentir paz. Regresar el disco, borrar un par de cosas de su vida, entre ellas, a su mujer.

La puerta estrecha se ha cerrado.