Concluyen posadas, entre ponche, piñatas, alegría y fe

El júbilo llega a su máximo, sobre todo en los niños, cuando de un palazo se rompe la piñata y caen frutas, dulces y regalos. Así continúa esa tradición, por ejemplo, en la colonia Agrícola Oriental.

Ciudad de México

La alegría llega a su máximo con el palazo definitivo a la olla o el cartón de la piñata, y en automático niños y adultos se lanzan sobre dulces, fruta y regalos que se dispersan por el piso.

Es uno de los momentos más emocionantes de otra posada, eslabón de la cadena de nueve que se realizan desde el 16 de diciembre de cada año y culminan este día 24 con el arrullo del "Niño Dios".

Calle 249-B, colonia Agrícola Oriental. Es la antepenúltima posada. En casa de uno de los vecinos, yacen seis coloridas piñatas, tres de ellas muñecos y tres estrellas de diferentes tamaños, en espera del momento cumbre.

Llegan los invitados pasadas las 8:00 de la noche. Velitas de diferentes colores son repartidas entre ellos y éstos van hacia una de las esquinas de la cuadra, desde donde decenas de adultos y niños, con las velas encendidas, caminan lento mientras se dice la letanía. Tras cada petición, todos responden a coro: "¡o-ra pro no-bis (ora por nosotros)!".

Les lleva unos 20 minutos llegar a la otra esquina de la cuadra y regresar a la casa del anfitrión.

Los peregrinos, en una representación de la fe cristiana de José y María, quien dará a luz a Jesús, solicitan a los propietarios de la casa, con diferentes explicaciones, les permitan pasar la noche.

El entusiasmo es evidente, cuando después de ruegos, las puertas se abren y todos cantan: "¡Entren san-tos pe-regrinos, pe-regrinos, reciban este rincón, que aunque es pobre la morada, la morada, os la doy de corazón".

Los vecinos pasan y todos oran frente al arbolito de Navidad, a cuyo pie reposa la figura del "Niño Dios".

Y tras la solemnidad, la fiesta: "¡No quiero oro ni quiero plata, yo lo que quiero es romper la piñata!".

Los niños, algunos todavía con sus velitas encendidas o con luces de bengala, son los primeros en tomar la calle, que ya ha sido cerrada con vehículos atravesados a los lados para evitar riesgos a los participantes en la posada.

"¡Dale, dale, dale...!"

"¡Acá una fila de niños y acá la de niñas!", invita una de las damas organizadoras. Y muy correctos, los menores se colocan por estaturas, aunque ansiosos.

Un bat pequeño es la herramienta seleccionada para romper la piñata.  Una pequeña, de tres o cuatro años de edad, toma el instrumento con dificultad con sus dos manos, pero ahí va; lanza infructuosamente el primer palazo contra el cartón del cual está hecho una muñequita que baila en el lazo, sostenido por dos vecinos desde la parte alta de la casa de los anfitriones y la que está enfrente, al otro lado de la calle.

"¡Dale, dale, dale, no pierdas el tino, porque si lo pierdes, pierdes el camino; ya le diste una, ya le diste dos, ya le diste tres... ¡y tu tiempo se acabó!", y seguirá un niño en el turno.

Mientras, entre risas y gritos, la menor es tomada como pretexto para las bromas de adultos: "¡Esa niña es muy ton-ta, es muy ton-ta, se parece a su... " y hombres y mujeres compiten porque prevalezca el coro: "mamá" o "papá".

La gente está acomodada en círculo. Algunos se sientan en la banqueta, mientras toman del humeante ponche llevado en jarras y servido en vasos desechables, y comen "guajolotas" o tortas de tamal, verde, de chile; de mole, o de dulce, que hizo la abuelita en esa familia de anfitriones en turno.

Niños y niñas apalean cinco piñatas cuyos contenidos quedan repartidos conforme la oportunidad y la rapidez de manos y de almacenamiento permiten. La sexta piñata es para los adultos.

Entre dulces, frutas y juguetes caen globos con papelitos en su interior, que tienen escrito el regalito por el cual lo han de canjear: pelotas, aros... y las filas de niños se vuelven a formar para recibir los "aguinaldos", bolsas de plástico con dulces y golosinas.

La fiesta puede continuar con un baile. En este caso, de entre anfitriones y vecinos, algunas y algunos barren la calle y recogen la basura. La calle queda limpia.

Partes de lo que fueron las piñatas son tomadas como trofeo por algunos niños, o simplemente como recipientes para guardar las ganancias.

Y a esperar la siguiente posada, quizá hasta el siguiente año.