Promueven el acceso de los ciegos a la lectura

Pese al Tratado de Marrakech, que apoya la producción editorial para ellos, poco se ha avanzado.
El 90% de las publicaciones no los considera
El 90% de las publicaciones no los considera (Luis Miguel Morales)

México

Hace un año se puso en marcha el Tratado de Marrakech para Facilitar el Acceso a las Obras Publicadas a las Personas Ciegas, con Discapacidad Visual o con Otras Dificultades para Acceder al Texto Impreso, impulsado desde la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual (OMPI), organismo de Naciones Unidas que cuenta con 187 Estados miembros.

Sin embargo, a un año de su creación, la India se convirtió en el primer país en notificar de manera oficial su adhesión al tratado, que entrará en vigor cuando se hayan recibido al menos 20 ratificaciones o adhesiones. Pero ¿cuál es el sentido del documento?

De acuerdo con datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), en 2013 en el mundo existían unos 285 millones de personas con alguna discapacidad visual, de las cuales 39 millones son ciegas y 246 millones tienen problemas de visión. 90 por ciento de ellas viven en países en desarrollo y tiene menos oportunidades educativas y laborales.

A lo anterior se suman las cifras de la Unión Mundial de Ciegos (WBU, por sus siglas en inglés): del millón de títulos que son publicados anualmente, más del 90 por ciento resulta inaccesible para las personas ciegas o con problemas de visión. A esta escasez de obras en formatos adecuados a las necesidades de las personas con discapacidad visual se le ha denominado “hambre mundial de libros”.

En México no se cuenta con información al respecto, pero se calcula que al menos 500 mil personas son ciegas o débiles visuales, aunque, según información de la OMS, en países de América Latina y el Caribe se calcula que por cada millón de habitantes 5 mil son ciegos y 20 mil tienen trastornos visuales.

El documento exige la adopción, en las respectivas legislaciones nacionales, de disposiciones que permitan reproducir, distribuir y poner a disposición del público obras publicadas en formatos accesibles a personas con discapacidad visual (como el sistema braille), a través de la aplicación de limitaciones y excepciones de los derechos de los titulares de obras protegidas por derechos de autor.

Asimismo, el tratado prevé el intercambio transfronterizo de ejemplares en formatos accesibles a través de organizaciones que atiendan a las personas ciegas, con discapacidad visual o con dificultad para acceder al texto impreso.

Un esfuerzo mundial

El Tratado de Marrakech apuesta por compartir las capacidades técnicas en los países en desarrollo y en los países menos adelantados, “a fin de producir y distribuir libros en formatos accesibles, promover la edición integradora y crear una base de datos a nivel internacional para el intercambio de libros accesibles”.

En un informe de la OMPI se detalla la puesta en marcha del Consorcio de Libros Accesibles, como una herramienta para fomentar las iniciativas mundiales que contribuyan a aumentar el número de libros disponibles “a fin de que sean utilizados por las personas con dificultad para acceder al texto impreso”, a decir del director general de la OMPI, Francis Gurry.

Las personas con dificultades para acceder al texto impreso tienen derecho a la información y a la lectura en igualdad con las personas que no tienen problemas de visión; la falta de libros en formatos accesibles ha supuesto un verdadero obstáculo para este sector de la sociedad.

Los objetivos son fomentar los conocimientos técnicos sobre la manera de producir libros accesibles, especialmente libros de texto en idiomas nacionales, así como alentar a los editores a hacer publicaciones digitales que también sean accesibles para las
personas con dificultad para acceder al texto impreso, al que denominan “accesible desde la creación”.

La OMPI también acoge el intercambio de libros del proyecto Trusted Intermediary Global Accessible Resources, una base de datos de más de 238 mil libros en formato accesible en 55 idiomas procedentes de bibliotecas de todo el mundo.

Opciones en México

Buena parte de los esfuerzos editoriales para ese sector de la sociedad en México están encabezados por el Comité Internacional Prociegos, fundado en 1959, el cual está regulado por la Junta de Asistencia Privada del Distrito Federal, y tiene proyectos autosustentables como la transcripción del negro al braille (libros, menús, tarjetas, revistas, placas, etcétera).

Incluso cuenta con la primera imprenta en braille para escribir en español en América Latina, nombrada así por la Unesco, donde se han producido más de seis mil tomos en ese sistema, por lo que se le ha catalogado como la biblioteca más grande de Latinoamérica en este rubro.

La Biblioteca Vasconcelos, en Buenavista, cuenta con la colección de la Sala Braille, compuesta por 858 títulos y un total de 5 mil 300 volúmenes de materiales en dos formatos: braille (sistema de puntos o superficie con relieve) y Audiolibros de literatura y superación personal en cd y casetes.

La Biblioteca de México, en La Ciudadela, también ofrece una sala especializada, en la que se ofrece una amplia gama de servicios como visitas guiadas, lectura directa, grabaciones, búsqueda bibliohemerográfica y acompañamiento a las diferentes áreas del recinto, cuyo acervo incluye materiales en braille y audiolibros.