Proyectan Apps para entender el patrimonio a través del otro

Investigadora explica cómo un cuerpo de expertos se vale de nuevas tecnologías para medir el apego a lugares
Cristina Garduño Freeman, especialista en patrimonio cultural
Cristina Garduño Freeman, especialista en patrimonio cultural (Mariana Hernández)

Guadalajara

La frialdad de estadísticas y números quedan de lado cuando se trata de medir experiencias y la dimensión del apego que una persona puede desarrollar por un sitio, una manifestación cultural o una tradición de su entorno. El tema, en apariencia intimida por su complejidad pero cuando Cristina Garduño Freeman, especialista en patrimonio cultural, explica las aplicaciones tecnológicas que se están desarrollando para evaluar el impacto social del patrimonio es fácil no sólo entenderlo, sino imaginar su utilidad.

En la Deakin University ha generado proyectos como Lovability index que se traduce como “índice amorosidad” o la capacidad de generar amor y que mide las motivaciones que producen en la gente el apego por su ciudad. “El primer estudio que hicimos fue con Melbourne y en este momento estudiamos cómo podemos desarrollar una metodología que utiliza datos de Twitter como parte del índice que ayude a entender cómo las intervenciones urbanas cambian el apego de las personas a ciertos lugares, es decir cómo se mide el apego”. Explica que utilizan análisis semánticos para medir la emoción de la gente por la ciudad, en este caso. 

La investigadora señala que redes sociales como Facebook, o Instagram, o Twitter son medios por los que las personas tejen redes sociales, en música menciona Soundcloud y las plataformas 2.0 que apoyan a la promoción de lo que llama cultura participativa “la cual nos ayuda a medir algo que antes estaba cerrado a redes privadas, antes no compartías una foto de ti comiendo enchiladas, eso es nuevo”. La doctora por la Universidad de Tecnología de Sídney, especialista en patrimonio cultural, se concentra en el uso de la tecnología para desarrollar amor por el patrimonio y estimular su conservación. “Si tú vas a un lugar que te apega mucho te tomas una selfie. Eso es una manera de decir que le tienes amor a un lugar y utilizas eso para comunicarte con tus redes familiares de amigos. Ese es el valor social”, explicó la académica nacida en la Ciudad de México que creció en Guadalajara y reside en Australia.

En el marco del 50 aniversario de relaciones diplomáticas entre México y Australia Garduño Freeman estuvo en Guadalajara con motivo de un intercambio de colaboración académica entre su casa de estudios y la Universidad de Guadalajara (UdeG) donde impartió un taller y un seminario para gestores culturales. En estos encuentros se dieron una serie de coincidencias entre las culturas de los dos países, según comentó. 

“Aunque en Australia están más desarrollados los métodos y las tecnologías para medir el valor social, en general hay mucha gente que piensa que el patrimonio cultural son solo son los edificios importantes o las pirámides o zonas arqueológicos pero el patrimonio es la cultura que queremos conservar y aquí los investigadores parten de lo que llaman valor social”, dijo Garduño Freeman.

He estudiado la Casa de Ópera de Sídney que está inscrita en la lista de la UNESCO como ícono patrimonial y creo que pocas personas fuera de Sídney saben qué actividades se hacen allí. Por ejemplo nadie imaginaría que allí se replica en pasteles tal y como otros edificios son replicados en camisas, en llaveros o lámparas y tal vez eso no parezca significante, pero cuando se hace mucho nos da un método para ver lo que esa actividad significa para las personas. La acción de ir a un lugar y comprar algo que se hace justamente ahí de una forma particular es lo que adquiere un valor social y ese tipo de acciones es lo que se sustenta la cultura participativa”. 

Mencionó también Cmyview podría traducirse a español como “Mira desde mi punto”, es una aplicación que está en desarrollo y que eventualmente podría medir y compartir el valor social de los lugares urbanos. “Tú vas caminando y algo te da apego, puede ser el lugar en el que vives. Pensemos en un árbol, le tomas una foto y haces una grabación de audio contando las razones por las que captaste ese árbol, a los cien metros encuentras una nevería especial para ti por su sabor o la historia de tu infancia que te vincula, entonces lo compartes con tus amigos y pueden acudir al sitio, mirar tus fotos y oír tu mensaje. Más aún eso se puede compartir en un App para entender la ciudad a través de los demás”