Postdata de 2013

Los paisajes
Los paisajes (Especial )

México

El que viene es año de centenarios: Julio Cortázar, Efraín Huerta, José Revueltas, William S. Burroughs, Marguerite Duras, Bohumil Hrabal, Oscar Lewis, Julián Marías, Bernard Malamud, Romain Gary, Howard Fast, Nicanor Parra, Dylan Thomas y, por supuesto, Octavio Paz, entre otros escritores no menos importantes pero sí menos conocidos. Los centenarios no debían servir para homenajes y relumbrón de funcionarios sino para la relectura. En ese trance, volviendo a algunas obras de Paz, encuentro esta reflexión: "No se puede sacrificar el pensamiento crítico en las aras del desarrollo económico acelerado, la idea revolucionaria, el prestigio y la infalibilidad de un jefe o cualquier otro espejismo análogo. Las experiencias de Rusia y México son concluyentes: sin democracia, el desarrollo económico carece de sentido, aunque éste haya sido gigantesco en el primer país y muchísimo más modesto pero proporcionalmente no menos apreciable en el segundo. Toda dictadura, sea de un hombre o de un partido, desemboca en las dos formas predilectas de la esquizofrenia: el monólogo y el mausoleo" (Postdata, 1970).

Culmina 2013 y es imposible no relacionar las líneas anteriores con el México del siglo XXI. Tras la desastrosa experiencia de los regímenes panistas, el PRI volvió al poder para ejercer la esquizofrenia que hace más de cuatro décadas Paz diagnosticó en lo que él consideraba la segunda parte de El laberinto de la soledad: la reforma (quizá sea mejor decir contrarreforma) petrolera, enarbolada como la panacea para el "desarrollo económico", exhibió el vacío democrático que impera en el país a través de los congresos que aprobaron ciegamente y vía fast track, un viraje constitucional en la apertura del sector estratégico de la Nación. El pensamiento crítico fue desplazado en una amplia región de lo mediático. No se atendieron las voces discordantes, el poder legislativo se blindó hasta la ignominia, los "debates" sobre un tema fundamental del progreso y la soberanía fueron un circo de vulgaridades e insultos a la razón.

Cerramos el año con un aliento amargo. Las cámaras postergan una ley sobre la consulta ciudadana (y cómo no, el poder no se comparte) pero lanzan una reglamentación de dientes afilados para desalentar marchas y protestas. Quienes discrepan de los milagros y bondades de la apertura petrolera son tildados de "nacionalistas hipócritas" por el gobierno. Peña Nieto celebró que se rompieran "mitos y tabúes", aunque solo los rompieron unos cuantos. Qué razón tenía Octavio Paz: sin democracia, cualquier propuesta en nombre del desarrollo carece de sentido, especialmente en este país oprimido por la corrupción, el saqueo, la impunidad y los perennes fracasos financieros a cuenta del erario y contra el bienestar. Y luego está esa imagen certera, inequívoca, que esbozó el Nobel mexicano: la dictadura de un hombre o de un partido.

Si el espejo de una dictadura no es la imposición disfrazada de consenso (o cómo llamarle a esa coacción que a todos nos afecta, cuyo único aval proviene de corrientes políticas dóciles, acríticas y clientelares); si la autocracia no desprecia la reflexión sensible, el diálogo y el acuerdo o si no aborrece a la opinión que la contradice o la cuestiona, entonces lo que se vive México es un sueño raro.

Como episodio concluyente de nuestra historia, la reforma petrolera se quedó, como dijo Paz, en el monólogo y el mausoleo. Monólogo de la clase política, mausoleo de la sociedad. ¿Y el ataúd del pensamiento crítico? Ah, ese lo hicieron la indiferencia y el silencio de una buena porción de los artistas y los intelectuales.