ENTREVISTA | POR MELISSA MORENO

Andrés Neuman Escritor

'El fin de la lectura' es la más reciente aventura del argentino, una antología que reúne 25 cuentos escritos en los últimos doce años.


Puros cuentos de Andrés Neuman

Andrés Neuman presenta una antología editada por Almadía
Andrés Neuman presenta una antología editada por Almadía (Especial)

Ciudad de México

El año pasado, el diario italiano La Repubblica escribió sobre el  trabajo de  Andrés Neuman: “va camino de convertirse en un clásico”.  A este elogio se suman otros de medios internacionales como The Guardian, The Independent, Financial Times y El País. Sin embargo, esto no es algo que perturbe al autor, “me parece una generosidad digna de mejores causas”, asegura divertido.

El primer contacto de Neuman con la editorial Almadía fue hace más de cinco años durante un viaje que realizó a la ciudad de Oaxaca.Ahí acordaron trabajar juntos. “Era una especie de fatalidad amorosa que sabíamos que iba a ocurrir”, dice. Pero las preguntas siempre eran en qué y cuándo. El momento llegó y ambos están de estreno con El fin de la lectura, una antología que reúne 25 cuentos que van de la ciencia ficción, la nostalgia, la belleza, la vida, la muerte hasta el desamor.

Para la curaduría de los cuentos, se utilizó lo que Andrés denomina un ‘método asambleario’. Un sistema que ayudó a hacer una correcta elección, “ya que los autores cometen demasiados errores como para que se confíe en ellos”.

Él propuso una primera selección, la editorial eligió unos y descartó otros; siguieron en un ir y venir de índices hasta que convinieron en uno.

En el proceso, los editores lo obligaron a repensar sus opciones, a darse cuenta de que muchas veces el autor no tiene la razón y que puede llegar a ser el peor lector de si mismo.

Cuando un escritor trabaja con textos de hace tiempo, confirma que no le pertenecen y que en el fondo, muchas veces, ni siquiera los entiende. Al escribir, se pueden tomar ciertas licencias,  uno puede convertirse en otra persona. “Me gusta la pérdida de autoria que se produce cuando un texto ya está terminado, me parece que tiene que ver con el proceso de otredad de la escritura misma”.

Contrario a lo que pudiera pensarse, Andrés no disfruta al releerse. Todo lo contrario. Los pensamientos que le vienen a la mente son: “cómo mierda pude escribir esta frase”, “cómo carajo puse esta coma”,“en qué estaba pensando para elegir este adjetivo”. Todo el tiempo es una relación de reproche con el propio pasado. Por suerte para él, en este caso no fue muy tortuoso el proceso, ya que como es una antología, lo que no le convencía, lo descartaba inmediatamente. 

El también escritor de aforismos, encuentra inspiración tanto en lo real como en lo ficticio. “La realidad es una fabuladora incansable y la imaginación es peor”.  No sabe donde ocurren más accidentes, si en la realidad o en la propia cabeza de las personas. Para él, la imaginación y la ficción inyectan interés a la realidad, permiten aterrizarla, traducirla, afrontarla y vivirla. Las canciones, libros y películas que hemos visto, influyen en nuestro comportamiento. “No habría realidad si no hubiera una iconografía ficticia que la orientara”, afirma.

Prefiere trabajar en cuentos breves que no superen las 15 páginas, y es que encuentra que las pulsiones narrativas y las curiosidades poéticas pueden desarrollarse al mismo tiempo en este modelo. El poco espacio que tiene para crear un personaje y narrar una minima situación, lo obliga a tomar decisiones lingüísticas muy drásticas que lo acercan al mismo trabajo que realiza con la poesía.

Para escribir una novela, puede estar dos o tres años tomando notas (ahora le falta un año para empezar la siguiente). “Las musas, me imagino, se fijan en otra gente”, lo que conocemos como inspiración, no es más que la reproducción inconsciente de un lugar común. Por ello, una primera idea se parece a otra, a un prejuicio o a un arquetipo.

Pero con los cuentos es diferente el proceso. Se le ocurre algo y deja que germine en su cabeza. No hay punto intermedio entre la idea y la ejecución. Lo normal es que lo escriba en una o dos sesiones y la revisión se da en el proceso de corrección.  

Andrés se considera un esclavo de sus ideas, se ve como una herramienta del texto. “Yo pienso en lo que necesita cada historia. Si se requiere algo chocante, terrible o escatológico, eso habrá que hacer. Pero si me pide delicadeza y ternura, también lo hago”. Es un autor que se caracteriza por los extremos y por manejar un abanico de emociones. Encuentra en la escritura la posibilidad de registrar todos los “cambios de luz” que tienen las personas.

El fin de leer o la finalidad de la lectura

Es común que el cuento que da nombre a las antologías sea el que más le gusta al creador o el más representativode la obra. Sin embargo, en este caso, Andrés se inclinó por la provocación y en elegir un titulo tentador que juega con la ambivalencia. “Es perverso como el lenguaje literario mismo”, explica. El fin de la lectura busca parodiar la tendencia apocalíptica que nos rodea: vivimos perseguidos por el fin de los periódicos, del libro, de la música, del capitalismo como lo conocemos. Padecemos una enfermedad llamada ‘terminalidad’. Además, tiene una segunda interpretación, ‘el fin’ se puede entender como el objetivo de la lectura misma.

Desde hace más de tres años, Neuman escribe Microrréplicas, un blog que resulta una extensión de su trabajo. Lo considera un libro online y, como tal, se lo toma seriamente como cualquier otra cosa que escribe. Ahí reúne notas que le parece son compartibles, pero no tienen otro espacio para ser publicadas. El blog es el contexto de las ideas perdidas.

Ante la pregunta de qué es lo que hace cuando no escribe, Neuman asegura que “se muere de miedo”. Se refiere a un miedo que eriza los sentidos, tensa el lenguaje y aumenta la atención.  Un miedo que es señal de que estamos atentos a la realidad, por esa razón y paradójicamente, lo cultiva con la escritura.

Finalmente, el ganador del Premio Alfaguara de novela en 2009 asegura que el no estar satisfecho con lo que uno ha escrito es la garantía para seguir haciéndolo.