De la amputación a la prótesis

De la practicidad a la estética de consumo y ambas como respuesta contra el cáncer de mama, las mujeres han debido someterse a grandes sacrificios corporales.
Mujeres Guerreras.
Mujeres Guerreras. (Guayo Valenzuela)

Torreón, Coahuila

No necesitaban a los hombres más que para el desfogue y la reproducción y en ese paréntesis de carne eran determinantes. Si de la unión esporádica nacía una niña, ella tendría cobijo y cuidado, siendo educada en las labores del campo, la caza y el arte de la guerra.

De nacer varón, sería asesinado de inmediato, abandonado a su suerte o castrado y utilizado como servidumbre. Para ello el niño en la comunidad debía ser mutilado de un miembro o enceguecido.

Al hacer un pacto entre hermanas rompieron toda posibilidad de comunión con los hombres, que sería la misma historia de las relaciones humanas la que los definiría como verdugos o inquisidores.

Cercanas a ellos más no de ellos, renunciaron a su credo y su clan y al salir de sus casas cerraron la puerta cancelando para siempre su retorno.

Armadas de valor se dejaron seducir por el grito de la guerra y lanzando ladridos se fueron tras ella. Autosuficientes, el mito de las Amazonas las situó como combatientes. De voluntad inquebrantable y con presencia de hierro, eran generadoras de temor y respeto.

Existen 122 mil millonarios y 13 millones que se ubican entre las clases medias empobrecidas, enfermar de cáncer enfrenta a las mujeres ante su posible sacrificio, pues de no contar con acceso a la salud pública, o se pierde la batalla o se sobrevive sin la posibilidad de considerar remedios cosméticos.

Las flechas y las lanzas eran arrojadas sin limitación alguna. Para ello se cortaban o quemaban el pecho derecho con el propósito de ser capaces de usar el arco con mayor libertad y arrojar sus proyectiles sin limitación u obstrucción física.

Ubicadas en el siglo VIII de la Era Común de acuerdo a la mitología griega, las Amazonas conformaron un pueblo gobernado íntegramente por mujeres, antagónicas de los griegos.

I. LA ESTÉTICA DE CONSUMO

“Arreglate, ponte bonita, de lo contrario no conseguirás marido”, fue consejo y consigna de mujer a mujer durante la primera mitad del siglo XX.

Y aunque la revolución sexual se estableció aparejada con el movimiento contracultural, libertario y pacifista de los hippies, nacido en los años sesenta, aún hoy en día es común escuchar las voces publicitarias que más que aconsejar, exigen la perfección femenina.

“Necesitaba aclarar mis axilas”, se escucha de la protagonista en un comercial de desodorantes Garnier.

Lo mismo ocurre con la piel del rostro e incluso de los genitales mediante la aplicación de jabones que se sugieren para el mercado adolescente, catalogado como el de “Las niñas bien”.

Históricamente las mujeres han debido someterse a grandes sacrificios corporales que oscilan entre una actitud práctica, la estética de consumo y la salud.

Pero al abordar a la mujer como objeto disponible en el mercado, su cuerpo como eje concéntrico de placer y lujuria ha sido alterado a grado de crear entre la población femenina desórdenes alimenticios y psicológicos en la búsqueda de una aparente perfección.

La socióloga y periodista Marta Lamas explica que el cuerpo es la primera evidencia incontrovertible de la diferencia humana. Y asegura que después de esa primera distinción se establecen las demás.

En ese sentido la cultura es también el resultado de la forma como interpretamos “la diferencia”, de cómo la simbolizamos, de cómo elaboramos la angustia o el miedo que genera.

Lamas asevera que la diferencia sexual, con toda la carga libidinal que conlleva, es una diferencia fundante, tal vez por eso el sexismo es, apunta, de entre todas las formas violentas de marcar la diferencia, la más arcaica y persistente.

No es casual que mientras a un conductor de un programa deportivo se le exige precisión en sus comentarios y el vestir con formalidad para imprimir respeto a su trabajo, a la contraparte femenina se le pida usar escotes y la utilización de maquillaje excesivo.

