Polarización, por la manera de aprender historia: Alejandro Rosas

El historiador y Sandra Molina buscan explicar la historia nacional como un proceso, más que lanzar juicios y prejuicios acerca de sus protagonistas.
Hay que dejar atrás la lápida de resentimientos enormes y de volvernos mártires, opina la coautora.
Hay que dejar atrás la lápida de resentimientos enormes y de volvernos mártires, opina la coautora. (Héctor Téllez)

México

La historia en México se ha enseñado desde una perspectiva de héroes y villanos, triunfos y derrotas, por lo cual resulta fundamental darle un giro que permita conocer procesos antes que efemérides, dicen convencidos a MILENIO Alejandro Rosas y Sandra Molina, autores de la trilogía Érase una vez México (Ediciones Martínez Roca, 2013).

“Ya dejamos atrás la idea de ‘vamos a contar la historia desmitificándola’, de quitar a unos para poner a otros; creo que eso incluso ya quedó rebasado, y por eso sí creemos que es una visión novedosa, porque aquí ya no nos metemos en hablar de villanos o héroes, sino en personajes que crean su entorno, pero que además se interrelacionan con una vida social y una vida cotidiana que es tan rica, es tan presente y tan vigente, que termina por sorprenderte”, explica Rosas.

Al dar a conocer el primer volumen de la serie, Molina insistió en que se trata de una nueva propuesta de reinterpretación de la historia, “sin mitos, sin alegorías a los héroes, sin juicios a los villanos, sin resentimientos a los españoles y a Estados Unidos, sino más bien con la idea de que la gente se interese por el proceso en sí”.

“Se trata de divulgarla y quizá reconciliarnos un poco, porque nuestra historia es particularmente controvertida. La gente recurre a los personajes históricos para luchar en las batallas del presente, como que no los dejamos en paz; ya es hora de hacerlo, sí entender los procesos y la evolución, lo que nos ha traído hasta acá, pero sí dejar atrás esa lápida de resentimientos enorme contra españoles, contra Estados Unidos, y de volvernos mártires, etiqueta que nos gusta.”

En ese sentido, Rosas puso como ejemplo la reforma energética: ahora todo mundo quiere recuperar la figura de Lázaro Cárdenas; o más atrás, hacia 1992, cuando el entonces presidente Carlos Salinas de Gortari impulsó modificaciones al artículo 27 y “prácticamente se enterraron las Leyes de Reforma”.

“Nosotros tenemos una visión de la historia muy controvertida, porque así se ha interpretado, planteada entre buenos y malos. Aunque finalmente no podemos desasirnos de la historia para pelear causas del presente, la historia siempre será un referente; aunque resulta necesario comprender las circunstancias de la época, no podemos seguir usando esos conceptos para nuestro presente.”

En el primer volumen de Érase una vez México se cuenta la historia de nuestro país desde el tiempo de las cavernas hasta el Virreinato: el recuento del nacimiento y caída de la gran Tenochtitlán, y la crónica del surgimiento de la Nueva España.

La idea es acercarse a la historia de manera narrativa y no como momentos medulares, como efemérides, como si esos hechos fueran los que determinaron todo.

“No, son procesos lentos: las transformaciones se dan a lo largo de años y eso determina esta visión, porque si no vamos a seguir dándole vueltas a la historia, como el perro que se persigue la cola, pensando en el caudillo, en el hombre providencial, en que la sociedad no tiene por qué comprometerse, que ahí están los políticos. Lo que hemos visto es que la polarización tiene mucho que ver con la manera como aprendimos historia”, dice Rosas.

Aunque reconoce que, como toda interpretación, tiene su sesgo, parten de la necesidad de “desadjetivar”, bajo el entendido de que la historia debe escribirse sin adjetivos, porque de lo contrario “se cae muy fácilmente en la polarización y no en la discusión con argumentos: tenemos que darle la vuelta a la página y construir hacia el futuro”.