La pintura de la vida de Patricia Santiago

La artista lagunera presentará su exposición el 22 de julio en Cuatro Caminos, obra que abarca retratos, la práctica diaria de la pintura, frutas que se van descomponiendo con el tiempo.

Torreón, Coahuila

Que todos somos iguales, lo postulan leyes divinas y humanas. Es al final de cuentas una verdad a medias, aunque el hecho es que de alguna u otra forma, las personas que somos comunes y corrientes podemos ser buenos o malos, por más maniqueista que suene.

Por antonomasia, el retrato se enfoca a reflejar el alma de la persona que nos mira desde un lienzo, una foto, una escultura.

Patricia Santiago es pintora lagunera. Egresada de la UNAM, donde actualmente es docente, también es comunicóloga por la UAdeC.

La profesión de Patricia la ha hecho esquematizar el mundo y transmitirlo desde sí misma a través de la pintura. "Todo pasa por mí. El universo es un holograma de la bidimensión. Creo que la pintura, que es bidimensión tiene muchas respuestas. Veo a la pintura como una oportunidad de generar un universo y proyectarlo".

Bajo la premisa de la igualdad, se le ocurrió comenzar a elaborar un proyecto sobre el ser común, pero aparecer en la nota roja.

"No quería hacer nada de Internet", donde es profusa la nota del terror que también nos sorprende a diario. "Son gente en una circunstancia normal y comencé a hacer experimentos muy intuitivos de color. Yo trabajo con paleta básica, tres colores, pero me dejé llevar por lo intuitivo".

Comenzó a mezclar colores, a hacer ejercicios de pintar, pintar y pintar, que le ha forjado una pictórica muy propia, en la que los trazos precisos y marcados conforman una imagen total, fragmentada pero realista.

Cinco personas que cometieron delitos menores fueron sus primeros retratos en el proyecto de pintar al delincuente de ocasión, o al que lo es por definición.

Pero, esta idea a final de cuentas evolucionó en algo más cercano: en el retrato de lo cotidiano. De las personas que somos y vemos todos los días.

"No tenía tiempo de hacer bastidores o imprimir, comencé a trabajar sobre papel y estos bastidorcitos", de cartón con tela, muy manuales, casi del tamaño de una foto de cuatro por seis pulgadas y también hay que preparar.


Pidió a través de Facebook la foto de voluntarios para retratarlos y ha habido buena respuesta, aunque hasta ahora, no han habido valientes que se animen a posar durante cuatro horas.

Cada rasgo es un cuadrito, un trazo una línea, con tonalidades y colores que parten de los colores primarios del pintor, claros u oscuros.

Experimentar le incomoda a la artista, que es rígida y formal en su obra, pero los experimentos suponen un reto.

"No soy expresiva en la pintura, suelta a nivel de expresionismo, soy más de disciplina y pintar. Con estos ejercicios me he soltado más", no tanto como aquel señor que se ponía a aventar pintura en el suelo, Jackson Pollock, aunque era un artista muy cerebral.

En base a estos retratos, surgió una exposición que se inaugurará el próximo 22 de julio, en las instalaciones de Cuatro Caminos a las 19:00 horas.

Se titula "La práctica diaria de la pintura", en referencia al pintor germano Gerhard Richter.

Tomar discursos como bandera no ha sido algo para la pintora lagunera. Ayotzinapa ha sido bandera de artistas que han denunciado estos hechos lamentables.

"Estaba el DF cuando pasó eso y pensé en hacer algo de los 43 de Ayotzinapa. Pero pensé, no, son más de 100 mil desaparecidos y muchos más muertos acá en el norte y no ha habido tanto revuelo".

La búsqueda de discursos muy complejos ha generado una pérdida de conexiones entre lo más sencillo que se ha extrapolado a inverosímiles niveles de academización, fuera de la expresión más indispensable, en búsqueda del gusto de jueces y claro, de algo para comer.

En su momento, en alguna situación, tocará profundizar en esta crudeza, en La Laguna, en la aniquilación de Allende, en Cuencamé, en la Nuevo México, en la muerte de generaciones de nuestros barrios, de nuestra cercanía. Pero la vida va y avanza.

Registrar la existencia a través de una foto o un video, podría parecer fácil, pero hay una máquina más complicada que es el ser humano, en este caso el pintor, que traduce la vida en sus piezas.

Patricia piensa que todos sus retratos se parecen a ella, por esta parte de sí que plasma con pinceles, la mano, espátula.

"Pero esto es muy pretencioso. A final de cuentas lo que yo quiero en esta exposición es hablar de lo que la pintura es para mí: un oficio, algo muy sencillo, muy básico, para mí es la vida".

Por lo pronto esta exposición abarca los retratos. Pero también en la práctica diaria de la pintura, hay registro de frutas que se van descomponiendo con el tiempo, de la vida que camina, de objetos, de un vaso de refresco, de la hija de Patricia, que ya tiene cuatro años privilegiados plasmados también en arte.