De igual forma en los formatos televisivos la mujer es utilizada para darnos “el clima” en tanto se contonea frente a la cámara permitiendo ver sus curvas, muchas veces alteradas a través de la intervención quirúrgica para implantar siliconas.

En esos casos la presión y el temor son latencias, y la alteración del cuerpo es el vehículo por el cual se accede a un mejor puesto de trabajo y al reconocimiento social. II.

ADIÓS A LAS CONEJITAS

Del año 1953 a la fecha el desgaste de la mujer como objeto ha sido palpable y el tabú que entrañaba la desnudez ha perdido su valor en el mercado.

Ejemplo de ello fue el anuncio de que la revista Playboy ya no ofrecerá en sus páginas a “las conejitas” depiladas y en plena disponibilidad visual.

Los argumentos son claros. Hay tanta pornografía en la Internet que el mantener la revista ya no era negocio, cada vez resultaba menos interesante el mostrar un cuerpo hermoso y cosificado debido a que cualquier usuario o usuaria podía hacerlo de manera gratuita en sus redes sociales.

La audacia que debía tener un menor para acercarse al estanquillo y pedir un ejemplar casi de manera clandestina quedó suprimida ante el simple hecho de teclear palabras clave en un buscador y disponer de tiempo suficiente para navegar en la red.

Así se debió girar 180 grados, eliminar en la imagen la inmediatez del desnudo y volver a su sugerencia, aprovechando que entre la sociedad de consumo resulta más atrayente una imagen instantánea que releve mucho, pero no todo.

Los representantes de Playboy indicaron que el lector promedio de la revista era el de 47 años y ahora se pretende alcanzar a los jóvenes como nicho de mercado, permutando el desnudo total a la exhibición de modelos con poses provocativas, parecidas a la de los perfiles más atrevidos publicados en Instagram. Así Playboy estrena diseño en marzo próximo, sin mujeres desnudas.

III. CÁNCER DE MAMA

A escala mundial, el cáncer de mamá se ubica como una de las principales causas de muerte, seguido por los cánceres de pulmón, hígado, estómago y colón, de acuerdo a la Organización Mundial de la Salud.

En México, es la cuarta causa de mortalidad por tumores malignos en tanto que en los hombres representa sólo el 0.1 de las muertes por cáncer.

Sin embargo las autoridades sanitarias informan que el 90 por ciento de los casos se pueden evitar mediante un chequeo anual.

Aunque la revolución sexual se estableció aparejada con el movimiento contracultural, libertario y pacifista de los hippies, nacido en los años sesenta, aún hoy en día es común escuchar las voces publicitarias que más que aconsejar, exigen la perfección femenina.

Como factores de riesgo discutidos, el doctor José Sanfi lippo, catedrático de la Universidad Nacional Autónoma de México refiere que son susceptibles las mujeres que no hayan tenido hijos antes de los 30 años de edad, las fumadoras y consumidoras de alcohol, las mujeres obesas y quienes tienen antecedentes de mastopatía fi broquística con atipia.

La toma de mastografía se debe realizar anual o cada dos años entre las mujeres de 40 a 49 años con dos o más factores de riesgo y en forma anual toda mujer de 50 años o más por indicación médica.

Si una mujer ha padecido la enfermedad y requiere de reconstrucción de un seno, se considera la cirugía para igualar el tamaño y la forma del otro. También en la intervención se puede añadir el pezón y el área más oscura o areola.

A la mayoría de las mujeres a quienes se les ha realizado la mastectomía se les puede realizar una reconstrucción, pero esta puede que no sea necesaria entre quienes sólo se les haya extirpado la parte del seno alrededor del cáncer.

Pero debe ser un cirujano plástico especializado el que realice la valoración y la intervención de reconstrucción.

En México, donde de acuerdo al sexto informe Global de Riqueza, emitido por el banco suizo Credit Suisse, existen 122 mil millonarios y 13 millones que se ubican entre las clases medias empobrecidas, enfermar de cáncer enfrenta a las mujeres ante su posible sacrificio, pues de no contar con acceso a la salud pública, o se pierde la batalla o se sobrevive sin la posibilidad de considerar remedios cosméticos.