Proyecto Ruelas /Y IV

En octubre viajarán los montajes a distintas comunidades, y finalmente llegarán a la capital cervantina para presentarse en el marco del FIC.
La llegada del teatro es una novedad.
La llegada del teatro es una novedad. (Especial)

México

En La Escondida, municipio de San José Iturbide, Guanajuato, algo importante está pasando. Cuando la directora de escena Raquel Araujo llegó a esta pequeña comunidad —que depende para su economía de la ladrillera en donde trabajan niños, mujeres, hombres y ancianos—, la mirada de los infantes parecía apagada. Esos ojos sin brillo difícilmente podían sostener la mirada de esos adultos invasores que traían en la boca la palabra “teatro”. Casi todos esos niños vienen de contextos donde los golpes son cosa de todos los días. Sea que los reciban en carne propia o que los sufran sus progenitoras, viven la violencia y el abandono. Si se quedan a cuidar a sus hermanitos (difícil que vayan a la escuela) se vuelven adultos tempranos; están a la deriva con un padre que migró a Estados Unidos o ambos que trabajan de sol a sol, sin derecho al disfrute del tiempo libre. Y lo que queda del día se gasta frente a la televisión, el alcohol o la droga. La desnutrición, el analfabetismo y nulas expectativas de mejora son lo cotidiano. Por eso la llegada del teatro es una novedad a la que pocos se acercaron (nunca hombres), pero esos pocos que fueron tocados han cambiado su semblante. “Ahora ya te miran a los ojos — sostiene Araujo—, y sus sonrisas son hermosas y amplias…”.

A fines de septiembre próximo estarán estrenándose, en cuatro municipios de Guanajuato, el mismo número de espectáculos basados en obras de Shakespeare, ese autor que lo resiste todo, lo permite todo y nos dice a todos. Se llama Proyecto Ruelas y es una iniciativa del Festival Internacional Cervantino (FIC), la Secretaría de Gobernación, varias instancias del gobierno del estado y la Universidad de Guanajuato. En octubre viajarán los montajes a distintas comunidades, y finalmente llegarán a la capital cervantina para presentarse en el marco del FIC.

Jorge Blandón, director de escena colombiano que lleva años haciendo teatro social y es uno de los fundadores de la Red Latinoamericana de Teatro Comunidad, dice que es en este quehacer “donde hombres y mujeres se reconocen como parte del espacio colectivo, su comunidad, barrio, plaza, (territorios) urbano y rural que son sus cosmos, y en ellos se dialoga y armoniza, se combate el olvido de la historia oficial. Este teatro en comunidad establece leyes, principios que se traducen en identidades propias, su papel transformador es volver a pasar por el corazón la memoria colectiva para que quede tatuada en la piel de toda la comunidad”.

Si el Proyecto Ruelas deja de ser “piloto”, ¿no podríamos pensar en otra construcción de lo social?