Principio, el mural desconocido de Federico Silva

La obra de cinco mil metros cuadrados fue realizada por el artista plástico en 1996 y se encuentra dentro de la cueva de Huites, en la presa Luis Donaldo Colosio, en Choix, Sinaloa.

Choix, Sinaloa

El artista mexicano Federico Silva es conocido como uno de los escultores más representativos del país: en 1977, por ejemplo, fue promotor del Espacio Escultórico del Centro Cultural Universitario de la UNAM.

Entre sus obras representativas se encuentran Fuente solar, Alux de la muerte, Pájaro C, Serpientes del Pedregal y varias esculturas en España, Estados Unidos, Francia, Japón y Jamaica. Pero casi nadie sabe que hizo el mural Principio, en la cueva de Huites, ubicada en el interior de la presa Luis Donaldo Colosio, en Choix, Sinaloa. La obra tiene cinco mil metros cuadrados de pintura, y fue hecha con base en la técnica rupestre; mide 225 metros de largo por nueve de alto, nueve de ancho y 22 de desarrollo.

Para llegar al sitio se debe salir desde Los Mochis, tomar la carretera con dirección a Choix y atravesar el municipio de El Fuerte. Durante las dos horas y media de trayecto por la sierra sinaloense, el paisaje presenta plantaciones y casas grandes.

La presa Huites o Luis Donaldo Colosio es la hidroeléctrica más grande del noroeste del país. Al ser un espacio de la Comisión Federal de Electricidad (CFE), está custodiada por militares.

A un costado del cauce del río Fuerte, el lugar entró en operaciones el 15 de septiembre de 1996. Cuenta con una central hidroeléctrica capaz de generar 422 megawatts de energía eléctrica. El ingeniero Álvaro Manuel Acosta, jefe del Departamento Técnico y Seguridad Industrial del sitio, vivió todo el proceso de construcción de la presa y el mural.

“La presa de Huites tiene alrededor de tres millones de metros cúbicos, una cantidad que le alcanzaría para construir una carretera de Ensenada a Mérida, Yucatán, de 10 metros de ancho y 10 de espesor”, comenta el especialista.

El mural se realizó para celebrar la construcción del sitio. Originalmente Silva fue convocado para hacer una escultura; sin embargo, al ver el lugar creyó que lo conveniente era realizar una pintura. Para cubrir las paredes del túnel artificial, Silva hizo acopio de toda su experiencia.

Según Xavier Moyssén, quien escribió el texto “Las pinturas rupestres de Federico Silva”, en el libro de arte homónimo que editó el Museo Federico Silva de San Luis Potosí, este artista trazó un plan de trabajo que incluía el tratamiento del espacio, la composición, los colores, la iluminación eléctrica, los andamios tubulares y el tema a representar.

Para trazar la composición y asignar a los siete grupos de trabajo una labor específica en el interior de la cueva, esta fue dividida topográficamente en 84 arcos que guardaban una distancia de tres metros entre sí. Las pinturas se aplicaron sobre la roca puesto que no hubo aplanado alguno; se consideraron tonalidades diversas a fin de evitar contrastes entre los colores empleados, escribe Moyssén.

El túnel donde se halla el mural se encuentra cerrado por dos puertas blancas de hierro; los ingenieros que custodian el sitio decidieron iluminar Principio con lámparas colocadas en el piso, que no alcanzan a mostrar la diversidad de colores y la totalidad de la obra; a simple vista, sin embargo, se nota que está bien conservado.

Humberto López, gerente de la presa, dice que anualmente visitan el lugar unas dos mil 500 personas aproximadamente. Muy pocas conocen la obra de Federico Silva, ya que para ver cualquier zona de la hidroeléctrica se debe de pedir permiso especial a la Gerencia Regional de Generación Hidroeléctrica, ubicada en Hermosillo, Sonora.

—¿Por qué el mural está cerrado al público?

—La presa es una zona federal custodiada por el Ejército.

—¿Se pueden hacer visitas guiadas?

—Todo aquel que quiera visitar la presa tiene que pedir permiso de forma oficial, mediante una carta, a la regional de Hermosillo. Las entidades que quieren visitar el lugar deben seguir un procedimiento. La carta tiene que especificar los espacios que quieren conocer los visitantes: la Plaza Cívica, la Cortina, la Central Hidroeléctrica o este túnel.

—¿Qué tan visitado es el mural Principio?

—No es muy visitado. Hay ocasiones que las escuelas solicitan entrar. Cuando es así, el ingreso de la gente se controla mediante el personal de seguridad física, para que no dañen el lugar.

EL RANCHO LA ESTRELLA

Para encontrarse con Federico Silva hay que ir hasta su casa: un rancho llamado La Estrella, ubicado en Tlaxcala. El lugar fue una fábrica de hilos del siglo XIX a la que el artista y su familia llegaron después del temblor de 1985 en la Ciudad de México. Desde ese sitio planea cada una de sus obras.

En su estudio lo mismo se pueden ver libros de cuentos y novelas desperdigados por sillones y mesas, que lienzos en caballete y esculturas monumentales.

