Prohibido salir indemne de este libro

Como bien enuncia Bonilla desde los albores de la novela, Maiakovski pretendía exiliarse de la realidad hacia “el país de la poesía”.
Vladimir Maiakovski.
Vladimir Maiakovski. (Especial)

México

En una época eminentemente pospolítica como la actual, resulta de entrada inquietante leer una novela como la que ha escrito Juan Bonilla en torno a la figura del poeta futurista ruso Vladimir Maiakovski (1893-1930), titulada con acierto Prohibido entrar sin pantalones (los lectores mexicanos se divertirán al descubrir el hilarante origen del título). Y es que pareciera que no solo es un siglo lo que nos separa de la Rusia pre y posrevolucionaria, sino que incluso nos encontráramos frente a una concepción radicalmente distinta de cualquier cosa que entendamos por la vida. Como bien enuncia Bonilla desde los albores de la novela, Maiakovski pretendía exiliarse de la realidad hacia “el país de la poesía”. Ello porque “la Realidad era mentira, no lo veis, es una mera creación de científicos y políticos y autoridades competentes”. Y bien pudiéramos leer la odisea vital del poeta como una búsqueda infructuosa por “algo que de veras merezca el nombre de Vida”.

A lo largo de las casi cuatrocientas páginas en las que Bonilla narra los periplos poéticos, políticos, románticos, megalomaniacos y demás manifestaciones de lo que Trotsky llamara lo “maiakomórfico”, el poeta aparece como una especie de carbón que tuviera un ansia perpetua de apagarse que, muy a su pesar, permaneciera incandescente sin remedio, al grado de llegar a “sufrir por no sufrir lo suficiente”. A través de su poesía, de su triángulo amoroso con Lily y Osip Brik, de su irremediable descenso hacia convertirse en un propagandista del régimen comunista, capaz de escribir odas a Lenin y a Stalin con tal de seguir siendo un poeta de incidencia pública, Maiakovski se transparenta como un alma en perpetuo exilio de sí misma. Y precisamente, una de sus capacidades más hermosas era aquella de ver transparentarse el corazón de los demás, para encontrar en su lugar aquello que mejor los define. La única vez que se le transparenta el corazón de su amada Lily, Bonilla nos relata que Maiakovski encuentra “una silueta de la propia Lily, en el lugar del corazón de esa silueta, otra silueta, y en el lugar del corazón de esa silueta, otra silueta”.

¿Qué encontramos como lectores si se nos transparenta Juan Bonilla como autor de este magnífico libro? Unos versos maiakovskianos cargados de nostalgia, de nostalgia no por un pasado mejor, sino de nostalgia por nuestro presente, por un presente que ya no es Futuro, ni deseable ni escalofriante ni nada, pues la idea de Futuro implica atreverse a pensar, a cuestionar lo existente, a imaginar lo distinto, así supiéramos que lo distinto no será jamás por definición como lo imaginamos.