"Preludios", un atisbo musical a la locura

Esta producción, a decir de su autor, puede o no ser un documental, para él es lo de menos. Simplemente se trata de acompañar a músicos que trabajan en la calle, muchos de los cuales también ...
Se proyectará en la Sala 8 hasta el jueves 24 de abril.
Se proyectará en la Sala 8 hasta el jueves 24 de abril. (Especial)

México

Tenía que filmarse con un instrumento básico, muy elemental, no una cámara complicada que embelleciera románticamente toda esa realidad. Esto con la idea de hacer de la forma, fondo también. Me parecía congruente hacerlo de este modo para convertirnos, guardando toda proporción, en una serie de cineastas indigentes y, desde esa igualdad, tener un diálogo de tú a tú”.

Rafael Rangel define de esta manera el concepto que junto con el cinefotógrafo León Nick se propuso para rodar Preludios, las otras partituras de Dios, una cinta que, como ellos mismos plantean, es un atisbo a la locura, pero con boleto de regreso.

La cinta se estrenó en la Cineteca Nacional y se proyectará en la Sala 8, Hermanos Rodríguez hasta el jueves 24 de abril, a las 16:00 y a las 18:00 horas. Al concluir las proyecciones Rangel estará presente para sostener un diálogo con los espectadores. La ópera prima del joven director fue otro inquietante y profundo filme titulado El principio de la espiral.

En 2010 Rangel se encontraba rodando Christus, su segunda cinta, cuando sintió el impulso de hacer Preludios. Un músico argentino que solía ofrecerle ayuda para sus películas detonó en el cineasta un recuerdo que permanecía escondido en su memoria, cuando él mismo vivió en la calle, primero en el DF al llegar de Morelia tras haber abandonado la carrera de arquitectura.

“Y después en Roma a donde llegué exactamente como había llegado al DF, bajo las mismas condiciones, sin dinero y sin conocer a nadie y con el agravante de no hablar el idioma. Viví esa imagen estereotipada de un tambo con fuego con indigentes alrededor tratando de calentarse; en algún tiempo yo peleé por un lugar ahí porque los inviernos allá son terribles”, rememora Rangel.

Esta producción, a decir de su autor, puede o no ser un documental, para él es lo de menos. Simplemente se trata de acompañar a músicos que trabajan en la calle, muchos de los cuales también viven en ella. “Es un día en la vida de estas personas. No quise señalar nada, no hay entrevistas, simplemente los observamos, los seguimos, estuvimos con ellos. No me interesan los géneros, dice Peter Greenaway que el cine es el arte más nuevo, pero es el más anquilosado. Me han dicho que esto que hice no es un documental porque no respeté los cánones del género, pero a mí eso me tiene sin cuidado”.

Originalmente Rafael se había interesado en músicos que trabajaran en la calle, después se fue abriendo el abanico y se incluyó a músicos, poetas y filósofos que viven en la calle. El tema se fue hacia la esquizofrenia cuando observó que la mayoría de ellos la sufren en mayor o menor grado.

Así es como podremos conocer a Plutarco Elías Calles, un violinista virtuoso, discípulo de Niccolò Paganini, amigo de Nietzsche. “Mi vida es privilegiada; Camus se inspiró en mí para escribir El extranjero. Gandhi me enseñó ‘la pausa magnética: la divina proporción’”, dice Elías.

Conversador genial y seductor, habitante de su propio universo luminoso, al que generosamente somos invitados y en el que Elías —como prefiere ser llamado—, como todo buen anfitrión, ofrece un recorrido vertiginoso y cegador por aquellos sitios de la ciudad fundamentales para su historia.

“Y es que sus vidas los hacen ser —aun sin ellos saberlo— provocadores, revolucionarios de este sistema equivocado; ellos son los preludios de Dios, el ensayo previo a la gran sinfonía, las otras partituras que no escuchamos ni vemos, los invisibles, los inexistentes”, dice Rangel.