Recibe a MILENIO una fría mañana de sábado para platicar de los orígenes de Principio en la cueva de Huites. Pregunta con interés en qué estado se encuentra su obra, pues desde que la terminó, en 1996, no ha vuelto a verla. Se indigna al saber que el sitio está cerrado al público, que se requiere de un permiso especial para ingresar y que la iluminación no favorece para que se vea cada detalle de la pieza.

Al cuestionarle cómo surgió la idea de hacer el mural, Silva dice con una sonrisa: “Existe la tradición en la Comisión del Agua de que cuando se construye una presa se hace una escultura. Con ese criterio me invitaron a que conociera el proyecto. Fui al iniciar la construcción de la hidroeléctrica para decidir qué tipo y en qué sitio haría mi escultura. Hice un recorrido por la zona. En el proceso de búsqueda del espacio donde quedaría la escultura atravesamos por un sitio que finalmente se convirtió en una cueva. Cuando pasamos por el lugar: rarísimo, extraño, oscuro, habitado por águilas y animales, dije: ‘¡Este es un espacio maravilloso para pintar!’, pues tenía carácter y magia; era monumental y misterioso”.

Al comentarle al ingeniero que lo acompañaba a hacer el recorrido su intención, este le contestó que estaba loco, pues era imposible pintar algo ahí: “El propósito por el cual lo hemos invitado aquí es para que usted haga una escultura”, le dijo. Sin embargo, Silva ya había tomado la decisión de pintar la cueva de la presa.

Una vez que convenció a las autoridades de hacer el mural,
el artista se dispuso a organizar el equipo de trabajo que lo acompañaría en esta empresa.

“Una maestra de la antigua Academia de San Carlos le propuso a un grupo de estudiantes de artes plásticas participar en el proyecto. La profesora escogió a cinco jóvenes. Pero, como era insuficiente porque la cueva es muy grande, se convocó a gente de la comunidad, campesinos y obreros, los cuales no tenían idea de cómo hacer un trabajo de este tipo. La experiencia laboral con ellos fue maravillosa porque todos trabajaban en la construcción de la presa, en dinamitar la roca y pasaron de eso a ser pintores. Lo hacían con una dedicación impresionante. Fue un proyecto colectivo”, menciona entusiasta.

—¿Qué es lo que quiso pintar en la cueva?

—No fui con una idea preconcebida. Me emocionó el espacio. Pintar ese lugar mágico y religioso, con sonoridades en el día y la noche, con sonoridades en la roca era complicado. El título de la obra es Principio, en sus dos acepciones: el principio de algo que inicia
y el concepto ligado a lo moral y filosófico. No cuenta una historia. Solo muestra el encuentro entre la piedra, la oquedad, la oscuridad, la luz y hasta las águilas.

—¿En qué lugar de importancia coloca este mural dentro de sus obras artísticas?

—Apenas han pasado 20 años desde que lo inicié; es muy poco tiempo, y está ligado a los cambios históricos que ha habido en México y el mundo. Aquel era otro país distinto a este.

—¿Al mural se le puede llamar pintura rupestre?

—A mí me gusta llamarle pintura rupestre. En la misma inspiración de este trabajo están las pinturas rupestres de Baja California, que visité en un viaje a ese estado, y que son
el antecedente más antiguo que hay sobre la pintura mural.

—¿Cómo dividió la cueva para pintarla?

—A sabiendas de que no había ninguna guía general para el trabajo, tenía una idea integral de dónde iba a hacer cada línea y cuál era el proceso a seguir. Hice ensayos para integrar el proyecto. No pensé en dividir la cueva en secciones; lo que sí había era una división de los equipos, ya que utilizábamos muchos recursos, como el láser.

—¿Es cierto que primero proyectó algunas de las pinturas del mural en el piso y más adelante las pasó a las paredes de la cueva?

—Eso fue una experiencia técnica interesante. Pintar ahí excedió todas las experiencias que te deja hacer un mural en un edificio público o en cualquier otro lugar. Inventamos la posibilidad de pintar el piso y con un láser marcamos los puntos clave de cada dibujo y después los pasamos a las paredes de la cueva.

—¿Considera pertinente que esté cerrada para el público en general y que solo se pueda ingresar a ella con un permiso especial?

—Eso no puede ser. Tiene que ser un lugar abierto. Si el gobierno tuviera interés en la cultura y valorara aquel esfuerzo, por lo menos como inventiva y propuesta generosa y novedosa, sería digno que lo convirtiera en un objeto de visita para el que vaya a Sinaloa. Ahí pueden ocurrir cosas, pero habrá que esperar a que pase esta efervescencia por el Ejército y la Marina que existe actualmente, para que México vuelva a estar dentro de un proceso civilizado y cultural. Estamos abandonando la civilización para entrar a la barbarie.

—¿Civilizado y cultural?

—Sí. Antes la gente de Choix se iba al campo a pasear a los ríos. Yo mismo quería comprar una casa ahí. Estamos entrando a la barbarie, estamos dejando de lado los valores mexicanos. Empezamos a perder la identidad. El mural es parte de la
identidad nacional. Hace años se decía que la fuerza de México estaba en el arte, en la cultura, en la tradición, en el pasado; ahora,
en cambio, se dice que la gran fuerza de México está en el ejército.